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OPINIÓN/ Quid pro quo

NO ATRACO

Escribe: Elmer Barrio de Mendoza

De los electores depende y de los candidatos también. A ver quien coge la posta y decide hacer política grande y no un coctel de menudencia.

Estoy particularmente impresionado por la cantidad de shorts favorables a Putin que ahora constituyen tendencia en Internet. Es cantante, bailarín, modelo, galán y todo lo que permite la Inteligencia Artificial. Cosas como esta tienden a instalarse en el ciberespacio. Probablemente pronto veremos a Xi Jinping en circunstancia similar.

Lo cierto es que el escenario internacional ha experimentado un giro dramático, cuyos beneficiarios pueden ser inesperados. ¿Nadie sabe para quién trabaja?

Los BRICS están posicionados y saben que la achuntaron. Eso es invariable. India acaba de comprarle a Rusia motores para tanques. Europa dejó raudamente de ser un polo de referencia. África tomará protagonismo muy pronto. El control de las materias primas más apetecibles y el dominio del transporte marítimo por parte de China parecen irreversibles. Los Estados Unidos pueden, sin duda, intentar recuperar posiciones pero están obligados a negociar. Quid pro quo será la norma de ahora en adelante.

Los belicistas

La historia la escriben los vencedores. El occidente, durante siglos, ha vencido sistemáticamente al resto del mundo, fundamentalmente por su vocación ofensiva. En el Lejano Oriente, la pólvora sirvió para celebrar, en el mundo árabe para potenciar la expansión del Islam, pero donde se convirtió en instrumento de destrucción masiva fue en Europa. Los europeos, desde mucho antes de la pólvora, fueron belicistas, supremacistas y expansionistas eficientes, vamos a abstenernos de toda calificación moral al respecto. Baste recordar que las dos grandes guerras, las llamadas guerras mundiales, fueron originalmente -y durante largo rato- guerras europeas.

A estas alturas del siglo XX los europeos (ciertos europeos) insisten a llevarnos a otra gran conflagración, sin tener el mínimo poder para definirla. Los belicismos aparecen en cualquier momento y son difíciles de controlar. A veces degeneran en lo que nadie al principio quería.

El rol de Trump

Donald Trump es uno de esos personajes con el que es difícil estar de acuerdo, salvo en unas pocas cosas, pero al que no se puede ignorar. Tiene probable vocación pacifista en Europa y tiene aparente vocación guerrerista en el Cercano y Lejano Oriente. Parece, sin embargo, que desea alejar la amenaza nuclear. Quiere recuperar el liderazgo económico norteamericano, claramente amenazado por China y pretende pisar fuerte para detener a su peor adversario.

Quiere desalojar a los inmigrantes ilegales de Estados Unidos y quiere poner aranceles a discreción, sin recordar la “ley de la mano invisible” de Adam Smith, el gran referente histórico del capitalismo. Ergo, Wall Street y las otras bolsas le recuerdan que el mercado funciona al margen de su voluntad. Como que el presidente gringo muy liberal no es. Ojo Milei, tú tampoco.

Se desata con Gaza y alienta a príncipes y emires creyentes en el Islam light más que en el mercado, a articular un cerco a Irán. Es cierto que los musulmanes persas (no se molesten, no soy Rushdie ni Hebdó) enfrentan una decadencia visible aunque no sabemos si suficiente para caer, pero también sabemos que tienen un probable arsenal nuclear y sin duda una industria militar potente en su escenario territorial. Rusia es indispensable para aplacar a los ayatolas, como también a Kim Jon Un en la península coreana, un factor de calentura en el este continental.

El tablero se ha vuelto tridimensional y tiene alcance mundial. Todo esfuerzo por evitar el Apocalipsis debería ser valorado. No hay enemigos permanentes sólo intereses permanentes. No creo que nadie tenga interés permanente en destruir nuestro planeta. Estamos al borde de un nuevo reparto del mundo, sólo que ahora hay muchos más actores y seguramente las piezas del rompecabezas serán muy diferentes. Adáptate o muere, así de sencillo.

Make America Great Again es un lema tan viable como anacrónico. De Trump depende elegir entre lo factible y lo obsoleto. Putin sabe lo que quiere y no es invadir Europa, es defender su cinturón de seguridad. Para ello cuenta con una gran tecnología militar. Históricamente no son los rusos los que invadieron Europa, es Europa la que invadió Rusia. Xi también sabe lo que quiere, dominar la tecnología y el comercio mundial, no en vano su gran proyecto se llama, como antaño, Ruta de la Seda. El “gigante dormido” del que hablaba Napoleón, terminó la larga siesta.

¿Y el Perú?

El Perú puede ser territorio en disputa o puede ser un gran beneficiario de la nueva geopolítica. Posicionarse como un destino económico clave y como un escenario de paz, hará la diferencia.
Por eso es fundamental consolidar una estrategia de crecimiento, con base en inversión privada y pública, nacional e internacional, que cumpla con estándares sociales y ambientales de alta calidad, no de alta burocracia.

Del mismo modo es indispensable convertir al país en un espacio de seguridad y legalidad, claramente predecible. Esto tiene que traducirse en paz social sustentada en el consenso y no en la imposición. Y aquí nuevamente, alta calidad, no alta burocracia. Desempeños y resultados deben ser los únicos parámetros que cuenten. Torres de diplomas y certificados no sirven para nada cuando el logro es el criterio central.

Por tanto, si queremos ser potencia mundial debemos hablar menos y hacer más. Construir en silencio en vez de destruir con alharaca. Si tenemos que esperar a 2026 para tener un gobierno competente habremos perdido un año pero no nos vamos a morir.

De los electores depende y de los candidatos también. A ver quien coge la posta y decide hacer política grande y no un coctel de menudencia. A ver si somos capaces de no pelear gratuitamente y de saber escoger. La oportunidad está a la mano y ya viene algo nuevo, que de repente será bueno. Mejor que esto que tenemos no es tan difícil.

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