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OPINIÓN/ Soberanía nacional: entre las leyes declarativas y las decisiones valientes

Escribe: Julio Valdez Pomareda

Por Teniente General FAP 

 

Una Ley innecesaria

El anuncio de la presidenta Dina Boluarte sobre impulsar una ley en defensa de la soberanía nacional puede sonar, en el discurso político, como una muestra de firmeza y compromiso con el Perú.  Sin embargo, cuando se analiza en el plano jurídico y constitucional, se advierte que dicha propuesta no tiene mayor sustento práctico, porque la soberanía ya está garantizada y protegida en nuestra Constitución.  

El artículo 43 establece con claridad que el Perú es una República independiente y soberana, y el artículo 44 indica que es deber primordial del Estado defender la soberanía nacional, garantizar la plena vigencia de los derechos humanos, proteger a la población y promover el bienestar general.  Asimismo, la misma Carta Magna señala que las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional tienen como misión fundamental defender la independencia, la soberanía y la integridad territorial de la República.

En ese sentido, una nueva ley que repita lo que ya está previsto en la Constitución corre el riesgo de ser un gesto meramente declarativo, más orientado al plano político y mediático que a la solución real de los problemas de soberanía que afronta el país.

La defensa de la soberanía no depende de aprobar más normas, sino de tener instituciones sólidas, Fuerzas Armadas y Policía debidamente equipadas y con reglas claras de actuación, además de una política de Estado coherente frente a amenazas internas y externas.

EL VERDADERO PROBLEMA: LA INJERENCIA EXTERNA

El verdadero problema de nuestra soberanía se encuentra en dos planos: la injerencia externa disfrazada de tutela internacional y la debilidad de nuestra identidad nacional. En el primer punto, es innegable que la pertenencia del Perú al sistema de la CIDH (Corte Interamericana de Derechos Humanos) ha generado fricciones constantes.

Bajo el pretexto de la defensa de derechos humanos, dicho organismo ha excedido en varias ocasiones su mandato, imponiendo interpretaciones que interfieren con las decisiones soberanas del Estado peruano, debilitando la capacidad de respuesta frente a graves amenazas como el terrorismo, el narcotráfico o las protestas violentas.

Una Nación verdaderamente soberana debe tener la potestad de definir sus políticas de seguridad y justicia sin condicionamientos foráneos. Por ello, un debate serio sobre la permanencia del Perú en la CIDH es mucho más urgente y trascendente que aprobar una ley declarativa que no cambia nada en la práctica.

Si realmente queremos defender nuestra soberanía, el debate central debería ser la pertinencia de continuar sometidos a la CIDH. Mientras organismos internacionales interfieran en la toma de decisiones nacionales, la soberanía peruana será más formal que real.

IDENTIDAD NACIONAL: LA BASE OLVIDADA

En el segundo plano, la defensa de la soberanía no puede sostenerse únicamente en lo legal o militar, sino que requiere cimentarse en una identidad nacional fuerte.  Hoy la población peruana, en gran parte, carece de un sentido de pertenencia sólido hacia la Nación.  El centralismo, las desigualdades, la corrupción y la ausencia del Estado en amplias zonas del País generan que muchos ciudadanos no sientan a la Patria como suya.  

No basta con tener Fuerzas Armadas equipadas si la población no percibe al Perú como propio.  El olvido del Estado en vastas regiones ha creado desconfianza y desapego hacia la Nación.  Sin identidad, sin orgullo de ser peruanos, la soberanía se vuelve un concepto vacío.

Mientras no exista un verdadero esfuerzo por construir ciudadanía, inculcar valores patrióticos y fortalecer nuestra historia común, la defensa de la soberanía quedará reducida a desfiles, discursos o leyes de papel.

Urge, por tanto, un impulso integral para fortalecer la educación cívica, inculcar valores patrióticos y recuperar la confianza ciudadana en el Estado. Solo así podremos tener un pueblo dispuesto a defender lo suyo frente a cualquier amenaza.

En consecuencia, el camino no es simplemente crear más normas que repitan lo que ya existe, sino aplicar con firmeza lo que la Constitución ya manda, cual es dotar a nuestras Fuerzas Armadas y Policía Nacional de capacidades operacionales efectivas, fortalecer la presencia del Estado en las fronteras y en el interior del país, impulsar una política educativa que forme peruanos orgullosos de su identidad y revisar críticamente nuestra relación con organismos internacionales que, bajo un ropaje jurídico, socavan nuestra capacidad de decidir soberanamente.

En conclusión, la verdadera defensa de la soberanía nacional no se logra con leyes simbólicas, sino con decisiones valientes y estructurales: recuperar la plena autonomía frente a instancias internacionales como la CIDH y construir una identidad nacional firme que permita a cada peruano sentir que el destino del País le pertenece.   Solo así el Perú podrá ejercer de manera real y no solo formal la soberanía que ya está escrita en la Constitución.

¡¡ Menos discursos, más decisiones, la soberanía se defiende con hechos y coraje, no con discursos ni gestos vacíos, urge más acción, menos simbolismo !!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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