Nadie debería desear que el gobierno fracase. Estamos en una situación límite y no hay margen para retroceder más, tras diez años de experimentos y fracasos.
Así las cosas, establezcamos lo indispensable.
1. Cada poder del Estado debe ejercer su función. La función legislativa corresponde al Congreso, el gobierno cotidiano, a cinco años plazo, corresponde al Ejecutivo. Las facultades legislativas pueden ser delegadas al gobierno, en caso de extrema urgencia o de imperiosa necesidad. No parece ser el caso del paquete de propuestas enviado por el Ejecutivo al Congreso. Sin duda es aceptable -y probablemente obligatorio- otorgar facultades legislativas al gobierno en materia de seguridad ciudadana, de gestión de riesgos ante fenómenos naturales y de mejora sustancial de los servicios públicos. Agregaría algunos requerimientos de funcionalidad y desburocratización del Estado. No sé si haya más. Todo el resto debe seguir su curso constitucional. No debería haber motivo para un gran debate.
2. Dicho esto, es necesario que se comience a tener éxito en la lucha contra la criminalidad. Aunque hay señales de que eso puede estar sucediendo, la percepción global es que todavía la delincuencia domina el escenario. Modificar eso de aquí a fin de año es indispensable.
3. Igual es el tema del Fenómeno El Niño (ENSO) y del aquí llamado Niño Costero (que no es lo mismo). El gobierno no necesita demostrar que enfrenta y vence a la naturaleza, eso es simplemente absurdo. El gobierno necesita hacer las obras de emergencia indispensables, urgentes y factibles y preparar la estrategia y acciones de respuesta rápida que demuestren voluntad, decisión y eficacia frente a la contingencia. Luego de la emergencia, organizar y optimizar la vigilancia permanente, la educación social en materia de prevención y reacción en las temporadas de lluvias, la dotación y control de equipamiento suficiente a nivel regional y municipal y la ejecución de obras, con alcance de largo plazo, en las áreas especialmente vulnerables.
4. Del mismo modo y en plazo similar debe poder apreciarse una clara mejoría de los servicios públicos esenciales: saneamiento, educación y salud principalmente, con indicadores y metas indiscutibles.
Si en un año esto es perceptible, entonces la presidente podrá estar segura de que su gobierno está encaminado. Y la población también. Nadie está pidiendo milagros, basta cumplir con las expectativas mínimas de la sociedad.
No está mal que la presidente viaje al último rincón del país, siempre y cuando no olvide su misión principal: gobernar. No está mal que busque las mejores relaciones con el mundo. Está mal que establezca dependencias cuando debe establecer equilibrios beneficiosos para el país. Espá no está ayudando, Galarreta tampoco y quizá habría que sumar a Belaúnde.
Un ajuste del Gabinete debería estar en la lista de regalos de Año Nuevo… o de Carnavales. No es obligatorio pero los ministros siempre son fusibles, salvo que sean óptimos. Aún tienen tiempo si quieren mejorar.
León XIV dará un poco de aire fresco (o traerá un balón de oxígeno) con su visita y nunca está de más una bocanada.
La oposición debe cuidarse mucho de perfilarse obstruccionista. Lo está haciendo muy temprano y puede desgastarse muy pronto. También es su responsabilidad el equilibrio de poderes. El país reclama paz y calma, no le ofrezcamos guerra y tormenta.
Como decía el abuelito bueno:
– Tranquilízate Nieto. Recuerda que no te sientes cómodo al lado del Sendero.