La cosa se le puso muy difícil al presidente accidental y terminal. El precio de otorgar el indulto o la gracia era muy alto. Pero, en lugar de renunciar a su intento espurio, decidió ponerse el cartel y mostrarse en venta.
No pensaba escribir, de nuevo ni tan pronto, sobre el aún presidente Balcázar. Pensaba esperar a que se cumpliera (o no) mi pronóstico sobre que José María no se atrevería finalmente a indultar a Castillo.
No obstante, vivimos en el Perú y la sorpresa imposible es parte de la normalidad. Cuando prácticamente todos los constitucionalistas y los penalistas respetables del país habían coincidido en que el indulto era inviable, alguien salió con un as bajo la manga: la gracia presidencial. Volvieron a entrevistar a todos los constitucionalistas y penalistas respetables del país y, otra vez, volvieron a coincidir en que tampoco correspondía.
La cosa se le puso muy difícil al presidente accidental y terminal. El precio de otorgar el indulto o la gracia era muy alto. Pero, en lugar de renunciar a su intento espurio, decidió ponerse el cartel y mostrarse en venta. ¿Cuánto cuesta dar o no dar libertad al flagrante profesor golpista y asaltante presunto de la hacienda pública? Pues bien, cuesta una pensión presidencial vitalicia con la remuneración total y los beneficios añadidos correspondientes a la investidura, a partir del 28 de julio de 2026.
Le faltó decir: haré o no haré aquello que desee quien me lo garantice y se puso en manos de Fernando Rospigliosi, que derivará sin duda la solicitud al archivo definitivo, es decir al tacho de la basura. Creo.
Te trataré de tú porque ya no mereces respeto. Perdiste tu oportunidad, Balcázar, de cerrar tu mandato con algún atisbo de decencia. En lo que resta de tu gobierno la opinión pública sabrá que sólo eras un mercachifle más. Ni siquiera eres pato cojo, con pato es suficiente.