No, para nada. Ciertamente no aludo a la grata oferta gastronómica de carnes que —en el caso de los bifes— abren nuestro apetito con ambas opciones. Voy directo a las características que tendrá el primer gabinete ministerial de la señora presidenta Keiko Fujimori, el cual ya es objeto de una profunda discusión entre quienes creen que debe ser de “ancha base” y los partidarios de restringirlo al entorno político de la lideresa de Fuerza Popular. Por antinomia, debemos llamarlo de “base angosta”.
Y los que discuten más abiertamente el tema son los cercanos a Fujimori. El próximo vicepresidente, y voceado para dirigir el primer Consejo de Ministros, Luis Galarreta, dijo el pasado 29 de junio que el futuro gobierno conformará un gabinete de “ancha base”. Precisó que convocarán a profesionales y técnicos de diversas corrientes políticas, buscando experiencia y capacidad de gestión antes que solo afiliación partidaria.
Sin embargo, Román Cendoya, asesor político y amigo de Keiko, ha subrayado en recientes entrevistas no solo el derecho que le asiste a ella de diseñar el Ejecutivo con personas de su propia tienda, sino que ambas cámaras del Congreso deberían estar presididas por anaranjados confesos. Cendoya hace prevalecer el criterio de que quien gana —aunque sea por 49 mil votos— posee la investidura legítima de llamar a ciudadanos de su absoluta confianza.
En la historia del Perú republicano hay experiencias diversas sobre el particular. Tras el periodo de encono entre los caudillos militares del siglo XIX y el flagelo moral que padecimos en la Guerra del Pacífico, le cupo al controvertido líder del Partido Demócrata y expresidente, Nicolás de Piérola, hacer las paces con sus rivales del Partido Civil para detener los arrestos autoritarios de Andrés A. Cáceres. Ese entendimiento, según nuestro insigne historiador Jorge Basadre, propició un periodo de estabilidad política y económica saludable para la nación.
Las convulsiones y odios que trajo al país la irrupción del Partido Aprista, con su líder Víctor Raúl Haya de la Torre, crearon zonas grises en las cuales, no obstante, dicho partido tuvo protagonismo en la selección de gabinetes de José Luis Bustamante y Rivero, del segundo gobierno de Manuel Prado Ugarteche y de la primera administración de Fernando Belaúnde, a través del “gabinete conversado” presidido por el médico Oswaldo Hercelles.
Lo cierto es que desde entonces hay una tradición de gobiernos con ministros que no necesariamente integran el partido oficialista. Da la impresión de que Galarreta apuesta por la imagen de apertura —obviamente, hacia ciudadanos de igual óptica sobre cómo sacar adelante al Perú—, mientras Cendoya teme que tal apertura signifique concesiones innecesarias o ceda rendijas por donde peligrosamente se infiltren los eternos depredadores del erario público: los oenegeros.
Como sea, el debate queda abierto por muy poco tiempo. Esto debe quedar zanjado en menos de una semana. Recordando al poeta César Vallejo: hay, hermanos, muchísimo que hacer como para desperdiciar los días en enredos bizantinos.