El reto será demostrar que puede transformar esa energía y rigor del periodismo deportivo en políticas culturales efectivas. En la política, como en el fútbol, “por sus obras los conoceréis”.
Conocí a Alberto Beingolea en Global TV, cuando dirigía los espacios deportivos y yo me desempeñaba como gerente de Relaciones Públicas del canal. En los pasillos y reuniones se notaba su disciplina y la obsesión por la calidad: sus programas eran auténticas clases de periodismo deportivo, comparables -sin exagerar- a las de Emilio Laferranderie, “Veco”, otro referente del conocimiento futbolístico. Beingolea era un profesional completo, con valores claros y una defensa firme de la familia y del socialcristianismo.
Hoy, su nombramiento como ministro de Cultura ha generado críticas apresuradas: “no es su rama”, repiten algunos. Pero detrás de esas objeciones hay mucho de envidia y de ideología. La gestión pública no exige ser especialista en cada área, sino tener capacidad de dirección, visión y voluntad de rodearse de técnicos competentes.
Como recordaba Luis Bedoya Reyes, “los técnicos se alquilan”; lo esencial es el liderazgo político. Beingolea ha demostrado ímpetu para hacer las cosas bien y ganas de trabajar, cualidades que pueden trasladarse a la gestión cultural.
El reto será demostrar que puede transformar esa energía y rigor del periodismo deportivo en políticas culturales efectivas. En la política, como en el fútbol, “por sus obras los conoceréis”. El gabinete tiene figuras discutidas, pero también potencial. Si no funcionan, habrá recambio: lo importante es que el país no se detenga. La cancha está lista; ahora el diez entra a jugar.