¿Qué sucede tras bambalinas? ¿Qué hace que Juntos por el Perú y su furgón de cola, Ahora Nación, carguen contra Arriola igual de furibundos que Renovación Popular (con la excepción de Baella)?
Varias fuerzas políticas del Congreso, y algunos opinantes, demandan la inmediata salida de Óscar Arriola de la Comandancia General de la PNP.
No dudo de la inteligencia y la buena fe de la mayoría de quienes así lo exigen desde los medios, sí dudo de las de una minoría de ellos y, sobre todo, de las de las bancadas congresales que promueven esta demanda como un asunto de vida o muerte.
No creo que alguien piense que cambiando a Arriola se resolverá la inseguridad ciudadana y menos en un santiamén. El diputado Baella ha disentido de su bancada y nos ha recordado que no se cambia de caballo a mitad de la carrera. Por tanto, lo primero es tomar las cosas con serenidad.
Cierto es que Arriola gusta de las cámaras más allá de lo conveniente y que ha ofrecido logros que no ha podido conseguir. El pez, dicen, por la boca muere. Pero ¿le toca morir? Formalmente, no. Tiene un año de mandato todavía. Y, que yo sepa, no se le ha acusado, de nada muy grave hasta ahora.
Pero, como en todo, si se logra construir un relato verosímil, se puede llegar a obtener un resultado determinado. Aunque los argumentos sean falsos o, por lo menos, hiperbólicos.
Un pequeño recuerdo: el atentado de la Calle Tarata fue el 16 de julio de 1992, cien días después del golpe del 5 de abril del mismo año y menos de sesenta días antes de la captura de la cúpula de Sendero Luminoso por el GEIN, el 12 de setiembre. Es decir, podría ser incluso que las cosas estén mejorando y que estemos asistiendo al inicio de victorias decisivas, mientras la apariencia diga que estamos en el peor de los momentos. No apuesto a eso pero tampoco lo puedo descartar.
Por supuesto, en nada ayuda a Arriola lo sucedido en Trujillo con el asesinato de cuatro personas y el secuestro de otra. Tampoco la prisa en presentar a los presuntos sicarios, que la antropometría pone rápidamente en cuestión. Pero aquí, posiblemente, habrá víctimas adicionales más importantes: el ministro de Defensa y/o el ministro del Interior.
La compensación viene de Bolivia con la captura, por parte de la policía del vecino país, del cabecilla de “Los Pulpos”, Jhonsson Cruz, banda a la que pertenecerían los supuestos asesinos.
Nada de eso me hace olvidar la pregunta que motiva este artículo: ¿Qué sucede tras bambalinas? ¿Qué hace que Juntos por el Perú y su furgón de cola, Ahora Nación, carguen contra Arriola igual de furibundos que Renovación Popular (con la excepción de Baella)?
Es, por decir lo menos, extraño y deberíamos tomar nota. Repito, la serenidad es clave. Si se necesita, como podría necesitarse, cambiar a Arriola, habría que tener listo el reemplazo y haber medido los impactos institucionales para que sean mínimos. A nadie se le ocurrirá, espero, hacer el mismo desastre que hizo Sagasti cuando decapitó, de un plumazo, a dieciocho generales de la policía para colocar en el mando a César Cervantes, que terminó siendo intrascendente y fugaz ministro de Dina Boluarte.
Mi sospecha principal viene por el lado de la corrupción transversal. Juntos por el Perú está ligado a la minería ilegal por todos lados. Ahora Nación supongo que también o no sería su compañero de ruta. Me parece recordar que alguien señaló, en la campaña presidencial, que también Renovación Popular tendría vínculos con ella y que eso motivó una apuesta cuantiosa que algún candidato importante no quiso honrar.
Por supuesto no son los únicos, en Fuerza Popular también hay lo suyo y la policía está igualmente atravesada por las economías criminales. Entonces quizá estemos ante una guerra de bandos (o de bandas) donde pocos saben para quién trabajan en realidad.
Es aquí donde el liderazgo se vuelve imprescindible. Señora presidente, tiene el resto del año para demostrar que da la talla. No creo que más. Hasta ahora ha demostrado serenidad y prudencia. Le falta demostrar eficacia y competencia.