Sánchez ha dejado de ser una inversión rentable para convertirse en un fondo a pérdida. A nadie le interesa apostar a él, menos a los mineros ilegales y otros similares, que ya exprimieron al máximo ese limón.
El sábado 27 de junio de 2026 será recordado sólo por Roberto Sánchez. Y lo será porque fue el fin de su carrera política. Convocó a una marcha nacional para decenas de miles y sólo acudieron cientos. La próxima, si hay, serán decenas. Mejor que no intente una marcha de los cuatro suyos, porque su convocatoria puede ser literal. Adiós Bobby.
Su denuncia de fraude es absurda e irrisoria. Sólo mi amigo Filipo y unos pocos más se creyeron el cuento de la insurrección popular en defensa de la democracia y del voto ciudadano.
En fin, supongo que es lo que les pasa a los dobles en el cine cuando creen que son la estrella de la película. Pueden ser mejores, en algún aspecto, que el protagonista, pero su nombre no estará jamás en el reparto y menos en la marquesina.
Sánchez no cumplió su misión (probablemente imposible) y cada vez va aislándose más. Finalmente se encapsulará. Y alguien, muy rápidamente no lo duden, tragará su cápsula.
Recordemos que ni siquiera logró votos preferenciales suficientes para ser diputado. Los “suyos”, que no son suyos, prefirieron a otra persona para ocupar el escaño al que postulaba… por si acaso.
Ahora Sánchez, que siempre fue desechable, será desechado y la alianza parlamentaria, con Obras y Ahora Nación, que anunció hace pocos días, nunca operará, porque los parlamentarios… ¡no están sujetos a mandato imperativo! (artículo 93° de la Constitución). Así las cosas, Bobby no tiene otra que adaptarse al pronto anonimato.
Su liderazgo se esfumó. Caminará por las calles de San Borja y ya no usará sombrero, hablará con Zunini para una chambita en el Congreso, que probablemente consiga. Pero esa ruta ya la recorrió Lescano, con el resultado por todos conocido.
Un pueblo reconoce la dignidad en la derrota, pero también reconoce la indignidad y Roberto Sánchez ha sido un perdedor indigno. Eso no lo perdona ninguna persona digna.
Sus recursos legales han sido disparatados (y rechazados uno a uno) e incluso pueden resultarle un búmeran. Ha afrentado a mucha gente concreta y no dudo que alguna decida defender su propia honra.
Por último está el tema financiero. Sánchez ha dejado de ser una inversión rentable para convertirse en un fondo a pérdida. A nadie le interesa apostar a él, menos a los mineros ilegales y otros similares, que ya exprimieron al máximo ese limón.
Ahora tendrán que buscar otros interlocutores. Y me temo que en todas las fuerzas políticas con representación formal haya gente dispuesta a negociar y a conceder.
Éste es el gran peligro que enfrenta el país y no cabe duda de que es una de las causas principales de la inseguridad a todo nivel. Derrotar a las economías criminales y a todos sus tentáculos es la prioridad indiscutible, por supuesto en alianza con la población.
No creo que deba incomodarnos si esto implica, en primer lugar, la trazabilidad financiera de sus operaciones, mientras se avanza en la acción policial, fiscal y judicial en los espacios y grupos humanos ya identificados. Este tema es un parteaguas y requiere ofensiva táctica inmediata.
Ojalá que además ya tengamos una estrategia consistente, si no debemos tenerla en los primeros cien días del próximo gobierno. No hay excusa para eludir este deber señora Keiko.