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OPINIÓN/ Accidente aéreo en Nasca: La seguridad operacional exige reformas de fondo no solo investigar cada tragedia

Escribe: Alexandre Ridoutt Agnoli

La mejor forma de honrar la memoria de las víctimas no es con discursos ni homenajes, sino con decisiones firmes que transformen las lecciones aprendidas en reformas concretas y permanentes

El trágico accidente ocurrido el 1 de agosto de 2026, en el que una aeronave Cessna Grand Caravan se estrelló dejando 13 fallecidos (11 turistas extranjeros y 2 tripulantes), enluta al país y vuelve a poner en evidencia una realidad que no puede seguir ignorándose: la seguridad de los vuelos turísticos sobre las Líneas de Nasca requiere una reforma integral.

Lo primero es expresar nuestras condolencias a las familias de las víctimas y esperar que la investigación técnica determine, con absoluta independencia, las causas y los factores contribuyentes del accidente. Pero la historia demuestra que investigar cada tragedia no basta si las recomendaciones terminan archivadas o no se traducen en medidas concretas.

En las últimas décadas se han registrado numerosos accidentes e incidentes en la aviación turística de Nasca, entre ellos los ocurridos en 1997, 2008, 2010, 2022 y ahora en 2026. Aunque cada evento tiene causas particulares, la reiteración obliga a analizar el sistema en su conjunto y no únicamente el último accidente.

Los informes técnicos han señalado recurrentemente factores como fallas mecánicas, exigentes maniobras de observación de los geoglifos, condiciones meteorológicas propias de la zona cuestionamientos sobre la fiscalización y la antigüedad de parte de la flota. Todo ello exige fortalecer la supervisión del Estado y elevar los estándares de seguridad operacional.

Sin embargo, también es necesario responder una pregunta fundamental: ¿por qué la flota no se renueva al ritmo que la seguridad exige?

No necesariamente estamos frente a un problema de tarifas bajas. Los vuelos turísticos sobre las Líneas de Nasca tienen tarifas importantes para este tipo de operación. Por ello, antes de plantear subsidios o beneficios tributarios permanentes, el Estado debería realizar una fiscalización integral de la información contable y financiera de las empresas, contrastando el número de pasajeros transportados, los ingresos obtenidos, los costos de operación y el nivel de inversión destinado al entrenamiento, mantenimiento y a la renovación de aeronaves.

Solo con esa información será posible determinar si los ingresos de la actividad permiten financiar una modernización progresiva de la flota o si existen factores estructurales que la impiden.

Si la actividad demuestra ser rentable, las autoridades deberían exigir planes obligatorios de renovación de flota, programas de mantenimiento conforme a los estándares del fabricante, modernización de equipos, capacitación permanente de pilotos y técnicos, así como el cumplimiento de indicadores verificables de seguridad operacional.

Si, por el contrario, la evaluación técnica y financiera demuestra que existen limitaciones reales para realizar esas inversiones, el Estado podría implementar un programa temporal de incentivos tributarios y financieros para facilitar la adquisición de aeronaves, motores, aviónica y equipos de mantenimiento. Estos beneficios deberían estar estrictamente condicionados al cumplimiento de metas de seguridad, auditorías periódicas y cronogramas de renovación, reduciéndose progresivamente conforme el sector alcance su sostenibilidad económica.

El objetivo no es subsidiar indefinidamente a las empresas, sino crear las condiciones para que operen con aeronaves más modernas, mejores programas de mantenimiento y mayores estándares de seguridad.

La seguridad operacional no puede seguir siendo una variable de ajuste ni un costo que se minimiza para mejorar la rentabilidad. Debe convertirse en la principal inversión de toda empresa aeronáutica y en una política de Estado permanente.

Las Líneas de Nasca constituyen uno de los principales atractivos turísticos del Perú y miles de visitantes depositan cada año su confianza en la seguridad de estas operaciones. Esa confianza solo podrá preservarse mediante una regulación sólida, una supervisión rigurosa, transparencia en la gestión empresarial, mantenimiento de alto nivel, capacitación permanente y una renovación progresiva de la flota.

No esperemos que una nueva tragedia vuelva a recordarnos lo que hoy ya sabemos. La mejor forma de honrar la memoria de las víctimas no es con discursos ni homenajes, sino con decisiones firmes que transformen las lecciones aprendidas en reformas concretas y permanentes. Porque en aviación, la seguridad operacional no es un gasto: es la inversión más valiosa para proteger vidas, fortalecer el turismo y preservar el prestigio internacional del Perú.

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