La vigilancia en estas elecciones será extrema. Dudo mucho que funcione una estructura de fraude. A chambear se ha dicho.
El viernes 29 de mayo, las diversas empresas de investigación del mercado político empezaron a publicar las últimas encuestas que se pueden difundir con vista a la elección presidencial del domingo 7 de junio.
La primera en conocerse fue la del Instituto de Estudios Peruanos (IEP) que otorga una ventaja de 6 puntos a Keiko Fujimori (36 a 30%) y una tendencia creciente para la misma candidata, contra un descenso visible de Roberto Sánchez. También muestra un importante bolsón de indecisos que podría ser determinante luego e igualmente un decremento del antivoto de Keiko y un aumento del antivoto de Roberto.
El mismo día, por la noche, apareció la encuesta del Centro de Investigación Territorial (CIT) que asignó el 41.1% a Keiki y el 33.4% a Bobby (gracias Jaime Ferraro por ayudarnos e evitar la redundancia).
El sábado 30 se publicó el estudio de la Compañía Peruana de Investigación de Mercados (CPI), que otorgó el 32.5% a Fujimori y 29.1% a Sánchez.
El domingo 31 se publicaron los estudios de Ipsos y Datum, ambos consignan tanto encuesta como simulacro de votación. Comencemos con Ipsos, que demostró ser la más acertada en la primera vuelta. En la encuesta, otorga una ventaja de 3 puntos a Keiko sobre Sánchez (38 a 35%). En el simulacro, donde no cuentan los votos blancos y nulos, obtiene qué Fujimori gana por 51.4% a 48.6%. Si bien la ventaja se estrecha, se mantiene bastante clara. Recordemos que Castillo ganó en 2021 por décimas de punto.
Datum arroja resultados parecidos en intención de voto (39.8-35.9% a favor de Fujimori sobre Sánchez) e igualmente en el simulacro (52.9-47.1% a favor también de Keiko).
Digamos tres cosas importantes: uno, la indagación cuantitativa del voto entre dos contendientes es mucho más fácil que entre 35 (los grandes errores de las encuestadoras se han producido normalmente en primera vuelta y no en la segunda); dos, la importancia del margen de error disminuye en segunda vuelta, sobre todo cuando todas las encuestas coinciden en su resultado global y, tres, el voto oculto (que no debe ser mucho) aparece principalmente allí donde existe amedrentamiento.
La vigilancia en estas elecciones será extrema. Dudo mucho que funcione una estructura de fraude. A chambear se ha dicho. Luego hablaremos del debate y de un último simulacro que queda por allí.