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OPINIÓN/ Mapa de Puno

Por: César Campos R.

Tal el título de la columna que publiqué en el diario EXPRESO el 26 de junio del 2011 (es decir, hace 15 años) a propósito de una carta que la antigua militante de la izquierda peruana y oriunda de Puno, Martha Giraldo, había dirigido a varios de sus amigos. Entre estos últimos estaban los colegas Mirko Lauer, Augusto Álvarez Rodrich y Fernando Rospigliosi, quienes decidieron hacerla pública.

Debido a los resultados electorales 2026 y los comentarios respecto a la necesidad de procurar una conquista del apoyo de los puneños por parte del próximo gobierno de Keiko Fujimori, creo pertinente reproducir algunos párrafos de dicha carta pues abrigo la certeza de que muy poco ha cambiado el panorama de esa localidad y porque hay un endiosamiento ridículo y excesivo de su colectividad.

“En Puno – dice la autora de la carta – se da una compleja, desigual y tensa convivencia entre un pequeño sector empresarial formal y una gran masa de hábiles y avezados productores y comerciantes informales, ilegales, a los que el Estado no ve, no siente, no huele”.

“Gastón Acurio afirmó que ser empresario es un privilegio, un honor y una responsabilidad.; y efectivamente así es. Pero en Puno, reconocerse empresario es un acto de estoicismo porque hay que resistir epítetos como ‘testaferro’, ‘explotador’, ‘miserable’, ‘vende patria’. Los miles de empresarios informales simplemente no son empresarios. Son parte del pueblo ‘sufrido y excluido del sistema’, aunque movilicen millones de dólares en mercadería ilegal, tengan flota de buses, camiones, trailers, maquinaria pesada, usufructúen yacimientos mineros informales, cocales, cafetales, tiendas y mercados, casas de cambio, cientos de tiendas de computadoras y teléfonos, inmensas ferreterías no sólo en Puno, (también) en Arequipa, Tacna, Moquegua, Madre de Dios, Cusco, llegando incluso hasta La Paz, Río, Sao Paulo”.

“Ser quechua o aimara es garantía de contar con una patente étnica para todo lo permitido, legal, pero también y sobre todo para lo ilegal e informal que se pueda hacer. El normal, tradicional y ancestral intercambio fronterizo ha devenido en economía paralela que mueve millones, corrompe y ejerce presión a todo nivel, de la misma forma que los grupos mineros informales y cocaleros”.

“No es casual ni fruto del abandono estatal y/o privado que no haya inversiones productivas en la región (excepción de algunas mineras y hoteles). No se puede invertir en Puno, no se pueden comprar tierras, no se pueden instalar industrias porque fracasan frente a la competencia del contrabando, no hay mano de obra calificada, no hay proveedores primarios de calidad y formales”.

“…no se imaginan cómo los campesinos aimaras se portaron en la ciudad los días del paro: agresivos, racistas, intolerantes, abusivos con todos quienes siquiera se atrevieran a vender panes. Me pregunto: ¿tienen derecho a agredirnos de esa manera? Luchar por sus reivindicaciones, ¿les da derecho atropellar los de otros?”.

15 años después, sigo sosteniendo que la gran mayoría de compatriotas nos preguntamos lo mismo.

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