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OPINIÓN/ «Por la razón o la fuerza»

Escribe: César David Gallo Lale

Teniente General FAP

nos estamos dejando avasallar por quienes profesan un credo totalitario.

¿Por qué el Perú está en esta situación hoy? Supongo que para nadie es fácil no sentirse enervado por los hechos vividos en estas trágicas elecciones fraudulentas, plagadas de acciones inconstitucionales e ilegales perpetradas por la ONPE y el JNE, en contra de la democracia, de nuestros derechos soberanos y de los intereses nacionales, tanto externos como internos. El país atraviesa un estado total de abandono.

Para dos tercios de los electores, estas acciones burlescas son vistas como una provocación criminal. Pero, respondiendo a mi pregunta inicial: ¿por qué estamos en esta situación hoy? Solo puedo responder por mí mismo: “por muchas razones”.

La primera es que, en el Perú, se ha instalado una flagrante y sostenida falsificación de la verdad histórica, la cual este 12 de abril nos ha sometido a una cuarta edición de estos fraudes criminales, cada vez más alevosos y descarados con el paso del tiempo.

La segunda es que, como país, hemos permitido que esta distorsión histórica ocurra. Una gran mayoría de la población ha llegado a compartir la versión falsificada de lo acontecido en las elecciones de 2011, 2016, 2021 y 2026. Y dentro de esa mayoría hay mucha gente de nuestras mismas ideas que ha sido objeto de un verdadero lavado cerebral, cambiando su juicio acerca de lo sucedido en el Perú durante este período. Peor aún es la situación de los más jóvenes, quienes solo han conocido la versión falsificada predominante.

La tercera razón por la que estamos en esta situación hoy es que nuestra inacción ha conducido a un estado de cosas que compromete el futuro del país, gracias a la impunidad permitida y, por lo tanto, consentida. Existe un antiguo dicho, aplicado a otras naciones que perdieron el rumbo debido a la falsificación de su verdad histórica: “Para que el mal triunfe, basta con que las personas de bien no hagan nada”.

En el Perú, las personas de bien, entendiendo por tales a quienes queremos un país libre, pacífico y democrático, nos estamos dejando avasallar por quienes profesan un credo totalitario.

La cuarta razón es que estoy honestamente convencido de que, si en algo apreciamos la convivencia civilizada en nuestra patria, no podemos permanecer indiferentes cuando a una persona o a un grupo de personas se les priva de los derechos que les reconocen las leyes y la Constitución. Este es un camino del que se sabe dónde comienza y se puede sospechar muy bien dónde termina, porque ya lo hemos recorrido más de una vez.

Hoy, en el Perú, no puede hablarse de libertad, democracia ni Estado de derecho si las instituciones tutelares, así como los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, fallan y atentan sistemáticamente contra lo que ordenan no una, sino numerosas leyes expresas y la propia Constitución de la República. “Denunciar y enfrentar esto es de la más extrema necesidad y urgencia”.

El Jurado Nacional de Elecciones (JNE) tiene la última oportunidad de corregir su posición y anular todo el proceso. Por lo menos, debería esperar el resultado de una auditoría informática técnica, internacional, independiente y pública, de muy alto prestigio, sin importar el tiempo que ello demore. Caso contrario, se seguirá perpetrando un golpe de Estado. Y frente a eso, resultan legítimas las insurgencias populares ya sucedidas, además de todo lo que pueda ocurrir al respecto, pues ya nada tranquiliza al pueblo.

El pueblo peruano no está dispuesto a que se burlen de su derecho a elegir libre y transparentemente a quien va a representar y dirigir al Perú durante los próximos cinco años. La advertencia de lo que está sucediendo es clara para quienes no quieren verla: “La derrota de lo poco de democracia que nos queda”. Tenemos que defenderla unidos y restituirla para construir un buen futuro.

La situación de completa anormalidad del juicio público prevaleciente en nuestra patria ha llevado a que una conducta perfectamente civilizada, moral e incluso imperativa, como es buscar restablecer la verdad, la constitucionalidad y la legalidad, anulando estas elecciones, por ser nulas y viciadas “de nulidad insubsanable – Ley 27444 Art 10”, esté siendo rechazada por el JNE.

¿Por qué sucede esto? Porque, precisamente, se ha consagrado de manera generalizada la falsedad, el dolo y el engaño como patrón de conducta, junto con una impunidad que prevalece frente a la verdad de los hechos.

¿Cómo salimos de esto? Hay solo dos vías: “Por la razón o por la fuerza”.

Me refiero a que prevalezca “la razón” en las instituciones públicas llamadas a respetar la verdad, la Constitución y la legalidad, revirtiendo, vía nulidad, los evidentes fraudes e ilegalidades a los cuales se ha sometido a la democracia y a la ciudadanía en sus derechos constitucionales; y, además, que el Congreso vaque al presidente.

O, de lo contrario, “por la fuerza”, por parte de la masa del pueblo, haciendo respetar su derecho a elegir íntegra, honesta, transparente y legalmente a sus gobernantes, junto con las instituciones garantes de la soberanía del Perú.

Estamos a horas de ver cuál será la vía por la que se encaminará la nación: “la vía de la razón o la vía de la fuerza”, donde las Fuerzas Armadas ya deben intervenir en defensa de la Constitución y las leyes.

¡FRAUDE ELECTORAL, COMUNISMO Y TERRORISMO NUNCA MÁS EN EL PERÚ!

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