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OPINIÓN/ Cancilleres políticos y cancilleres diplomáticos de carrera

Escribe: Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Dr. Miguel Rodríguez Mackay - Escuela Superior de Guerra del Ejercito

Bicentenariamente, hemos tenido cancilleres políticos -como Espá, lo fueron Francisco Tudela, Eduardo Ferrero, y una retafila-, y cancilleres diplomáticos de carrera, otra retafila.

Todo un cargamontón se ha hecho contra el actual Ministro de Relaciones Exteriores, Carlos Espá, achacándole no ser diplomático de carrera –es abogado y periodista–, como si para serlo, es indispensable haber egresado de la Academia Diplomático del Perú – ADP, el centro de formación profesional y de perfeccionamiento del Ministerio de Relaciones Exteriores, de cuyas aulas, efectivamente egresan nuestros referidos diplomáticos de carrera. Voy a explicarlo.

En primer lugar, será bueno precisar que el cargo de Ministro de RR.EE. (o Canciller de la República), que es uno de la mayor confianza que concede el Presidente de la República, es eminentemente político, y se denomina oficialmente: Ministro de Estado en el Despacho de RR.EE. Puede ocupar este cargo cualquier profesional que cuente los atributos que el jefe de Estado considere indispensables para las altas funciones de Estado, atendiendo la vida internacional del país. Dicho profesional puede o no ser un diplomático de carrera. Lo importante es que sea el indicado para los intereses nacionales mirando el frente externo del Perú que lo liderará en la calidad de Jefe de la Diplomacia peruana.

Ahora bien. ¿Quiénes, entonces, son diplomáticos de carrera? Lo son aquellos que, únicamente, han egresado con ese título, el de diplomático de carrera –también egresan con el grado de Magíster en Relaciones Internacionales–, luego de estudiar durante dos años en la ADP –a la que ingresaron por concurso público–, y de aprobar, al final de sus estudios, una tesis, siendo automáticamente incorporados al Servicio Diplomático de la República en la categoría de Tercer Secretario.

A lo largo de sus carreras, por procesos de ascenso, pasarán sucesivamente a las categorías de Segundo Secretario, Primer Secretario, Consejero, Ministro Consejero, Ministro, y finalmente, Embajador, la máxima categoría que pueden alcanzar a lo largo de la carrera diplomática. Es un error recurrente creer que solo son diplomáticos de carrera los que han egresado de la ADP, a partir de 1955, en que fuera fundada. Debo recordar que el Servicio Diplomático de la República, fue creado el 31 de julio de 1846, por Decreto N° 90, cuando fuera canciller, el eminente José Gregorio Paz Soldán, el arquitecto de la profesionalización de la función diplomática en el Perú, cuando presidente Ramón Castilla, el mayor estadista peruano del siglo XIX.

De hecho, Carlos García Bedoya -emblemática figura de nuestra diplomacia (El edificio principal de la cancillería peruana lleva su nombre, y no debe confundirse con el Palacio de Torre Tagle), que ingresó en el Ministerio de RR.EE., en 1947 –era amanuense–, fue incorporado al escalafón del Servicio Diplomático de la República en 1953, o sea, antes de la fundación de la ADP, y por supuesto que fue diplomático de carrera. Como el embajador CGB, que también fue canciller, pasaron por el mismo proceso los afamados Alberto Ulloa Sotomayor, Raúl Porras Barrenechea, Javier Pérez de Cuéllar, Gonzalo Fernández Puyó, etc.

Por tanto, bicentenariamente, hemos tenido cancilleres políticos -como Espá, lo fueron Francisco Tudela, Eduardo Ferrero, y una retafila-, y cancilleres diplomáticos de carrera, otra retafila. El mismo criterio se aplica para los jefes de Misión del Perú en el exterior, que pueden ser embajadores de carrera (80%) o embajadores políticos (20%).

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