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OPINIÓN/ ENGAÑABOBOS

NO ATRACO

Escribe: Elmer Barrio de Mendoza

 

Procuremos coincidir en unos pocos puntos que nos devuelvan la unidad y avancemos en construir nuestra nación alrededor de nuestro reencuentro.

La llamada “batalla cultural” se ha convertido en el más grande mecanismo de distracción del desarrollo mundial. Caviares y libertarios (nombre usurpado al anarquismo) se enfrentan en nombre de dicotomías absurdas a las que atribuyen pretensión ideológica y hasta indiscutibilidad científica.

Así las cosas, se pierde la capacidad de discutir y se incrementa la de descalificar. Ser de izquierda o de derecha ya no es tener un punto de vista referencial, es una especie de obligación excluyente. No hay modo de reconocer parte de la razón del adversario porque el adversario no puede tener razón.

La cosa llega a tanto que invade temas que, por su naturaleza, no deberían ser invadidos por legos. Un ejemplo, el origen antrópico del cambio climático. El debate científico al respecto ha desaparecido en la práctica porque el Panel Científico Intergubernamental (IPCC) promovido por la ONU se ha convertido en una especie de referencia infalible y la ciencia no admite infalibilidad. ¡Cuánto del progreso científico habría sido imposible sin aquellos que se enfrentaron a la mayoría de la opinión científica precedente! Que hay intereses de por medio en defender una u otra posición es historia de siempre, no es novedad alguna.

Zurdos vs. fachos, barras bravas, neuronas ausentes. ¿Es que ya no es posible dudar? ¿Es que ya no tiene sentido pensar? Laje y Kaiser vs. Levitsky y Vergara. Semidioses de monta escasa dominan el debate “intelectual”.

El problema radica en que la medianía del razonamiento, que se expresa justamente en la dicotomía, nos remonta a la Inquisición o al Gulag. Gente como Milei se cree enviado divino al tiempo que rey de los malos modales o gente como Maduro se cree representante de una mayoría que sólo existió en el fraude. Esa es la “batalla cultural” llevada al éxtasis lumpenesco.

Algunos peruanos, de repente muchos más, nos sentimos fuera de esta contienda y sólo queremos desempeños y resultados exitosos para reconciliarnos con la política. Hay cosas que ya aprendimos y que debemos respetar, los equilibrios macroeconómicos verbi gratia. En materia monetaria y cambiaría el Perú es un ejemplo mundial. Cada vez hay mayor consenso nacional al respecto y cada vez nos sentimos más orgullosos de eso. Aplausos para Julio Velarde. Una nación se construye de legítimo orgullo.

No recuerdo una época más linda que los setenta y principios de los ochenta. Perú en tres mundiales de fútbol casi consecutivos. Perú indiscutible campeón sudamericano de vóleibol femenino, subcampeón mundial y subcampeón olímpico. Incluso, campeón sudamericano de básquet femenino, venciendo al todopoderoso Brasil. Recuerdo cómo nos abrazábamos aun quienes no nos conocíamos. Cantábamos y bailábamos nuestra música criolla.

Recuerdo a Perico León y a Julio Baylón danzando marinera con Edith Barr y Cecilia Bracamonte por televisión. Luego vino Sendero Luminoso a detener el proceso de consolidación nacional. Eso es lo que menos le perdono a los malditos de Abimael. Quisieron destruir a un país que se integraba y lo lograron. Todavía no nos reponemos.

Procuremos coincidir en unos pocos puntos que nos devuelvan la unidad y avancemos en construir nuestra nación alrededor de nuestro reencuentro.

Hemos cometido errores pero, para citar a Marx, “no arrojemos al niño con el agua sucia de la bañera”. El niño es la Nación.

Del mismo modo que hay que defender el modelo de mercado, con las correcciones imprescindibles de responsabilidad social, ambiental y de integridad, que la propia historia nos ha enseñado, hay también que defender nuestra identidad y nuestro afianzamiento.

Esperaría que algo de esto aparezca en el próximo proceso electoral. Estoy seguro de que comenzar el zurcido del país nos dotará de la locomotora que nos hace falta. No la de Porky, por supuesto

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