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OPINIÓN/ Defendamos nuestra amazonia

Escribe: Américo Gonzales Dongo

No es solo un problema ambiental. Es un problema de soberanía.

Estamos frente a un gravísimo problema que nadie quiere afrontar, porque quien abandona su territorio, lo pierde y eso es lo que está pasando en la Amazonía del Perú, que sigue sufriendo en silencio el abandono del Estado. Eso está ocurriendo hoy, ante nuestros ojos, la ausencia prolongada del Estado no es un vacío, es invitación muy valorada para quienes nunca debieron poner un pie en ella.

La minería ilegal de oro avanza sin freno, vertiendo toneladas de mercurio en nuestros ríos, envenenando el pescado que es alimento de miles de hombres, niños, mujeres, ancianos, dañando para siempre generaciones enteras.

Los bosques caen, los ríos mueren, y la mano del Estado no llega con la rapidez ni la fuerza necesaria. La razón es clara, carecemos de infraestructura aeroportuaria suficiente y de aviones de transporte estratégico de verdadera capacidad. 

Los equipos actuales NO pueden trasladar con prontitud y en cantidad las tropas, el equipo pesado, los insumos y los profesionales que deben estar allí, para generar proyectos de inversión de acuerdo a una proyección geopolítica del Estado. 

El A-400M, capaz de transportar hasta 37 toneladas, o el C-390, con 26 toneladas de carga útil, podrían cambiar la faz de esta lucha. 

Sin ellos, la respuesta llega tarde, llega poco, y llega cuando el daño ya está hecho.

Mientras nosotros no llegamos, otros sí lo hacen. Organizaciones criminales transnacionales como el Comando Vermelho y el Primeiro Comando da Capital (PCC), ya están en nuestro territorio, han extendido sus redes desde Brasil, controlando rutas, infiltrando zonas de minería ilegal y consolidando poder en la triple frontera, Ucayali y en Madre de Dios. 

Están sustituyendo la autoridad del Estado con su propia ley.

Los científicos han trazado la línea roja, si la deforestación alcanza el umbral del 20% al 25%, la Amazonía entrará en un colapso irreversible, dejando de ser selva y convirtiéndose en sabana . Al ritmo actual, ese punto de no retorno podría alcanzarse en 15 a 25 años. Y lo más grave: antes de que el ecosistema caiga por completo, el territorio habrá sido capturado y controlado por estas organizaciones criminales, probablemente en menos de una década, consolidando un dominio del que será casi imposible desalojarlas.

No es solo un problema ambiental. Es un problema de soberanía.

Si no modernizamos nuestra flota de transporte estratégico, si no construimos las Bases Aéreas de desarrollo nacional y pistas que permitan presencia permanente, si no llevamos al Estado a cada rincón de la selva, no solo perderemos riqueza natural, sino que perderemos territorio. Y una vez perdido, recuperarlo costará sangre, años y recursos que ya no tendremos.

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