la gestión competente no puede reemplazarse con las faltas o delitos del adversario. Hay demasiado por hacer bien para refugiarse en lo que otro hizo mal.
Creo que la primera vez que se usó la expresión “cien días” en política refirió al breve segundo gobierno de Napoleón en 1815 desde su desembarco en Provenza procedente desde la isla de Elba hasta su derrota en Waterloo y su posterior destierro a Santa Elena donde murió seis años después. No sé cuándo ni dónde la tal locución comenzó a usarse para describir un período de cortesía y tolerancia, en las democracias, que se otorga a un nuevo gobierno a fin de que demuestre su confiabilidad y competencia. En el Perú también lo llamamos “luna de miel”.
Los “cien días” son muy importantes porque demuestran madurez democrática y vocación por la alternancia. No parece ser ésta la disposición de la oposición política en el Perú de 2026, a pesar de que el 71% de la población, según Ipsos, así lo desea. El radicalismo no siempre funciona y puede volverse, fácilmente, en contra de los propios radicales. Eso depende de la percepción popular.
Alfredo Filomeno me enseñó hace casi cincuenta años que, en política, la percepción es (o puede ser) más importante que la realidad. Nunca lo he olvidado. Lo que hoy parece ser un país dividido en dos mitades, mañana puede volcarse masivamente hacia un solo lado. Insisto, la percepción es lo que manda.
¿Qué señales tenemos? Una, la señora Presidente de la República hizo un discurso brevísimo y eso cayó bien. Dos, la oposición abandonó el hemiciclo y eso cayó mal. Intentó hacer luego una demostración de fuerza y sólo le quedó la grita. Tres, el desfile cívico- militar fue un éxito ante la población y la oposición política quedó off side. Cuatro, el gobierno está demostrando reacción rápida y la oposición política está concentrada en negociar comisiones y prebendas mientras tanto. Un diputado opositor se convirtió en el primer protagonista de un gran escándalo y su destino es la cárcel.
Nada de esto compensa un gabinete de segunda línea, que pudo haber sido ampliamente mejor y que sin embargo es de lujo en comparación con los de la gestión precedente. Tampoco compensa la falta de precisiones urgentes e imprescindibles. No obstante, ni siquiera llegamos a los primeros diez días. Ponerse demasiado exigente no le hará ningún bien a la oposición radical.
Todavía falta mucho pan que rebanar, pero sin duda la paciencia es la mejor conducta a estas alturas. Los escándalos de la gestión anterior (toda) ayudarán al gobierno actual. No me cabe duda de que habrá lote tras lote de medicinas y equipos vencidos, compras fraudulentas por conocerse y ladrones por descubrirse. Pero la gestión competente no puede reemplazarse con las faltas o delitos del adversario. Hay demasiado por hacer bien para refugiarse en lo que otro hizo mal.