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OPINIÓN: Perú; la defensa sin sistema. Anatomía de una incoherencia persistente

Escribe: Coronel FAP (R) Javier Gamboa

Especialista en Estrategia y Planeamiento

Perú no enfrenta un problema de recursos, enfrenta un problema de conducción estratégica

 

Preámbulo

Más que episodios aislados o decisiones discutibles en momentos específicos, lo que el Perú ha mostrado a lo largo del tiempo es la existencia de una matriz de comportamiento en materia de defensa: un patrón recurrente de incoherencia en la formulación, priorización e implementación de capacidades militares, particularmente en el ámbito aéreo. No se trata de errores puntuales, sino de una lógica sistémica donde la política de defensa carece de continuidad, donde los conceptos operacionales son redefinidos según el contexto político, y donde la tecnología en lugar de responder a un planeamiento estratégico termina subordinada a decisiones de corto plazo.

Este patrón no siempre es evidente a primera vista, porque suele presentarse fragmentado en decisiones que, vistas de manera aislada, pueden parecer justificadas. Sin embargo, al observar la secuencia histórica en su conjunto, emerge una constante: la ausencia de un eje rector que articule doctrina, equipamiento y visión de largo plazo. Lo que sigue no es la crítica de hechos aislados, sino la exposición de esa matriz incoherente.

La ruptura temprana: redefinir sin sistema

Un punto de inflexión se observa en el primer gobierno de Alan García, donde no solo primaron restricciones económicas, sino un exabrupto impositivo en la conducción política que fracturó decisiones previamente estructuradas en el ámbito de la defensa aérea. La lógica de modernización asociada a plataformas como el Dassault Mirage 2000 no logró consolidarse como parte de un sistema integrado.

Esto resulta especialmente relevante si se considera que el Perú había reducido previamente su inventario al transferir unidades Dassault Mirage 5 a Argentina durante la Guerra de las Malvinas, generando una merma que debía ser compensada. Sin embargo, esa compensación nunca se materializó plenamente. La introducción de los Mirage 2000 se dio bajo restricciones que limitaron su integración como sistema, impidiendo reemplazar integralmente las capacidades perdidas.

Esta brecha no fue percibida con claridad en escenarios de baja intensidad ni en contextos de estabilidad relativa, e incluso quedó parcialmente diluida en el pacto de caballeros, que redujo temporalmente la presión sobre la disuasión. Pero esa aparente suficiencia ocultaba una debilidad estructural: la ruptura de continuidad en la construcción del poder aéreo.

Cabe precisar que este análisis no busca reconstruir todo el devenir histórico, sino destacar hitos que evidencian un patrón: decisiones fragmentadas que erosionan la consistencia del sistema de defensa.

La reacción bajo presión: recuperar disuasión sin institucionalidad

Años después, en el contexto del Conflicto del Alto Cenepa, el gobierno de Alberto Fujimori ejecutó adquisiciones urgentes como los MiG-29 y los Sukhoi Su-25. Estas decisiones respondieron a una necesidad real: restituir capacidad disuasiva frente a un adversario fortalecido.

Sin embargo, aun siendo efectivas, no se institucionalizaron como política de Estado. Fueron una reacción correcta, pero sin continuidad sistémica.

Capacidades fragmentadas: avances sin integración

Décadas después, el país incorporó activos estratégicos relevantes, pero nuevamente de manera desarticulada. La adquisición del satélite PerúSAT-1 durante el gobierno de Ollanta Humala representó un salto cualitativo en capacidades de observación y vigilancia. No obstante, su integración dentro de una arquitectura completa de defensa fue limitada.

Esto evidencia un patrón: incluso decisiones correctas no logran consolidarse en un sistema. Se acumulan capacidades, pero no poder estratégico.

La constante: sospecha, improvisación y cortoplacismo

El recorrido muestra una mecánica repetitiva: decisiones atravesadas por desconfianza, revisiones políticas y cambios de rumbo. Cada gobierno redefine sin continuidad.

La defensa deja de ser un sistema articulado y se convierte en una suma de decisiones aisladas.

Del contexto de estabilidad a un entorno de alta incertidumbre

La salida progresiva de plataformas como los Dassault Mirage 5, los Sukhoi Su-22, los English Electric Canberra y otros sistemas como los Cessna A-37 Dragonfly o los Aermacchi MB-339 ocurrió en un entorno de relativa estabilidad internacional.

Hoy, ese contexto ha cambiado. El mundo enfrenta conflictos de alta intensidad, guerras híbridas y amenazas no tradicionales. La postergación ya no es neutra: es vulnerabilidad.

La coyuntura actual: la decisión de no decidir

Hoy, el Perú enfrenta nuevamente una decisión relevante en materia de aeronaves de combate. Y aquí reaparece el patrón, pero en una polaridad distinta.

Si en el pasado se produjo un exabrupto que forzó decisiones y fracturó planificación, hoy el riesgo es el opuesto: la no decisión. Y no decidir postergar, dilatar o evitar también es una forma de decidir, con efectos igualmente estructurales.

Ambos extremos decidir abruptamente o no decidir tienen un denominador común: la ausencia de un sistema que ordene la decisión. Sin ese sistema, la defensa queda atrapada entre impulsos políticos o vacíos estratégicos.

Conclusión – Curso de Acción

Romper este patrón exige una decisión institucional:

  1. Crear un sistema vinculante de seguridad y defensa nacional

  2. Planificar por capacidades, no por plataformas

  3. Asegurar financiamiento plurianual

  4. Blindar acuerdos estratégicos

  5. Aplicar transparencia inteligente

EL PERÚ NO ENFRENTA UN PROBLEMA DE RECURSOS. ENFRENTA UN PROBLEMA DE CONDUCCIÓN ESTRATÉGICA,

Y mientras no se corrija esa matriz, seguiremos oscilando entre el exabrupto y la inacción. ambas, al final, conducen al mismo resultado:

UNA DEFENSA SIN SISTEMA.

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