En la última década, el hemisferio ha dado un giro político hacia la derecha o, digámoslo mejor, hacia la socialdemocracia.
Los regímenes de izquierda se han derrumbado uno tras otro, como castillos de naipes. Cayeron con estrépito, agazapados, sin pena ni gloria, después de gobernar catastróficamente e incrementar la pobreza y la corrupción.
En Bolivia ganó la presidencia el conservador Rodrigo Paz, luego de 20 años de hegemonía del Movimiento al Socialismo (MAS), agrupación de Evo Morales y Luis Arce, que en los últimos comicios obtuvo el misérrimo porcentaje del 3 % de los votos, un diputado de 130 y ningún senador de 36. Sin duda, una verdadera catástrofe política que castigó la ineptitud y el autoritarismo.
En Ecuador triunfó Daniel Noboa Azín, perteneciente a la familia más adinerada de su país, quien venció holgadamente a Luisa González, del Movimiento Revolución Ciudadana, heredera política de Rafael Correa, autoexiliado en Bélgica.
En Argentina, Javier Milei se impuso a una coalición del peronismo y de sectores radicales, cuyo rostro más visible es la exmandataria Cristina Kirchner, presa por corrupción y con sus propiedades confiscadas por la judicatura.
En Chile, el ultraderechista José Antonio Kast derrotó a la postulante comunista Jeannette Jara.
En Honduras triunfó Nasry Afura sobre el candidato de la pintoresca mandataria chavista Xiomara Castro.
En Paraguay está en la presidencia Santiago Peña, del Partido Colorado, de tendencia conservadora.
En Colombia, Abelardo de la Espriella derrotó a Iván Cepeda, representante de Gustavo Petro, personaje enemigo del Perú.
En El Salvador, Nayib Bukele gobierna con un respaldo que oscila entre el 85,5 % y el 93%, según las encuestas.
En Costa Rica lo hace Laura Fernández; en Panamá, el empresario José Raúl Mulino; y, en nuestro país, Keiko Fujimori, de Fuerza Popular, derrotó a Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú, coalición vinculada al fallido golpista Pedro Castillo y al Movadef, aparato legal de Sendero Luminoso.
Sin embargo, hay islotes que resisten el cambio.
Desde 1959 —hace 67 años—, el Partido Comunista de Cuba está en el poder, largo periodo en el que, según un informe de la Cepal, organismo de las Naciones Unidas, la pobreza extrema afecta al 89 % de la población, que sobrevive en la oscuridad por falta del combustible que antes regalaba Nicolás Maduro.
Según un informe de la Universidad de Florida, el régimen venezolano transfirió a La Habana 64.000 millones de dólares entre febrero de 1999 y enero de 2026. Hoy, el chavismo está en bancarrota, con Maduro preso en Nueva York y su reemplazante, Delcy Rodríguez, oficiando de pelele o marioneta de Donald Trump, bajo la amenaza de correr la misma suerte que su predecesor si no cumple las órdenes de Washington.
En Nicaragua, Daniel Ortega gobierna desde hace 35 años: once como coordinador de la Junta de Reconstrucción Nacional, que reemplazó a Somoza, entre 1979 y 1985; de 1985 a 1990; y desde 2007 hasta la actualidad como mandatario electo. Durante ese largo periodo, 800.000 personas, equivalentes al 11,6 % de sus habitantes, han abandonado el país.
En 1990, Lula da Silva y Fidel Castro constituyeron el Foro de São Paulo, una coalición internacional que reúne a 120 organizaciones políticas de izquierda: una plataforma que se ha derrumbado.