DESTACADASOPINIÓN

OPINIÓN/ Israel y Türkiye: nuevo tablero de una peligrosa rivalidad

Escribe: Ernesto Bustamante*

La disputa ya no consiste solamente en quién influye sobre Siria, sino en quién puede proyectar poder desde ella y bajo qué límites. A ello se suma la cooperación israelí con Grecia y Chipre

Durante años, un enfrentamiento militar directo entre Israel y Türkiye parecía remoto. Las relaciones fueron deteriorándose durante los gobiernos de Netanyahu y Erdogan, pero Türkiye pertenece a la OTAN, Israel es aliado estratégico de Estados Unidos y ninguno tenía interés racional en convertir la hostilidad política en guerra. Siria está modificando esa ecuación.

El deterioro no comenzó en Siria. Erdogan se ha convertido en uno de los críticos más severos de las operaciones israelíes contra los palestinos, particularmente en Gaza, y mantiene el respaldo de Türkiye a un Estado palestino sobre las fronteras de 1967, con Jerusalén Este como capital. Acogió favorablemente la orden de arresto emitida en 2024 por la Corte Penal Internacional contra Netanyahu y reclamó su ejecución.

Más recientemente, Türkiye anunció que solicitaría a Interpol una notificación roja contra Netanyahu, basada jurídicamente en órdenes de arresto dictadas por un tribunal turco en 2026. Aunque son procedimientos distintos, ambos reflejan la presión de Ankara contra Netanyahu por Gaza. Sobre ese deterioro político se superpone ahora una rivalidad militar mucho más peligrosa en Siria.

Este agosto Israel bombardeó la base aérea siria de Abu al-Duhur, en Idlib, cerca de la frontera turca. Israel sostuvo que Türkiye pretendía establecer allí presencia militar; Siria lo negó. El enviado estadounidense Tom Barrack afirmó después que Washington no encontró evidencia de un despliegue turco hacia la base, mientras Israel mantuvo que su inteligencia justificaba la operación. En 2025, cuando equipos turcos evaluaban T4 y Palmira para posibles despliegues, Israel también atacó ambas bases. Posteriormente, con mediación de Azerbaiyán, se estableció un mecanismo para evitar choques accidentales entre fuerzas israelíes y turcas.

La caída de Bashar al-Assad en diciembre de 2024 transformó el equilibrio regional. Türkiye pasó a ser el principal patrocinador regional del gobierno de Ahmed al-Sharaa y busca una Siria unificada, estable y estrechamente vinculada con Ankara. Para Erdogan existe además un objetivo fundamental: impedir un enclave autónomo en el norte y noreste sirios dominado por fuerzas kurdas vinculadas, según Türkiye, al PKK. La reciente integración de las Fuerzas Democráticas Sirias en el ejército sirio favorece los objetivos de Damasco y Ankara.

Israel observa esa transformación desde una perspectiva casi inversa. La caída de Assad debilitó el corredor iraní hacia Hezbollah, pero Jerusalén no quiere que el vacío sea ocupado por otra potencia regional. Israel ha extendido su presencia más allá de las áreas de las Alturas del Golán que ocupa desde 1967: ha tomado posiciones en la zona de separación y otros puntos del territorio sirio y ha bombardeado instalaciones militares sirias. Una presencia turca con radares, defensas antiaéreas, drones o cazas podría restringir la libertad operacional israelí sobre Siria.

Las bases aéreas son, por ello, decisivas. Israel parece aceptar influencia turca en Siria, pero no infraestructura militar que limite su capacidad de actuar. Ankara sostiene, en cambio, que Israel no puede decidir qué fuerzas puede recibir o desplegar un gobierno sirio soberano. Ambas posiciones responden a doctrinas de seguridad comprensibles, pero son potencialmente incompatibles.

La rivalidad tampoco termina en Siria. Israel ha profundizado su relación estratégica con Grecia y Chipre en seguridad, ejercicios militares, energía, infraestructura y protección marítima. Para Israel son socios estables en el Mediterráneo oriental y ofrecen conectividad estratégica hacia Europa. Para Grecia y Chipre, la tecnología y cooperación militar israelí aumentan su capacidad de disuasión en un espacio de históricas disputas con Türkiye.

No debe presentarse automáticamente esta convergencia como una alianza antiturca: los tres países tienen intereses propios y Grecia mantiene canales de distensión con Ankara. Pero su efecto geopolítico es evidente. Türkiye mantiene controversias con Grecia y Chipre sobre el Egeo, Chipre, zonas económicas exclusivas y proyectos energéticos. La competencia Türkiye-Israel adquiere así dos frentes relacionados: Siria al sur y el Mediterráneo oriental al oeste.

El ataque contra Abu al-Duhur elevó el riesgo. Barrack cuestionó públicamente la justificación israelí; Israel sostiene que disponía de inteligencia sobre una posible expansión militar turca. Ankara no ha respondido militarmente, aunque Erdogan ha endurecido su discurso contra Israel tanto por Gaza como por sus acciones en Siria y Líbano, que considera capaces de amenazar intereses turcos.

Washington queda atrapado entre dos socios esenciales. Israel es su aliado estratégico más estrecho en Oriente Medio; Türkiye es miembro de la OTAN, posee su segundo ejército más numeroso y ocupa una posición decisiva entre Europa, el Mar Negro, el Cáucaso y Oriente Medio. Una confrontación sería una pesadilla para Washington, que impulsa mecanismos de coordinación para evitar incidentes militares y conversaciones destinadas a impedir que Siria se convierta en escenario de un choque militar entre Israel y Türkiye.

Una guerra deliberada sigue siendo improbable y contraria a los intereses de ambos. Pero las guerras no siempre comienzan por decisiones lógicas. El peligro es una escalada no planificada: bastaría que un ataque israelí contra una instalación siria matara asesores turcos para presionar a Ankara a responder. Un intercambio limitado podría adquirir rápidamente una dinámica propia.

Siria afronta así una paradoja. Mientras intenta reconstruir su Estado y unidad territorial, puede convertirse en el espacio donde dos grandes potencias regionales delimiten sus zonas de influencia. Irán ha perdido buena parte de su posición de la era Assad y Rusia tiene menor presencia. Türkiye ocupa parte de ese vacío; Israel intenta impedir que esa expansión se transforme en amenaza militar.

La disputa ya no consiste solamente en quién influye sobre Siria, sino en quién puede proyectar poder desde ella y bajo qué límites. A ello se suma la cooperación israelí con Grecia y Chipre. Mientras Israel considere legítimo destruir infraestructura siria para impedir determinados despliegues turcos y Türkiye considere legítimo ampliar su cooperación militar con Damasco, sus líneas rojas seguirán acercándose. Ninguno parece buscar una guerra. Precisamente por eso el mayor peligro es un error de cálculo que termine produciéndola.


(*) Excongresista de la República del Perú


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *