LA NEUROESPIRITUALIDAD

 

Gustavo Blanco Ocharan

gblancociticars@gmail.com

El denominador común que comparten tanto el espacio infinito como el cerebro individual es la Consciencia que únicamente la inteligencia espiritual, intuitivamente es capaz de discernir y retroalimentar.

 

La ciencia soslaya a la metafísica porque los temas filosóficos que trata no se pueden reproducir en un laboratorio; en este terreno, nada es más abstracto que el ingrediente etéreo del espíritu, al igual que toda manifestación extrasensorial que desafía la razón convencional en su sentido lógico.
Se puede creer o no en aquella misteriosa presencia efímera e invisible que describe al Espíritu, pero el hecho de que por ahora no seamos capaces de demostrar su presencia objetiva, científicamente hablando, no resulta un argumento suficiente para negar categóricamente su existencia; siempre se mantendrá en el campo de la posibilidad junto a muchos otros fenómenos ocasionales, misteriosos, milagrosos, sobrenaturales o divinos que atribuimos a la casualidad, con los que convivimos y que no somos capaces de explicar bajo las anteojeras de la ciencia.
La dimensión del espíritu adopta formas extra dimensionales que nuestros sentidos primarios no están predispuestos a captar, los sentidos tienen una conexión directa con los campos neuronales en el manejo de información y generación de conocimiento que responden a complejos estímulos y procesos tanto externos como internos que dan como resultado la interpretación de la realidad circundante que de alguna manera define nuestra propia experiencia.
El cerebro es el órgano encargado de la función neuronal y si bien cada vez existen más estudios sobre su capacidad y funcionamiento, aún queda mucho por profundizar y conocer sobre su verdadero potencial.
Hasta hace no muchos años se investigaba y media únicamente la capacidad racional del ser humano, los procesos lógicos, estructurados, las competencias duras y las habilidades deductivas determinaban el coeficiente intelectual; posteriormente se le dio crédito al componente emocional y se descubrió como personas con un coeficiente intelectual normal pero con habilidades de comunicación, empatía, sinergia, creatividad y flexibilidad, podían lograr no solo resultados extraordinarios sino también una vida en equilibrio mucho más trascendente.
La neurociencia continúa haciendo descubrimientos asombrosos sobre el potencial humano, como por ejemplo, que la función neurológica no se reduce solo a la función del cerebro sino que órganos como el cuerpo, el corazón y los intestinos cumplen funciones esenciales, interrelacionadas e incluso protagónicas en el uso y emisión de energía e información que usa y procesa el cerebro para dar alguna respuesta neurológica que se traducirá en alguna acción, decisión, reacción o resultado.
La importancia de la función pulmonar es otro ejemplo de cómo funciona el ser humano, practicar también el ritmo y respiración adecuados, aportará  en la dosificación de la energía que necesita el cerebro para su mejor funcionamiento; recordemos que el cerebro es el órgano que mayor energía consume y no se detiene ni cuando dormimos, de ahí que prácticas espirituales como la relajación o meditación nos ayudan a monitorearlo, propiciando mayores estados de bienestar interior.
Esta descripción de lo sorprendente y complejo que es el cerebro forma parte  a su vez, de lo que denominamos el microcosmos, término que puede resultar contradictorio si lo traducimos como “pequeña inmensidad interna” pero que lo utilizamos en contraposición al macrocosmos que representa la organización  magnificente externa del propio universo.
Tanto en el mundo interior del ser humano como en la plenitud del Universo destaca una característica esencial, todo obedece a un orden catalizador de energía que interactúa sistemáticamente.
Autores como Jacobo Grinberg padre de la Teoría Sintérgica y considerado un precursor de la neuroespiritualidad, encontró sorprendentes coincidencias entre el cerebro humano y el espacio, este último lo describe como un holograma hipercomplejo que contiene toda la información que vamos decodificando a través de los procesos neuronales del cerebro que es la manera cómo creamos la experiencia y por tanto como interpretamos la realidad.
A esa formación hipercompleja que fluye en el macrocosmos, Grimberg la denominó la laticce (enrejado) que contiene toda la información del universo. Cada intersección representa una expresión reducida del Todo; cuando decodificamos parte de esa información vamos integrándonos con el Todo, si podemos fluir en esa dirección entonces somos capaces también  de co-crear la realidad, activando nuestro potencial divino.
Citando a Grinberg: “El cerebro está organizado en forma de complejos entramados neuronales que han alcanzado su estado actual de desarrollo tras millones de años de evolución … Es posible considerar la organización del cerebro como un reflejo o incluso como una materialización lógica del espacio. Esta consideración encaja con el modo en el que ha evolucionado el cerebro.” (La Creación de la Experiencia).
El denominador común que comparten tanto el espacio infinito como el cerebro individual es la Consciencia que únicamente la inteligencia espiritual, intuitivamente es capaz de discernir y retroalimentar.
California Mayo 22, 2022.
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