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OPINIÓN/ ¿Cómo se construye la democracia?

NO ATRACO

Por: Elmer Barrio de Mendoza

 

Quienes quieren, visiblemente, hacer estallar la democracia, no pueden ser parte de su construcción. Sería necio darles la menor oportunidad.

La democracia no es un modelo, es un valor. Si no creemos en ese valor, no habrá modelo que funcione.

Podemos descomponer ese valor y lo haremos más comprensible (total, soy un firme cartesiano y así lo acredita el nombre de esta columna):

1. Democracia es representación (directa o indirecta, pero eficiente) de la voluntad social mayoritaria.

2. Democracia es división de poderes para que un poder controle al otro y no abuse del suyo, para asegurar que la justicia se rija por la ley común y no por la voluntad del gobernante y para garantizar que el pronunciamiento social periódico se respete escrupulosamente.

3. Democracia es respeto a los derechos fundamentales de las personas: a la vida, a la igualdad ante la ley, a la inocencia presunta, al debido proceso, a la participación política y demás.

4. Democracia es un sistema de ideas que tiene un norte ineludible: el bienestar general de la población que pretende representar.

Pero más allá de eso, si la democracia no se asienta en una nación consolidada o en proceso de construcción -en su tradición histórica, en su identidad colectiva y en su visión compartida- simplemente no va a pasar de ser un nombre sin contenido plausible.

Por tanto, la democracia puede adoptar diversos formatos, de acuerdo a los diferentes procesos histórico-constructivos de cada nación. El modelo no es el norteamericano, no es el europeo, no es ninguno otro. Es aquel que propicie nuestro autorreconocimiento y nuestro bienestar de mediano y largo plazo. Y debe adaptarse, cada cierto tiempo, a las exigencias de la modernidad.

Entonces, la democracia que el Perú debe construir es aquélla que la población perciba claramente suya y, para esto, es en primer lugar esencial que los territorios que lo conforman se articulen internamente en una lógica productiva de alta competitividad, de complementariedad y de integración.

Si permitimos, como hasta ahora, que coexistan territorios de riqueza y territorios de pobreza, poblaciones con acceso a servicios básicos y poblaciones sin acceso a ellos, espacios de formalidad/legalidad y espacios de informalidad/ilegalidad, la democracia no funcionará… ¡hagamos lo que hagamos!

Una nación, y una democracia en consecuencia, existe en la medida en que se constituye como escenario de oportunidades para sus miembros y, al mismo tiempo, como marco favorable a la inversión sostenible, que no ponga en cuestión su soberanía.

Dicho esto, el país debe ordenarse, de acuerdo a estos criterios básicos. La regionalización debe corregirse radicalmente para que deje de ser, como es ahora, solamente la descentralización de la corrupción. Las unidades territoriales en que se divida deben tener lógica económica, cultural y política y sus competencias deben estar claramente definidas. Su número total no debe exceder un dígito. Con este mismo juicio, debe reducirse las unidades municipales, vía integración con mínimos de extensión y población.

Así es en cualquier país sensato y así debería ser aquí. La autoridad debe aprender a cubrir territorios amplios sin generar burocracias inmóviles. La autoridad debe llegar, y hacer llegar los servicios esenciales al último ciudadano y no al revés.

En síntesis, la democracia en el Perú debe ser percibida como algo saludable y meritorio por toda su población, que obtiene de ella los beneficios mínimos que tiene derecho a exigir. De no ser así, no lamentemos que surja todo tipo de opciones aventureras y que tengamos los más impresentables gobiernos.

No sé cuánto de lo aquí escrito será útil, pero sí creo que es un tema que debe empezar a discutirse y a resolverse sin demora. Sólo el lumpen no tiene sitio en este debate porque su único interés es el desgobierno y el caos. Quienes quieren, visiblemente, hacer estallar la democracia, no pueden ser parte de su construcción. Sería necio darles la menor oportunidad.

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