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Opinión/ asesinato en Chile

Por Luis Gonzales Posada.

La Fiscalía de Chile informa que el homicidio del teniente del Ejército venezolano, Ronald Ojeda, fue organizado por Diosdado Cabello y ejecutado por el Tren de Aragua.

Ojeda estuvo encarcelado con 33 compañeros de armas en los sótanos de una prisión militar, donde fue sometido a bárbaras golpizas para que revele con quiénes conspiraba para derrocar a Maduro.

Detenido en abril del 2017, escapó el 30 de noviembre del mismo año y buscó asilo político en Chile, estatus diplomático que obtuvo el 2023.

Un año antes de morir, la televisión lo filmó de rodillas, con los brazos extendidos y una bolsa negra en la cabeza en el frontis del Palacio de La Moneda, demandando elecciones y libertad para los presos políticos.

Ojeda, pues, se convirtió en peligroso símbolo de la resistencia democrática y, por tanto, en objetivo del gobierno dictatorial de Caracas. Su vida corría peligro y se sentía observado, hasta que desapareció.

Un video demuestra que el 21 de febrero “fue sacado de su casa a las 3 y 10 de la mañana en ropa interior por varios encapuchados vestidos de negro, con uniforme policial, cascos, pasamontañas y chalecos antibalas, fuertemente armados”.

200 horas, más tarde,  el cuerpo de Ojeda  fue encontrado en una maleta enterrada a metro y medio de profundidad y sellada con cemento.

Ojeda, empero, tomó la precaución de escribir un diario dando cuenta de su escape y cautiverio. Son 185 páginas autobiográficas donde narra los actos de barbarie a que fue sometido y sobre la corrupción de oficiales del Ejército, incluyendo el robo de municiones para abastecer a guerrilleros colombianos de las FARC y el ELN.

Ojeda recuerda los vejámenes y palizas que sufrió: “Las descargas eléctricas se convirtieron en una práctica rutinaria al momento de hacerte hablar. La asfixia y golpes con barras mecánicas envueltas en esponja es para demostrarte que la ley ahí no existe”.

El diario «La Tercera» de Santiago, que reproduce parte de ese documento, señala que el relato “también detalla cómo era colgado en una pared durante horas, o que le sumergían la cabeza en un balde de agua para que hablara y dijera algún testimonio que ellos querían que repitiera. Así fue durante 13 días. Ojeda, por la falta de aseo en esa prisión, desarrolló picazón y sarna”.

Por este crimen han sido detenidos varios sicarios de la banda venezolana del Tren de Aragua que Maduro utilizaba para golpear y matar opositores.

Existen innumerables testimonios de encarcelamientos, torturas y asesinatos imputados al gobierno chavista reportados por el Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU, por la OEA, por fiscales de la Corte Penal Internacional así como por 30 expresidentes de la región y 27 gobiernos de la Comunidad Europea.

Las cifras de muertos por la represión escalan las 5 mil y recientemente la Misión Independiente de Expertos de la ONU publicó un informe identificando con apellidos y fotografías a 118 funcionarios responsables de esos delitos.

Tarde o temprano sabremos las cifras de la devastación, pero también quiénes protegían y quiénes guardaban silencio cómplice ante las atrocidades cometidas por sicarios del chavismo. Solo esperamos que los autores y cómplices sean procesados penalmente por crímenes de lesa humanidad y encarcelados, cómo ha sucedido con otros sátrapas, entre ellos Thomas Lubange Dylo de la República del Congo, recluido a 14 años de prisión y los genocidas responsables de las masacres en la antigua Yugoslavia en 1993 y en Ruanda, en 1994.

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