NO ATRACO 

Por: Elmer Barrio de Mendoza

Nieto es sociólogo y politólogo con un marcado perfil académico y una reputación que aparentemente no admite discusión. No puede, en consecuencia, cometer un error de tamaña magnitud

Era la noche temprana del miércoles 15 de julio de 2026. Keiko Fujimori ya había recibido la credencial como Presidente Electa por parte del Jurado Nacional de Elecciones y ya Roberto Sánchez había resignado su gran marcha por la libertad de Pedro Castillo (la convocatoria no había llegado a las cincuenta personas), cuando Mario Ghibelini inició su entrevista con Jorge Nieto Montesinos, uno de los sobrevivientes (quizá el más importante) de la campaña presidencial.

El asunto medular del diálogo fue la posición de la bancada del Buen Gobierno (que es el nombre de su partido) respecto de la elección de las mesas directivas de la Cámara de Diputados y del Senado. Nieto respondió con claridad que la postura de su agrupación era que ambas mesas directivas estuvieran a cargo de la oposición “para garantizar el equilibrio de poderes”. No ahondaré sobre este asunto porque otrora el mismo Nieto, cuando fue ministro de PPK, había señalado que el hecho de que la bancada fujimorista (oposición entonces) controlara la dirección del Congreso había convertido al Poder Legislativo en un factor de obstrucción al gobierno del que formaba parte. Una dosis de coherencia no le habría venido mal.

Pero lo que me alarmó vino después. Dijo que había conversaciones con Juntos por el Perú, el Movimiento Cívico Obras y Ahora Nación para intentar llegar a un “pacto de punto fijo” para ganar las mesas directivas de ambas cámaras y que luego se podría ver si ese pacto podía extenderse a otros temas. Lo repitió tantas veces que no quedó duda de que él entendía que el “pacto de punto fijo” refería a un acuerdo sobre un solo asunto.

Nieto es sociólogo y politólogo con un marcado perfil académico y una reputación que aparentemente no admite discusión. No puede, en consecuencia, cometer un error de tamaña magnitud, sin poner en tela de juicio su propio prestigio.

Cualquier persona medianamente informada sabe que el Pacto de Punto Fijo se firmó entre las tres principales fuerzas democráticas venezolanas (AD, COPEI y URD) en octubre de 1958 a la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez con el objeto de asegurar la estabilidad de la naciente democracia llanera tras uno de los peores episodios de autocracia y represión en la historia de América Latina. Y se llamó así porque se suscribió en Punto Fijo, ciudad del Estado de Falcón en Venezuela, no porque refiriera a un único asunto. Es equivalente al posterior Pacto de La Moncloa en España que tuvo por propósito principal evitar el renacimiento del franquismo.

No soy un cazador de gazapos pero esta liebre es demasiado grande para ignorarla. Quizá sea el caso del mejor escribano que echa un borrón, pero no puede pasarse por agua tibia. Estamos tan acostumbrados a hacernos los desentendidos cuando nos equivocamos que una autocrítica de Nieto sería saludable. Un buen ejemplo de talante democrático que le caería muy bien al Perú.