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OPINIÓN/ Los sobrevivientes

NO ATRACO

Por: Elmer Barrio de Mendoza

 

No aspiremos a votar por la santidad. En política eso no existe. Aspiremos al control ciudadano, al renovado involucramiento de los peruanos en la gestión pública. Sin doble rasero, con información objetiva disponible

 

Como era previsible, el Jurado Nacional de Elecciones proclamó a Keiko Fujimori y Roberto Sánchez como los candidatos que disputarán la segunda vuelta en las elecciones presidenciales del Perú el próximo 7 de junio.

Lo primero que debemos anotar es que entre ambos finalistas sólo obtuvieron el 30% de los votos válidos en la primera vuelta, lo que significa que hay al menos un 70% en disputa. Una parte significante, estimo que entre el 40 y 50%, decantará rápidamente y sin mayor problema, por simple afinidad.

Pero igual quedará descubierto un 20-30%, cuyo voto puede definirse casi por cualquier razón. Recordemos que, en 2021 de acuerdo a diversos análisis, cerca de una quinta parte de los votos de Rafael López Aliaga acabó definiéndose por Pedro Castillo y no por Keiko Fujimori. No parece que este escenario se vaya a repetir, pero estamos en el Perú.

En este marco, es importante identificar a quienes sobrevivieron políticamente a la primera vuelta, con o sin bancada. Para el efecto sugiero comenzar al revés, por los que no sobrevivieron.

De los 35 partidos que compitieron originalmente por la Presidencia, todos los que obtuvieron menos del 2%, han sufrido una debacle definitiva. También entraron en extinción todos los que subieron y bajaron cual espuma inconsistente. Igual aquéllos cuyos líderes no llegarán a 2031 por razones de estricta decrepitud (mil perdones por la franqueza).

Dicho esto, grosso modo, quedan pocos fuera de los que disputarán la segunda vuelta. Señalemos en primer lugar a Renovación Popular, cuyo desgaste ha sido doble y cuyo liderazgo ha sido ya, aunque brevemente todavía, cuestionado desde sus propias filas. Tiene una bancada importante pero hay signos de rajadura, que no pueden ser escamoteados. Sus votantes, sin duda esta vez, se orientarán, con dolor o sin él, a Fuerza Popular.

Luego viene el Partido del Buen Gobierno de Jorge Nieto, cuya campaña en primera vuelta fue tan sorpresiva como exitosa. Está en condiciones de adueñarse del centro y de expandir su presencia territorial en la medida en que se consolide como organización política (recordemos que el voto de Nieto se concentró en Lima y Arequipa). Tomar partido en esta segunda vuelta le será más difícil que a nadie porque está en juego su propio futuro político. Puede fagocitar con poco esfuerzo a López Chau y su no partido, aunque la consigna oficial de Ahora Nación sea apoyar a Sánchez.

Marisol Pérez Tello era una de las sobrevivientes, pero su no partido, Primero la Gente, decidió dejarla sola y sumarse al candidato castillista. Su postura, apenas independiente, fue desautorizada por Marco Zevallos, conocido en su familia y en Las Chalinas Verdes, y de aquella Marisol no quedó nada.

Mi impresión es que hay un último sobreviviente, Carlos Espá, cuya campaña fue muy sólida y dejó muy buena impresión en su segmento de referencia, que hoy parece tener un vacío de liderazgo. Creo que, desde fuera del Congreso, tiene una palabra que decir.

No menciono a Carlos Álvarez porque no tengo idea de su afán político a corto y mediano plazo y porque sospecho que, aun teniéndolo, su ventana de oportunidad ya se cerró.

Bien, si las cosas están así (la bancada de Obras se deshará antes de que termine el año, entre otros incidentes predecibles), muy pocos tendrán (o querrán tener) capacidad de endose, pero está en manos de los finalistas trazar líneas de acercamiento que les permitan acceder a puntos porcentuales breves, que probablemente definirán la elección.

Aquí cuentan también algunas figuras que, sin filiación partidaria ostensiblemente, han construido su propio perfil y que pueden aportar votos. Diría que Humberto Abanto es el más visible pero hay, o habrá, otros que podrían jugar un papel sumatorio.

La gran mayoría del país irá a votar con poca ilusión pero con gran sentido nacional. Unos y otros se sienten salvadores de la patria o así lo dirán. Quien comprenda que los puntos se ganan décima por décima en las siguientes dos semanas podrá construir una ventaja sólida. Y quizá tendrá la oportunidad de convocar al país a un proceso de reconciliación.

No aspiremos a votar por la santidad. En política eso no existe. Aspiremos al control ciudadano, al renovado involucramiento de los peruanos en la gestión pública. Sin doble rasero, con información objetiva disponible. Tenemos una nueva ocasión para lograrlo en democracia.

¡Y ya vienen las encuestas!

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