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OPINIÓN/ La página que el Perú no termina de escribir

Escribe: Eco. José Soto Lazo

jsoto2503@gmail.com

Hoy los peruanos tienen la oportunidad de demostrar que es posible dejar atrás la confrontación sin renunciar a la verdad, apostar por el diálogo sin abandonar la crítica y mirar hacia adelante sin perder de vista las lecciones del pasado.

Cada vez que el Perú atraviesa una elección o una crisis política, vuelve a aparecer una frase que parece resumir el deseo de millones de ciudadanos;es momento de pasar la página;. La expresión transmite esperanza, cansancio y la necesidad de cerrar un ciclo. Pero también plantea una pregunta que vale la pena responder: ¿qué significa realmente pasar la página para los peruanos?

Para muchos, significa poner fin a años de enfrentamientos políticos que han consumido tiempo, recursos y energías que debieron destinarse a resolver los problemas que afectan a la población. La inseguridad ciudadana, el costo de vida, la calidad de la educación, las deficiencias del sistema de salud y la falta de oportunidades siguen siendo preocupaciones mucho más urgentes que las disputas permanentes entre quienes ejercen el poder.

Sin embargo, pasar la página no puede entenderse como un acto de amnesia colectiva. Un país que decide olvidar sus errores está condenado a repetirlos. Las lecciones que dejaron la corrupción, la inestabilidad institucional y la confrontación política no deben desaparecer del debate nacional. Al contrario, deben servir para construir instituciones más sólidas y una ciudadanía más exigente.

La democracia tampoco se fortalece cuando una mitad del país celebra mientras la otra permanece atrapada en el resentimiento. Gobernar implica representar a todos los ciudadanos, incluso a quienes no votaron por la autoridad elegida. Del mismo modo, ejercer una oposición responsable no significa bloquear cada decisión del gobierno, sino fiscalizar con objetividad, proponer alternativas y actuar pensando en el interés nacional antes que en el cálculo político.

Los peruanos debemos comprender que ningún gobierno podrá resolver por sí solo los desafíos acumulados durante décadas. La estabilidad no depende únicamente del Presidente o del Congreso. También requiere partidos políticos más responsables, instituciones independientes, medios de comunicación comprometidos con la información veraz y ciudadanos que participen activamente en la vida democrática más allá del día de las elecciones.

Existe, además, un aspecto pocas veces mencionado. Pasar la página también significa abandonar la costumbre de convertir cada diferencia política en un enfrentamiento personal. En una sociedad democrática es natural discrepar. Lo preocupante es cuando las diferencias terminan destruyendo la posibilidad de dialogar. Ninguna nación progresa si sus ciudadanos consideran enemigos a quienes simplemente piensan distinto.

Pero pasar la página tampoco puede convertirse en una invitación al silencio frente a los errores. La reconciliación no consiste en dejar de exigir transparencia o rendición de cuentas. Al contrario, una democracia madura es aquella donde la estabilidad convive con el control ciudadano y donde la confianza se construye a partir de hechos, no de discursos.

Quizá el mayor desafío para el Perú sea comprender que pasar la página no significa cerrar un libro, sino comenzar un capítulo diferente. El pasado no puede modificarse, pero sí puede convertirse en una fuente de aprendizaje para evitar que los mismos errores vuelvan a repetirse.

Esa es la verdadera utilidad de la memoria colectiva. Hoy los peruanos tienen la oportunidad de demostrar que es posible dejar atrás la confrontación sin renunciar a la verdad, apostar por el diálogo sin abandonar la crítica y mirar hacia adelante sin perder de vista las lecciones del pasado. Solo así pasar la página dejará de ser una frase repetida en tiempos electorales para convertirse en una decisión compartida que permita construir un país más estable, más democrático y con mayores oportunidades para todos.

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