…había advertido hace más de una década el desastre hacia el cual nos conduciría una reforma del sistema político que alentaba a las “cabezas de ratón” mediante el fácil trámite de gestación y multiplicación de partidos políticos,
Tal el título de la columna de mi autoría que en este mismo espacio publicó EXPRESO el 09 de diciembre del 2024, concluyendo una serie de reflexiones sobre nuestra incapacidad de hallar el punto medio dónde zanjar las más enconadas diferencias.
“Sostengo que la democracia, como fundamento de la vida política y social de los peruanos, ha desaparecido hace tiempo. La institucionalidad que debía servirle como base, cae a pedazos y carece de legitimidad para un importante segmento del país. Se habla con pasmosa normalidad e irresponsabilidad de vacancia presidencial y disolución del Congreso, casi con una pistola en el bolsillo….Y me temo que lo más cercano es la guerra civil. Esa indeseada opción a la que no se le aplasta con golpes de pecho o proclamas reconciliadoras careciendo de un fundamento común para entendernos”, escribí en octubre del 2021 en otra publicación.
Aquí dije, dos años después, que había advertido hace más de una década el desastre hacia el cual nos conduciría una reforma del sistema político que alentaba a las “cabezas de ratón” mediante el fácil trámite de gestación y multiplicación de partidos políticos, en vez de fortalecer y democratizar internamente a los ya vigentes y perfectamente situados en los espectros ideológicos de la derecha, el centro y la izquierda.
Añadí: “Hoy, que estamos al borde de contar con más de 40 organizaciones partidarias para la disputa presidencial de las elecciones del 2026, son lugares comunes las rasgadas de vestiduras y las caras de preocupación…Quienes prevenimos este escenario y abordamos con terquedad sus nefastas consecuencias, tenemos derecho a reclamar la patente. Como también lo hago con mi más reciente hipótesis en torno a que nuestra nación vive la antesala de una guerra civil no convencional que cada día cobra evidencia en hechos casi anecdóticos, pero de connotaciones más trascendentes”.
El enunciado hoy se repite en boca de dos protagonistas de la contienda electoral. Antauro Humala, brazo derecho del candidato de Juntos por el Perú Roberto Sánchez, advirtió en una entrevista radial sobre la posibilidad de una convulsión social y guerra civil si la izquierda no triunfa en las próximas elecciones presidenciales, agregando que la «vladiconstitución del 93» es una causa de conflicto.
Por su parte, el candidato de Renovación Popular, Rafael López Aliaga, señala que “arderá Troya” si las autoridades no aceptan su pedido de hacer “elecciones complementarias” en jurisdicciones donde – según afirma – le han birlado votos a su partido.
Ambos extremos, lo sabe el país, son capaces de materializar ese propósito. Y no es broma. Mientras jugamos al té de tías de un proceso electoral apenas manchado por “irregularidades”, las brasas arden debajo de la podrida estructura política del país.
Dije guerra civil y creo que la estamos padeciendo.