En términos militares «zafarrancho de combate» es la frase usada para que las tropas se preparen para una batalla inminente; frase que podemos emplear para la confrontación política que se avecina
José María Balcázar no es responsable de las marchas y contramarchas de la confusa (y quejumbrosa) operación para comprar 24 aviones de combate F-16 estadounidenses, por valor de 3 mil 500 millones de dólares.
No. Los verdaderos responsables (o irresponsables) son 64 legisladores de las bancadas de Perú Libre y Podemos que eyectaron a Balcázar a la presidencia de la República, a pesar de no tener condiciones para dirigir a la nación. O quizás, precisamente lo nombraron por sus carencias, para manipularlo políticamente y cometer sabe Dios qué trapacerías. Algunos de sus patrocinadores ya zafaron cuerpo y pretenden vacarlo. De lograr ese propósito tendríamos el psicótico récord de 9 mandatarios en 10 años; registrable en el libro de Guinness.
Me encuentro en una conferencia internacional en la ciudad de Rabat, Reino de Marruecos, y los periodistas preguntan qué sucede en el país, porque conocen que cuatro ex mandatarios (Vizcarra, Toledo, Humala y Castillo) están en la cárcel por corruptos; que otros dos (Dina Boluarte y José Jerí) fueron destituídos por el mismo Parlamento que los designó y que el economista PPK no puede abandonar el Perú porque afronta un proceso judicial interminable.
Esos episodios ocurren en circunstancias que culminó la primera vuelta de un eventoelectoral con 35 candidatos, de los cuales ignoramos el perfil ideológico y programático de al menos 30 de ellos.
Simplemente, son nombres, logos, etiquetas, resultado de coyunturas, y la mayoría no superó 1% de los sufragios.
Ahora hemos dado otro salto a la dimensión desconocida porque no sabemos quién competirá con Keiko Fujimori en la segunda ronda. Se perfilan dos nombres: Rafael López Aliaga, que dispara fuego con metralla y acusa a la ganadora de organizar un fraude, sin aportar ninguna prueba que avale esa gravísima denuncia; y, en la otra esquina, Roberto Sánchez, emulador del fallido golpista Pedro Castillo, con sombrero de campesino incluido, un personaje estrambótico y audaz que ofrece destituir al prestigiado presidente del Banco Central de Reserva, Julio Velarde, porque seguramente considera una barbaridad que tengamos reservas que escalan 100 mil millones de dólares y la moneda mas estable del hemisferio.
Sánchez, insuflado, iracundo, amenaza: «nosotros, en nuestro primer día de gobierno, lo vamos a echar porque usted es una vergüenza; solamente ha trabajado para mantener contentos y felices a las empresas trasnacionales»; advirtiendo, asimismo, que cambiará el régimen económico de la Carta Fundamental porque en su sectaria visión la economía de mercado es una blasfemia política.
En suma, la inepta ONPE no tiene resultados del 12 de abril, su jefe ha sido destituido y ni siquiera nos enteramos quienes resultaron electos diputados y senadores.
Uno de ellos, emerge: el legislador Tito Quispe Rojas, del partido de Sánchez, miembro del Movadef, brazo político de Sendero Luminoso, organización terrorista causante de miles de asesinatos.
Nuestro sistema político está capturado por la mediocridad, la improvisación y el cinismo, una combinación de factores incompatibles con cualquier democracia que merezca ese nombre.
En términos militares «zafarrancho de combate» es la frase usada para que las tropas se preparen para una batalla inminente; frase que podemos emplear para la confrontación política que se avecina. Será ( o ya es ) una batalla con toda clase de material bélico, incluyendo palos y filosos cuchillos.