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OPINIÓN/ Las Palmas y el futuro del Perú: Más allá del negocio inmobiliario

Escribe: Javier Gamboa Burgos

 

el desarrollo sostenible no consiste en seguir expandiendo una sola ciudad, sino en construir múltiples polos de prosperidad distribuidos en el territorio.

Cada cierto tiempo reaparece la propuesta de transformar la Base Aérea Las Palmas en un gran proyecto inmobiliario destinado a convertirse en una nueva centralidad urbana para Lima. Sin embargo, detrás de esta propuesta existe una pregunta mucho más importante:

¿Necesita Lima seguir creciendo o necesita Perú dejar de depender de Lima?

Durante décadas el Perú ha concentrado en Lima la mayor parte de su población, inversión, infraestructura, servicios, universidades, hospitales e instituciones públicas. Como consecuencia, la capital ha superado ampliamente los diez millones de habitantes y enfrenta problemas estructurales cada vez más complejos: congestión vial permanente, contaminación, inseguridad, presión sobre los servicios públicos, expansión informal, déficit de áreas verdes y largos tiempos de desplazamiento.

La experiencia internacional demuestra que las naciones más exitosas no dependen de una sola megaciudad. Brasil distribuye su desarrollo entre São Paulo, Río de Janeiro, Brasilia, Curitiba y otros polos regionales. Argentina intenta corregir décadas de concentración en Buenos Aires fortaleciendo ciudades como Córdoba y Rosario. Colombia ha consolidado un sistema urbano más equilibrado entre Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla. Alemania constituye quizá el mejor ejemplo de una red de ciudades fuertes donde Berlín, Hamburgo, Múnich, Frankfurt y Stuttgart comparten funciones económicas, industriales y tecnológicas.

La lección es clara: el desarrollo sostenible no consiste en seguir expandiendo una sola ciudad, sino en construir múltiples polos de prosperidad distribuidos en el territorio. Desde esta perspectiva, urbanizar Las Palmas significaría profundizar precisamente el problema que el Perú necesita resolver: el centralismo.

Las Palmas no es un terreno vacío ni una instalación abandonada.

Pero existe una segunda dimensión aún más importante. Las Palmas no es un terreno vacío ni una instalación abandonada. Es una infraestructura estratégica activa que alberga capacidades logísticas, técnicas, educativas y operativas de la Fuerza Aérea del Perú acumuladas durante décadas. Además, constituye uno de los pocos aeródromos operativos ubicados dentro del área metropolitana de Lima.

Esta condición adquiere una importancia extraordinaria cuando se considera la realidad geológica del país. El Perú se encuentra dentro del cinturón de fuego del Pacífico y diversos estudios han advertido sobre la acumulación de energía sísmica frente a la costa central. No existe certeza sobre cuándo ocurrirá un gran terremoto, pero existe amplio consenso respecto a que ocurrirá.

Ante un evento sísmico de gran magnitud, Lima podría enfrentar daños severos en infraestructura crítica, interrupciones viales, afectación de servicios esenciales e incluso problemas operativos en el Aeropuerto Internacional Jorge Chávez. En ese escenario, Las Palmas dejaría de ser un terreno codiciado por desarrolladores inmobiliarios para convertirse en una pieza fundamental de la capacidad de respuesta nacional.

Mientras tanto, existen alternativas mucho más coherentes para mejorar la calidad urbana y territorial del país. La Molina mantiene importantes limitaciones de conectividad que podrían resolverse mediante proyectos de infraestructura largamente postergados.

Asimismo, las verdaderas oportunidades de investigación agrícola, biodiversidad y agroexportación se encuentran en las regiones del interior, donde la Universidad Agraria podría fortalecer progresivamente centros especializados vinculados a los principales corredores productivos del país.

Las extensas áreas verdes de La Molina podrían consolidarse como uno de los mayores pulmones metropolitanos de Lima, integrando parques, jardines botánicos, centros de convenciones, investigación ambiental, cultura y recreación. Una ciudad de más de diez millones de habitantes necesita más espacios abiertos y menos presión urbanística.

Conclusión

La discusión sobre Las Palmas trasciende el valor comercial de un terreno privilegiado. Se trata de decidir qué modelo de desarrollo desea construir el Perú para las próximas décadas. Los países que han logrado un crecimiento equilibrado apostaron por la descentralización, la creación de nuevas centralidades regionales y la reducción de la dependencia de una sola metrópoli.

En ese contexto, Las Palmas debe ser entendida como un activo estratégico nacional. Su valor no radica únicamente en la infraestructura que alberga hoy, sino en la resiliencia que aporta frente a un eventual gran terremoto o desastre que afecte Lima. Preservarla significa mantener una capacidad crítica de respuesta para el Estado y la sociedad.

La verdadera ciudad del futuro no consiste en seguir concentrando población, inversión y riesgos en una capital ya saturada. Consiste en impulsar nuevas ciudades y polos de desarrollo fuera de Lima, fortalecer las regiones, aprovechar las ventajas productivas del interior del país y construir una red nacional más equilibrada, segura y competitiva. La descentralización, la resiliencia frente al riesgo sísmico y la preservación de activos estratégicos como Las Palmas no son objetivos contrapuestos: forman parte de una misma visión de país.

Un comentario en «OPINIÓN/ Las Palmas y el futuro del Perú: Más allá del negocio inmobiliario»

  • Muy interesante reflexión, Javier. Coincido en que Las Palmas no debe verse solo como un terreno de alto valor inmobiliario. Pero agregaría algo: cambiar el modelo de desarrollo del Perú tomará años, quizá décadas. Mientras tanto, Lima seguirá concentrando población, infraestructura crítica, hospitales, centros de decisión, logística y riesgo, lo cual elevaría las probabilidades de presión sobre el terreno de la Base.

    Por eso, el Alto Mando no debería actuar reactivamente. Debería anticiparse y promover que Las Palmas sea catalogada formalmente como activo crítico estratégico del Estado, no solo por defensa, sino por continuidad operacional, apoyo a defensa civil, evacuación aeromédica, operaciones de helicópteros, recepción de ayuda humanitaria y comando y control ante una crisis mayor.

    También debería desarrollarse una capacidad real de respuesta desde la base: HLS preparados, zonas de carga y evacuación, combustible de contingencia, comunicaciones redundantes y ensayos periódicos. Incluso debería estudiarse la lógica del concepto sueco BAS 90 —dispersión aérea desde bases, pistas cortas y tramos preparados de carretera—, muy asociado al empleo del caza Gripen.

    En nuestro caso, podría evaluarse el empleo de aeronaves tipo Spartan, C-130 o equivalentes desde tramos de la Panamericana sur previamente seleccionados, prepararlos y operar desde allí. Además, esto no sería del todo ajeno a nuestra propia experiencia: en algún momento se utilizaron playas como Chorrillos para operar aviones Buffalo, y Ancón también tuvo antecedentes vinculados al empleo de hidroaviones.

    Visto desde un punto de vista de gestión de riesgos estratégicos, perder Las Palmas no sería perder solo una pista y ganar un terreno para futuros centros comerciales. Sería perder, dentro de Lima Metropolitana, una capacidad alternativa para al menos seis funciones críticas: evacuación aeromédica, ingreso de ayuda humanitaria, operación de helicópteros, enlace aéreo con otras regiones, comando y control, y continuidad operacional del Estado si el Jorge Chávez queda degradado, saturado o temporalmente fuera de servicio.

    La idea no es improvisar después del desastre, sino convertir esa capacidad en doctrina, planificación y práctica real.

    La pregunta, entonces, no es cuánto vale Las Palmas como terreno comercial. La verdadera pregunta es qué nivel de riesgo está dispuesto a aceptar el Estado —y también la población limeña— al perder una capacidad aérea estratégica dentro de una ciudad que seguirá concentrando población, infraestructura crítica y vulnerabilidad por muchos años más.

    La medida de mitigación no pasa solo por “defender” el terreno, sino por blindarlo legalmente, desarrollar capacidades reales de respuesta y exhibirlas periódicamente ante la población, para que se entienda que Las Palmas no es un privilegio militar ni un «tesoro» inmobiliario: es una capacidad crítica de supervivencia y resiliencia para Lima y para el país. Es la Fuerza Aérea de todos los peruanos, no?

    Saludos de un Aviador

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