OPINIÓN/ La urgente transformación del del sistema educativo nacional
Escribe; Fernando Ordoñez Velazquez (*)

Mayor General FAP
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Lecciones de Singapur y desafios para el Perú
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Con el triunfo esperado —aún por confirmar— de Keiko Fujimori, deberá iniciarse una profunda reestructuración del sistema educativo nacional. Durante las últimas décadas, funcionarios de izquierda y profesores ideologizados han ejercido una influencia poco positiva sobre la educación peruana. Desde el más alto nivel de formulación de políticas públicas —el Ministerio de Educación (Minedu)— se han incorporado enfoques y contenidos que han impactado negativamente en las aulas, disminuyendo el nivel de exigencia y el rendimiento académico en materias clave, bajo el pretexto de privilegiar el bienestar socioemocional del estudiante en un ambiguo marco de inclusión y diversidad.
Según el Informe Nacional de Resultados PISA 2022, publicado por la Unidad de Medición de la Calidad (UMC) del Minedu el 5 de diciembre de 2023, el país presenta un desempeño crítico en Matemática y Lectura. Los resultados muestran que el rendimiento en matemáticas es el más débil, mientras que en comprensión lectora es insuficiente en comparación con los estándares internacionales.
En Lectura, solo ocho de cada diez estudiantes alcanzan el nivel mínimo internacional, lo que significa que siete de cada diez no logran una comprensión lectora funcional. En Matemática la situación es aún más grave: apenas uno de cada diez estudiantes llega al nivel mínimo esperado por PISA, mientras que nueve de cada diez se mantienen en los niveles más bajos de desempeño.
En general, el país arrastra niveles de aprendizaje deficientes, con una proporción alarmante de estudiantes que no alcanzan las competencias mínimas esperadas. A esto se suman las persistentes brechas de rendimiento asociadas a desigualdades socioeconómicas y territoriales entre las zonas urbanas y rurales.
Por ello, resulta fundamental revisar los contenidos curriculares, los programas de formación docente y los materiales educativos. El propósito debe ser garantizar una educación equilibrada, plural y orientada al fortalecimiento de la identidad nacional, el respeto por las instituciones democráticas y la valoración de la historia del Perú, incluyendo la defensa de la democracia frente a la violencia terrorista que afectó al país durante décadas.
Actualmente, los índices de violencia y criminalidad en los que crecen nuestros jóvenes son asumidos como una constante forma de vida basada en la confrontación social con la autoridad y el conflicto de clases, lo que termina afectando los valores tradicionales que históricamente han contribuido a la cohesión de la sociedad peruana.
Singapur y Perú: dos modelos educativos, dos resultados distintos
Una comparación entre los sistemas educativos de Singapur y Perú permite comprender cómo las políticas públicas sostenidas influyen en la calidad de la enseñanza, la competitividad económica y el progreso nacional.
Desde su independencia en 1965, Singapur convirtió la educación en una prioridad estratégica. Bajo el liderazgo de Lee Kuan Yew, el país entendió que, al carecer de recursos naturales significativos, su principal riqueza debía ser el conocimiento y la capacitación de su población. Como resultado, desarrolló un sistema educativo altamente exigente, orientado a la excelencia académica y estrechamente vinculado a las necesidades de su economía.
Una de las principales fortalezas de Singapur es la calidad de sus docentes. Los profesores son seleccionados minuciosamente y reciben formación especializada en el National Institute of Education. Además, la carrera docente goza de un alto prestigio social y de oportunidades permanentes de capacitación. En el Perú, aunque existen numerosos maestros comprometidos y capaces, la profesión aún enfrenta severas limitaciones relacionadas con el presupuesto, el reconocimiento social y el acceso a una formación continua de nivel.
Mas aun, los estudiantes singapurenses destacan regularmente entre los mejores del mundo en evaluaciones internacionales. Su currículo enfatiza las matemáticas, las ciencias, el pensamiento crítico y la resolución de problemas. La experiencia de Singapur demuestra que el éxito educativo no depende únicamente de la riqueza económica, sino de una visión nacional coherente y sostenida en el tiempo. Frente al modelo peruano actual, Singapur otorga un mayor énfasis a la competitividad, la excelencia educativa y la preparación para los desafíos tecnológicos y económicos del futuro, poniendo el foco en la meritocracia, la construcción del carácter y el compromiso explícito con los intereses nacionales.
Lecciones y desafíos para el país
Para el Perú, las principales lecciones de este modelo son: fortalecer la formación docente, garantizar políticas educativas estables, mejorar la infraestructura escolar y vincular la educación con los objetivos de desarrollo nacional. Solo así se podrá aprovechar plenamente el talento de los ciudadanos y enfrentar con éxito los desafíos del siglo XXI.
Los valores cívicos, patrióticos y ciudadanos —como la honestidad, el respeto a la ley, el amor por la patria y la responsabilidad individual— deben ocupar un lugar central en el sistema educativo, junto con materias que fomenten la investigación científica y tecnológica y los principios que sustentan una sociedad libre y próspera.
En este sentido, las aulas deben convertirse en espacios que eduquen a las nuevas generaciones bajo la premisa de que el emprendimiento, el esfuerzo individual y el trabajo personal son las verdaderas y únicas fuentes de creación de riqueza y movilidad social.
El sistema educativo tiene el deber de desmontar aquellos falsos discursos de corte socialista que promueven la simple redistribución de la riqueza como solución mágica a los problemas económicos; una narrativa que históricamente solo ha generado corrupción, desincentivos, mediocridad y estancamiento. En su lugar, se debe empoderar al estudiante enseñándole que el progreso material y el éxito se construyen mediante el estudio, el mérito, la creatividad empresarial, el respeto a las leyes y a la propiedad privada.
Todo ello debe enseñarse en un marco de reflexión y pensamiento crítico que permita a los estudiantes formarse sus propios criterios y resistir cualquier intento de manipulación política o ideológica. La formación de niños y jóvenes no puede quedar subordinada a intereses de ningún signo político; por el contrario, debe orientarse al desarrollo de ciudadanos libres, responsables y capaces de analizar la información de manera objetiva para participar en la construcción del bien común.
Sin embargo, ninguna reforma educativa será plenamente exitosa si no está acompañada por una transformación ética del Estado. El próximo gobierno tiene la enorme responsabilidad de liderar con el ejemplo, mostrando honestidad, transparencia y compromiso con el interés nacional. Esto implica renovar el aparato estatal, apartar a los funcionarios ideologizados y estructurar una burocracia profesional, íntegra y eficiente. La ética y la integridad personal deben constituir dos de los cimientos sobre los cuales se construya una verdadera renovación educativa para las futuras generaciones de peruanos.
Mayor General FAP en situación de retiro. Piloto de caza, defensor de la patria y veterano de guerra.

