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OPINIÓN/ ¿Cómo se destruye la democracia?

NO ATRACO

Por: Elmer Barrio de Mendoza

 

A raíz de mi último artículo, una querida prima me hizo el siguiente comentario: – “Es tan difícil construir la democracia… ¡y qué fácil es destruirla!”

Sin duda, tenía (y tiene) razón. Entonces decidí escribir al respecto.

La democracia es un valor, había dicho yo, pero efectivamente también es un logro, una conquista, que si engrapa con la identidad de la sociedad, adquiere solidez y perspectiva. Pero es claro que la democracia contiene fragilidad es, sobre todo cuando no se asienta en una nación. Así las cosas, cualquiera de estas fisuras puede permitir su destrucción. Veamos:

1. Corrupción. Muchas democracias han perecido ante las economías criminales. O han tenido que transar con ellas en esquemas invisibles o tolerados. Los procesos de acumulación originaria de capital no siempre son a balazos, algunos usan traje y corbata. Los negocios financieros y el lavado de activos pueden estar entrelazados y, de hecho, cada paraíso fiscal es una prueba. Suiza es un caso históricamente
inocultable. En Estados Unidos, el fin de las aventuras del Lejano Oeste norteamericano está plagado de esta asociación, igual que el de las mafias del siglo XX. En Latinoamérica, en el Perú en particular, aún estamos en la etapa de los balazos. Y está claro que la delincuencia aspira a controlar el Estado en todos sus niveles y mediante su presencia activa en izquierda, derecha y centro. De modo que, si no hacemos resistencia social, perderemos. Aunque lo más probable es que ya estemos perdiendo.

2. Los movimientos desestabilizadores. La subversión necesita un discurso. ¿Existe un discurso orientado a hacer explotar la democracia en el Perú? Por supuesto. Y no sólo uno. Desde “que se vayan todos” hasta “cierren el Congreso”. Desde “hubo fraude” hasta “no me representa”. Los discursos corrosivos son abundantes y a veces vienen acompañados de movilizaciones más o menos grandes. Lo simplón se impone con facilidad sobre la elaboración, igual que el anatema sobre el argumento. Tres palabras pueden valer más que un libro y un libro puede ser nada frente a un banner. A estas alturas también un libro puede verdaderamente carecer de valor. Publicar se ha vuelto un asunto de cantidad con clara renuncia a la calidad.

3. La superioridad a priori. En nombre de la llamada meritocracia, se ha construido una suerte de discriminación académica que no necesariamente viene acompañada de desempeños y resultados exitosos sino sólo de cartones y papeles. Igual hay quienes presumen de mayor calidad moral, sean del Opus Dei o de la Universidad de Berkeley, sin efecto-demostración alguno. La democracia no puede reposar en presunciones sino en certezas mínimas de competencia. Y la superioridad de unos frente a otros no puede asumirse, tiene que demostrarse.

Son sólo tres casos de rajaduras pero involucran muchísimos riesgos. En mi opinión, el último de los tres es el que entraña mayor peligro porque goza de aparente indiscutibilidad.

Y lo indiscutible o no existe o es el germen de la dictadura.

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