no todo está cantado ni hay mesa servida. El mínimo error de Keiko o su equipo, reavivará el viejo y ya agotado antifujimorismo
Apenas a dos semanas de la elección definitiva del próximo o próxima presidente de la República, la realidad política peruana solo parece girar en torno al sufragio distrayendo la vista de las travesuras siniestras que puedan realizar tanto el Ejecutivo como el Legislativo.
El primero haciéndole decir al Ministerio de Economía y Finanzas que resigna su papel rector contra las leyes populistas aprobadas por el segundo. Y este segundo aún tolerando que Víctor Cutipa –brazo derecho de Roberto Sánchez, reelecto al Senado en representación de Moquegua y titular de la Comisión de Energía y Minas del Parlamento– haga de las suyas impulsando proyectos contra la minería formal o la reestructuración de Petroperú.
Pero la materia electoral ocupa hoy el cien por ciento de nuestro radio de acción, luego que se han conocido las encuestas que otorgan ligera ventaja a Keiko Fujimori sobre Sánchez y las nuevas estrategias desplegadas por ambos candidatos para conquistar el voto diluido de quienes respaldaron a otros aspirantes en la primera vuelta, muchos de los cuales se refugian ahora en el ámbito indeciso o el sufragio blanco/viciado.
Tales encuestas ofrecen diversas lecturas, ángulos desde dónde puedan analizarse fortalezas y debilidades. Sin embargo, lo concluyente es que Fujimori cosecha los frutos de una mejor performance de campaña en el espejo de sus anteriores fracasos electorales. Tiene un desenvolvimiento milimétricamente medido hacia el éxito y quizás su mayores activos sean no confrontar con acidez las antiguas imputaciones que se le hacen y reivindicar la obra material de su padre, admitiendo los excesos que su gobierno autoritario le inflijió al país.
Sánchez, por el contrario, parece no encontrar visa de aceptación hacia una pretendida corrida al centro político, ni romper las cadenas de esclavitud que lo someten a sus despreciables insultos a Julio Velarde, presidente del BCR, y también lo inclinan reverencialmente ante su socio Antauro Humala.
Vale recordar siempre quién es Velarde y el prestigio que la ha otorgado al Perú: Banquero Central del Año 2016 para América Latina por Global Markets, Gobernador de Banco Central del Año 2016 por LatinFinance, así como el Mejor Banquero Central en 2015 y 2016 por Global Finance; Banquero Central del Año para América Latina por Emerging Market en el 2010, además de los mencionados reconocimientos como Banquero Central del Año a nivel mundial y Banquero Central de las Américas, en los años 2015 y 2020, respectivamente, por parte de The Banker.
Antauro y su grupo etnocaserista han tenido una participación efectiva en la campaña y en el entorno de Sánchez. Nadie en su sano juicio puede imaginar que alguien colabore con ahínco en lograr que un candidato llegue a la presidencia para luego exonerarse de formar parte de su gobierno. Antauro ha sido, es y será el alter ego de Sánchez, su fletador principal y su inspiración doctrinaria.
Pero no todo está cantado ni hay mesa servida. El mínimo error de Keiko o su equipo, reavivará el viejo y ya agotado antifujimorismo. Como reza el dicho popular, pestañea y pierdes. Tómalo en cuenta.