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OPINIÓN/ Pisco y Nasca: dos aeropuertos, una sola visión de desarrollo e integración turística

Escribe: Alexandre Ridoutt Agnoli

Existe una expresión popular que se utiliza para describir a alguien que está desorientado; «está entre Pisco y Nasca» . Más allá de su origen coloquial, hoy esa expresión refleja, lamentablemente, la manera en que el Estado ha concebido y gestionado el desarrollo de la infraestructura aeronáutica del país.

Más que buscar responsables exclusivamente en el operador aéreo o alimentar una confrontación entre Pisco y Nasca, corresponde cuestionar la falta de visión estratégica con la que el Estado peruano, a través del Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC), la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC), PROINVERSIÓN y el Organismo Supervisor de la Inversión en Infraestructura de Transporte de Uso Público (OSITRAN), ha conducido la política aeroportuaria nacional.

Durante décadas se han promovido concesiones e inversiones aeroportuarias sin integrarlas a un verdadero sistema nacional de transporte. Se han construido, y aún se proyecta construir, grandes infraestructuras aeroportuarias sin garantizar su adecuada integración con ferrocarriles, carreteras de altas prestaciones y las principales ciudades y polos de desarrollo que deben atender.

Como consecuencia, muchas de ellas operan u operarán muy por debajo de su capacidad, convirtiéndose en costosos «elefantes blancos», mientras otros aeródromos con intensa actividad continúan relegados.

El aeropuerto de Pisco constituye el mejor ejemplo de esta falta de planificación integral. Mientras no sea interconectado mediante un ferrocarril con Lima y las principales ciudades de su entorno regional, seguirá operando muy por debajo de su capacidad y difícilmente dejará de convertirse en el polo logístico, turístico y aeroportuario para el que fue concebido. La infraestructura aeroportuaria, por moderna que sea, no genera desarrollo por sí misma; requiere formar parte de un sistema integrado de transporte que permita aprovechar plenamente su potencial logístico, turístico y económico.

Ese es precisamente el caso de Nasca. Se trata de uno de los aeródromos con mayor movimiento de operaciones del país y, al mismo tiempo, de una infraestructura permanentemente expuesta al escrutinio internacional por atender cada año a miles de turistas extranjeros que visitan uno de los patrimonios arqueológicos más emblemáticos del mundo.

Sin embargo, pese a las reiteradas solicitudes de las autoridades locales, nunca ha existido una política sostenida para modernizar sus instalaciones, fortalecer su infraestructura, promover su concesión ni consolidarlo como un verdadero polo de desarrollo turístico y aeronáutico.

El Estado nunca diseñó una estrategia de corto, mediano y largo plazo que permitiera reinvertir parte de los recursos públicos generados por la actividad aérea iniciada desde Pisco para el sobrevuelo de las Líneas de Nasca.

Una alternativa sería crear un fideicomiso de destino específico, financiado con una parte de la recaudación del IGV proveniente de la venta de pasajes y servicios turísticos, así como con otros recursos públicos vinculados a esa actividad. Este mecanismo permitiría fortalecer la  infraestructura del aeródromo de Nasca, mejorar los servicios turísticos de Nasca y de su entorno y elevar los estándares de seguridad operacional. De esta manera, la actividad iniciada desde Pisco contribuiría directamente al desarrollo sostenible de Nasca, generando beneficios para ambas provincias y para toda la región.

El aeródromo de Nasca debe consolidarse como el principal centro de operaciones para el sobrevuelo de las Líneas de Nasca y como un destino turístico de permanencia. Pisco, por su parte, puede consolidarse como el principal receptor de vuelos nacionales e internacionales y como punto de partida complementario para esas operaciones.

Ambos aeródromos deben integrarse mediante infraestructura vial moderna, un futuro sistema ferroviario, servicios logísticos y paquetes turísticos coordinados, de manera que la actividad desarrollada desde Pisco también contribuya al fortalecimiento de la infraestructura aeroportuaria y turística de Nasca, generando mayores oportunidades para hoteles, restaurantes, operadores turísticos, artesanos y transportistas.

El verdadero debate no debe ser Pisco contra Nasca. Debe centrarse en; por qué el Perú continúa desarrollando aeropuertos de manera aislada, sin una visión territorial que articule infraestructura, turismo, transporte y desarrollo económico.

La reciente tragedia debe impulsar una reflexión profunda sobre la forma en que se concibe el sistema aeroportuario nacional. El país necesita una política de Estado que sustituya la improvisación por una planificación de largo plazo, basada en criterios técnicos, seguridad operacional, conectividad intermodal y desarrollo regional.

Los aeropuertos no deben seguir concibiéndose como obras aisladas, sino como componentes de un sistema integrado de transporte, articulados con ferrocarriles, carreteras de altas prestaciones y los principales polos urbanos y turísticos de su área de influencia, para convertirse en verdaderos motores del desarrollo regional.

Integrar Pisco y Nasca no es simplemente una decisión de infraestructura aeroportuaria; es una decisión estratégica para construir un sistema de transporte que fortalezca el turismo, impulse el desarrollo regional y eleve la competitividad del país.

Lo que ocurre entre Pisco y Nasca no es un problema aislado. Es el reflejo de un país que continúa desorientado, ejecutando infraestructura proyecto por proyecto en lugar de desarrollarla como parte de un sistema integrado. Mientras el Perú no cuente con una visión estratégica de largo plazo, seguiremos construyendo aeropuertos, carreteras y puertos que no dialogan entre sí, desaprovechando el enorme potencial de nuestras regiones.

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