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OPINIÓN/ La Alianza del Pacífico recupera su motor: la agenda pendiente entre Perú y México

Escribe: Carlos Jaico

la nueva administración peruana tiene una ventana breve pero valiosa para posicionar a la Alianza del Pacífico como su principal activo de política exterior económica, mostrando que la reconciliación con México no es un fin en sí mismo, sino el punto de partida para consolidar un bloque

El restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Perú y México, anunciado el 7 de agosto de 2026 tras nueve meses de ruptura, no es solo un episodio de normalización bilateral: es la pieza que le faltaba a la Alianza del Pacífico (AP) para volver a funcionar como bloque articulado. Con Chile, Colombia, México y Perú como miembros plenos, la AP representa cerca del 40% del PBI de América Latina y constituye el mecanismo de integración más abierto y orientado al comercio exterior de la región, en contraste con el proteccionismo estructural de otros esquemas subregionales.

La coyuntura internacional hace que esta recomposición sea más relevante que un simple gesto protocolar. En un escenario de reconfiguración de cadenas de suministro globales —impulsada por la rivalidad comercial y tecnológica entre Estados Unidos y China, y por la búsqueda de nearshoring hacia América Latina—, la Alianza del Pacífico funciona como plataforma de proyección conjunta hacia Asia-Pacífico, con vínculos institucionales hacia el Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP) y una red de países observadores que supera los 60 Estados. Que sus dos economías más grandes, México y Perú, hayan estado desconectadas diplomáticamente durante casi un año representó un costo de oportunidad geopolítico, no solo comercial.

La agenda bilateral que debería priorizarse ahora incluye, en primer lugar, la revisión del requisito de visa que México mantiene para ciudadanos peruanos, una barrera que contradice el espíritu de movilidad de la Alianza y que probablemente sea el primer punto de fricción práctica a resolver. En segundo lugar, urge reactivar la Comisión de Libre Comercio y los protocolos fitosanitarios que permiten el acceso pleno de productos peruanos —arándanos, palta, espárragos— al mercado mexicano, y de manufacturas y autopartes mexicanas al peruano. En tercer lugar, conviene relanzar el Mercado Integrado Latinoamericano (MILA), que conecta las bolsas de valores de ambos países junto con Chile y Colombia, y que se vio afectado por la parálisis institucional del último año.

Finalmente, la nueva administración peruana tiene una ventana breve pero valiosa para posicionar a la Alianza del Pacífico como su principal activo de política exterior económica, mostrando que la reconciliación con México no es un fin en sí mismo, sino el punto de partida para consolidar un bloque que, si actúa con cohesión, puede convertirse en el interlocutor más creíble de América Latina frente a Washington, Pekín y Bruselas por igual.

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