OPINIÓN/ El activo crítico que nadie ve
Escribe: Julios César Villafuerte

![]()
un país que no protege su capacidad de prever el riesgo termina condenado a administrar sus consecuencias
![]()
Cuando se habla de infraestructura crítica nacional, la mayoría de personas imagina centrales eléctricas, represas, puertos, aeropuertos o redes de telecomunicaciones. Son activos visibles, tangibles y fácilmente reconocibles por su importancia para el funcionamiento del país. Sin embargo, existe otra infraestructura menos evidente, pero igualmente esencial: aquella que permite anticipar amenazas antes de que se conviertan en desastres.
Cada vez que una autoridad recibe una alerta por lluvias intensas, una advertencia de inundación, un pronóstico de sequía o una previsión de heladas, detrás existe una compleja red de estaciones de observación, sistemas de telecomunicaciones, centros de procesamiento de datos, modelos de pronóstico y especialistas que trabajan de manera permanente para transformar datos en decisiones. Es una infraestructura silenciosa. La mayoría de los ciudadanos no la ve, pero millones dependen de ella.

Durante años, el debate nacional sobre la gestión del riesgo se ha concentrado en la respuesta a las emergencias. Se discute cuánto costará reconstruir una carretera, reparar un puente o atender a la población afectada por un desastre. Mucho menos atención recibe la capacidad de anticipar esos eventos y reducir sus impactos antes de que ocurran.
La información hidrometeorológica se ha convertido en un recurso estratégico para el funcionamiento del Estado moderno. La agricultura la utiliza para planificar campañas y gestionar riesgos. El sector energético la necesita para administrar recursos hídricos y operar centrales hidroeléctricas. La aviación depende de ella para garantizar operaciones seguras. Los gobiernos regionales y locales deberían utilízala para prepararse frente a amenazas recurrentes. Los sistemas de alerta requieren esa información para activar protocolos y proteger a la población.
En otras palabras, buena parte de las decisiones críticas que se toman diariamente en el país dependen de información generada mucho antes de que la mayoría de ciudadanos conozca que existe una amenaza.
Por ello, la vigilancia hidrometeorológica ya no puede ser vista únicamente como una actividad científica o técnica. Hoy constituye una capacidad estratégica nacional.
La discusión adquiere mayor relevancia en un contexto de cambio climático y la globalización de las comunicaciones. Los eventos extremos son cada vez más frecuentes, intensos y complejos. Las inundaciones, sequías, heladas y olas de calor generan impactos económicos y sociales crecientes. En este escenario, la necesidad de contar con información oportuna y confiable aumenta de manera proporcional al riesgo.
Paradójicamente, cuanto más vulnerable se vuelve un país frente a amenazas climáticas, más importante resulta la infraestructura encargada de observarlas y anticiparlas.
A nivel internacional esta visión ya se encuentra bastante consolidada. Diversos países han incorporado sus capacidades de observación meteorológica e hidrológica dentro de esquemas de protección de infraestructura esencial, continuidad operativa o resiliencia nacional. La razón es simple: sin información confiable, la capacidad de decisión del Estado se reduce drásticamente.
No se trata únicamente de saber si lloverá mañana. Se trata de conocer si una cuenca podría desbordarse, si una sequía comprometerá la producción agrícola, si una helada afectará a miles de familias o si una infraestructura estratégica enfrentará condiciones de riesgo. Se trata, en esencia, de preservar la capacidad nacional de anticipación.
Y la anticipación tiene un enorme valor económico. Diversos estudios internacionales han demostrado que cada dólar invertido en sistemas de alerta temprana y prevención puede evitar pérdidas múltiples en reconstrucción y respuesta. Prevenir siempre resulta más barato que reconstruir. Sin embargo, las inversiones en observación, monitoreo y vigilancia suelen ser menos visibles políticamente que las obras ejecutadas después de una emergencia.
Tal vez por eso seguimos considerando críticas únicamente las infraestructuras que reaccionan frente a los problemas y no aquellas que ayudan a evitarlos.
El Perú enfrenta el desafío de modernizar su visión sobre la seguridad y la resiliencia nacional. La seguridad del siglo XXI no depende únicamente de proteger fronteras o infraestructura física. También depende de proteger las capacidades que permiten comprender riesgos, anticipar amenazas y tomar decisiones oportunas.
En ese contexto, la discusión sobre reconocer la red nacional de vigilancia hidrometeorológica como un Activo Crítico Nacional va mucho más allá de una categoría administrativa. Lo que realmente se busca es que el Estado reconozca el valor estratégico de una capacidad que permite proteger vidas, reducir pérdidas económicas y fortalecer la toma de decisiones frente a amenazas cada vez más complejas. No se trata de otorgar un título a una infraestructura, sino de reconocer que la capacidad de anticipar riesgos es tan importante para el país como la infraestructura que luego se busca proteger.


