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OPINIÓN/ Aislar y arrinconar

NO ATRACO

Escribe: Elmer Barrio de Mendoza

¿A qué (o a quién) estamos esperando? ¿O nos dejaremos seguir chantajeando por los que creen que decirnos “terruqueadores” termina la discusión?

Ante la evidencia, con sabor a tautología, de la renovada presencia de Sendero Luminoso en la escena política del país, es imprescindible proponerse una estrategia uniforme del Estado y de la sociedad.

Un viejo proverbio atribuido a Anaxágoras, dice que “si me engañas una vez, la culpa es tuya; si me engañas dos veces, la culpa es mía”. En 1980, Sendero Luminoso sorprendió al país (gobierno militar incluido) pero no a los que conocíamos su esencia polpotiana. La pesadilla duró quince años y nunca acabó del todo.

Hoy tenemos la evidencia de una bancada de Sendero en el Congreso. Tenemos también la existencia comprobada de un nuevo grupo de organismos generados por la banda del fallecido Guzmán (sobre todo los llamados Frentes de Defensa en las regiones, ahora redivivos). Tenemos pruebas de una simbología en proceso de resurrección y aggiornamento con cada vez mayor desfachatez (otra vez conatos de mausoleo, por ejemplo). Sendero debe tener una estructura de unos cinco a diez mil cuadros en el territorio nacional y un sistema de alianzas consolidado con diversas economías criminales. Todo esto lo pudimos atisbar con claridad entre diciembre de 2022 y marzo de 2023.

“Si me engañas dos veces, la culpa es mía”. Hay quienes, por requerimientos crematísticos, y hay quienes, por ingenuidad, se esfuerzan por encubrir la vigencia presente de Sendero. Se trata de identificar a los primeros y de persuadir a los segundos. Esta última tarea no es tan fácil. Creo que fue Mark Twain quien anotó que “es más fácil engañar a las personas que convencerlas de que han sido engañadas”. Y aunque la frase no le perteneciera, no dejaría de ser una gran verdad.

No se trata de un debate bizantino. Se trata de un asunto, literalmente, de vida o muerte. No podemos dejar que nos engañen por segunda vez.

Entonces ¿Qué tenemos que hacer como sociedad? Dos cosas. La primera es aislar al senderismo, territorial y políticamente porque ahora, en gran parte, está felizmente a la vista. La segunda es arrinconarlo allí donde esté. Y demandar del Estado la acción represiva que le corresponde en caso de delito, al menor costo social posible.

La vocación delictiva de Sendero no tiene límite y goza de la convicción simple de que asesinar o secuestrar o robar es correcto en nombre de su propósito depurador (léase genocida). No acudir prontamente a la alianza Estado-Sociedad, a la actuación conjunta del pueblo asociado a las fuerzas del orden, será incurrir en el mismo grave error de 1980.

¿A qué (o a quién) estamos esperando? ¿O nos dejaremos seguir chantajeando por los que creen que decirnos “terruqueadores” termina la discusión?

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