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OPINIÓN/ El «Escudo de las Américas» y el riesgo de confundir cooperación con alineamiento

Escribe: Alberto Carpio Ávila

 

En un mundo que vuelve a organizarse alrededor de grandes potencias, quizá ése sea el patrimonio estratégico más importante que un país mediano puede conservar. No escoger quién decidirá por nosotros. Conservar la capacidad de decidir nosotros mismos.

Hay decisiones de política exterior que parecen administrativas cuando se anuncian y que solo revelan su verdadero tamaño cuando el mapa comienza a moverse alrededor de ellas. El ingreso del Perú al «Escudo de las Américas» puede ser una de esas decisiones. Visto desde Lima, el argumento resulta poderoso: el crimen organizado ya no respeta fronteras, las redes de narcotráfico, extorsión y lavado operan internacionalmente y ningún Estado puede combatirlas encerrándose dentro de sus límites. La cooperación de inteligencia con Estados Unidos puede, por ello, fortalecer capacidades que el Perú necesita con urgencia.

Pero una política exterior responsable debe hacerse una segunda pregunta inmediatamente después de reconocer el beneficio: ¿Qué precio estratégico podría acompañarlo?

La incorporación fue anunciada por la presidente Keiko Fujimori durante la visita del secretario de Estado estadounidense Marco Rubio. El mecanismo, promovido por Washington y compuesto por más de quince países, busca coordinar acciones frente al crimen organizado transnacional. La propia Cancillería peruana había anunciado desde julio la intención de incorporarse. (1)

Nada de eso significa, por sí mismo, que el Perú haya renunciado a su autonomía exterior. Pero el contexto importa. Estados Unidos ha vuelto a considerar el hemisferio occidental una prioridad estratégica y la competencia con China forma parte explícita del escenario en el cual Washington observa América Latina. El Perú, entretanto, posee una relación económica con China demasiado profunda para tratarla como una variable secundaria. (2)

La geo

grafía empuja hacia Estados Unidos; la economía mira también al Pacífico

El Perú pertenece geográficamente al hemisferio americano y comparte con Estados Unidos intereses evidentes: seguridad regional, lucha contra el narcotráfico, defensa, inteligencia, inversión, comercio, democracia y estabilidad del Pacífico. Sería absurdo convertir la autonomía estratégica en una política de distancia artificial respecto de Washington. Pero sería igualmente imprudente imaginar que acercarse a Estados Unidos exige alejarse de China.

China es el principal destino de las exportaciones peruanas. En 2025, los envíos peruanos a ese mercado alcanzaron US$ 33,4 mil millones y durante el primer trimestre de 2026 sumaron US$ 10,7 mil millones. El TLC Perú-China está vigente desde 2010 y ambos países firmaron en noviembre de 2024 un protocolo para modernizarlo. (3)

Chancay ha añadido una dimensión física a esa relación. El puerto no es solamente una inversión: está convirtiéndose en una ruta logística que conecta directamente la producción peruana con Asia. Entre enero y septiembre de 2025, el 62 % de las agroexportaciones peruanas destinadas a China salió por Chancay; China concentró además el 78 % del valor total exportado por ese terminal durante aquel periodo. (4)

Es decir, el Perú está construyendo simultáneamente dos relaciones estratégicas distintas: una relación de seguridad particularmente profunda con Estados Unidos y una relación comercial, minera, logística y de inversión extraordinariamente importante con China. El error consistiría en creer que una debe destruir a la otra.

Neutralidad no significa equidistancia

La palabra neutralidad puede inducir a error. El Perú no necesita ser neutral frente al narcotráfico, al terrorismo, a una violación del derecho internacional o a una amenaza concreta contra su seguridad. Tampoco necesita fingir que Estados Unidos y China son actores idénticos o que ofrecen exactamente las mismas cosas.

Lo que necesita es autonomía estratégica.

Eso significa decidir caso por caso según el interés nacional. Cooperar con Washington en inteligencia y crimen transnacional cuando esa cooperación beneficia al Perú. Exportar minerales, alimentos y productos pesqueros a China cuando ello amplía mercados. Recibir inversión china si cumple las leyes peruanas y no genera dependencias incompatibles con la seguridad nacional. Recibir inversión estadounidense bajo el mismo criterio.

Participar en APEC, fortalecer vínculos con Europa, Japón, Corea, India y otros actores, y evitar que el país sea obligado a contemplar el mundo mediante una elección binaria.

La política exterior de un Estado mediano no debería consistir en escoger quién será su protector. Debería consistir en ampliar el número de socios sin entregar a ninguno capacidad de veto sobre sus decisiones.

Por qué la rivalidad entre EE.UU. y China no terminará con un eventual acuerdo comercial - BBC News Mundo

El primer riesgo: importar la rivalidad de las potencias

 

Estados Unidos tiene razones estratégicas para limitar la expansión de China en sectores considerados sensibles. China tiene razones para proteger las inversiones, rutas comerciales y posiciones que ha construido. Son intereses comprensibles desde Washington y Beijing. Pero no son necesariamente idénticos al interés peruano.

Si Lima comienza a interpretar cada inversión china como una concesión geopolítica o cada cooperación estadounidense como una obligación de alineamiento, terminará importando una rivalidad que no nació en el Perú.

Entonces Chancay podría dejar de ser evaluado principalmente por su eficiencia logística, regulación, seguridad y beneficios económicos, para convertirse en una prueba de lealtad internacional. Una compra militar podría dejar de evaluarse por capacidad, interoperabilidad, transferencia tecnológica, sostenimiento y costo de ciclo de vida, para transformarse en una señal diplomática. Ese sería un grave error.

Las potencias pueden permitirse políticas exteriores ideológicas porque poseen recursos para absorber sus consecuencias. Los países medianos necesitan ser más cuidadosos.

El segundo riesgo: cambiar dependencia por dependencia

También existe una paradoja. Quienes advierten correctamente sobre una excesiva dependencia económica de China pueden terminar proponiendo, sin advertirlo, una excesiva dependencia estratégica de Estados Unidos.

Ninguna de las dos sería deseable.

La concentración de exportaciones, infraestructura crítica o cadenas de suministro en un solo socio genera vulnerabilidad. Pero también la genera depender de un solo proveedor de inteligencia, equipamiento militar, tecnología sensible o respaldo político.

La solución no es cambiar de dependencia. Es diversificar.

Un Perú estratégicamente maduro debería preguntarse qué capacidades necesita poseer por sí mismo: inteligencia financiera, ciberseguridad, vigilancia marítima, control de fronteras, interoperabilidad policial, satélites, análisis de datos y una industria de defensa capaz de sostener al menos parte de sus sistemas críticos. La cooperación extranjera debe aumentar esa autonomía, no reemplazarla.

El tercer riesgo: seguridad sin controles

 

El «Escudo de las Américas» plantea además preguntas jurídicas que todavía deben esclarecerse plenamente. El Senado peruano ha convocado al canciller para que explique la naturaleza jurídica, los alcances políticos y operativos, los compromisos asumidos, su compatibilidad con la soberanía y
las competencias constitucionales del Congreso. (5)

Esa discusión no debilita la lucha contra el crimen. La fortalece.

Intercambiar inteligencia significa decidir qué información se comparte, quién puede utilizarla, con qué propósito, bajo qué controles, durante cuánto tiempo y qué ocurre cuando afecta derechos de ciudadanos peruanos.

Operaciones conjuntas exigen definir jurisdicción, reglas de actuación, responsabilidades y mecanismos de supervisión.

La urgencia de la inseguridad no debería convertir la palabra seguridad en una autorización en blanco.

Cuarto riesgo: convertir el comercio en una prueba de lealtad

Existe finalmente un peligro económico. China no es para el Perú una relación hipotética. Es un mercado de enorme importancia para minerales y agroexportaciones, un proveedor relevante y un actor central en Chancay. El propio Estado peruano continúa profundizando instrumentos comerciales con el mundo chino: el acuerdo de libre comercio con Hong Kong entró en vigor el 1 de septiembre de 2026. (6)

Un deterioro innecesario de la relación con Beijing podría introducir incertidumbre donde el país necesita previsibilidad: inversión minera, infraestructura, comercio agrícola, logística portuaria y acceso al mercado asiático.

Eso tampoco significa aceptar cualquier condición china. El Perú debe proteger infraestructura crítica, exigir transparencia, competencia, seguridad de datos, cumplimiento ambiental, soberanía marítima y respeto regulatorio. Pero esas exigencias deberían derivarse de reglas nacionales aplicables a todos, no de la nacionalidad del inversionista o de las preferencias de una potencia rival.

La doctrina que el Perú necesita

El verdadero debate, por tanto, no debería formularse como «Estados Unidos o China». Esa pregunta ya contiene una renuncia. La pregunta correcta es: ¿Cómo puede el Perú relacionarse intensamente con ambos sin permitir que ninguno determine su política exterior?

La respuesta podría convertirse en una doctrina sencilla: alianza donde existan intereses coincidentes, diversificación donde exista dependencia y autonomía donde aparezca presión.

Con Estados Unidos, el Perú puede profundizar seguridad, inteligencia, defensa, tecnología, inversión y comercio. Con China puede continuar desarrollando comercio, minería, infraestructura y conexión con Asia. Con ambos debe establecer límites cuando sus intereses entren en conflicto con los peruanos.

Eso no es oportunismo. Es política exterior.

La propia presidenta Fujimori afirmó, al anunciar esta nueva etapa con Washington, que el Perú continuaría ampliando sus intercambios con Asia, el Pacífico y Europa. Esa frase podría ser más importante de lo que parece. Si se convierte en política de Estado, permitiría que la cooperación con Estados Unidos fortalezca al Perú sin transformarlo en pieza de una estrategia ajena.

Porque existe una diferencia enorme entre tener aliados y convertirse en territorio de competencia entre ellos.

El Perú debería acercarse a Estados Unidos cuando sus intereses coincidan. Debería acercarse a China cuando sus intereses coincidan. Y debería tener la capacidad de decir no a cualquiera de los dos cuando dejen de coincidir.

Ésa sería la verdadera neutralidad peruana: no la indiferencia, no la equidistancia y mucho menos el aislamiento, sino la libertad de decidir.

En un mundo que vuelve a organizarse alrededor de grandes potencias, quizá ése sea el patrimonio estratégico más importante que un país mediano puede conservar. No escoger quién decidirá por nosotros. Conservar la capacidad de decidir nosotros mismos.



1 Presidencia del Perú y Agencia Andina, 10 de septiembre de 2026; Ministerio de Relaciones Exteriores, 31 de julio de 2026. El Gobierno anunció la incorporación al «Escudo de las Américas», coalición multilateral liderada por Estados Unidos
para coordinar acciones contra organizaciones criminales transnacionales.

2 Reuters, 10 de septiembre de 2026, informó que la iniciativa se inserta también en el renovado interés estratégico estadounidense por América Latina y en la competencia de Washington con la creciente presencia china en la región. Esta dimensión geopolítica es distinta del objetivo operativo declarado de 2 Presidencia del Perú y Agencia Andina, 10 de
septiembre de 2026; Ministerio de Relaciones Exteriores, 31 de julio de 2026. El Gobierno anunció la incorporación al «Escudo de las Américas», coalición multilateral liderada por Estados Unidos para coordinar acciones contra organizaciones criminales transnacionales.

3 Ministerio de Comercio Exterior y Turismo del Perú. El TLC Perú-China entró en vigor el 1 de marzo de 2010; el Protocolo de Optimización fue firmado el 14 de noviembre de 2024. Mincetur informó que las exportaciones peruanas a China alcanzaron US$ 33,4 mil millones en 2025 y US$ 10,7 mil millones en el primer trimestre de 2026.

4 Ministerio de Comercio Exterior y Turismo, 26 de noviembre de 2025. Entre enero y septiembre de 2025, el 62 % de las agroexportaciones peruanas hacia China fue movilizado por el Terminal Portuario Multipropósito de Chancay; China concentró el 78 % del total exportado por dicho terminal.

5 Congreso de la República, 9 de septiembre de 2026. El Senado acordó convocar al canciller Carlos Espá para informar sobre la naturaleza jurídica, alcances políticos y operativos, compromisos, soberanía y competencias constitucionales vinculados con la incorporación al «Escudo de las Américas».



 

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