Después de secuestrar a Maduro, el republicano no ha vuelto a referirse a ese suceso, pero si mencionó la palabra «petróleo» en 27 oportunidades y ni una vez el término «democracia».
Trump se percibe un emperador político, autoritario, rapaz, agresivo. Así lo demuestra al sostener que USA debe anexarse Canadá y Groenlandia, infeliz declaración que provocó la enérgica protesta de Europa y Dinamarca; también amenazó con asumir el manejo del Canal de Panamá, planteamiento repudiado por el mandatario del Istmo, José Raúl Mulino. No menos grave es la errática política arancelaria que ha puesto en marcha, aumentando o bajando las tarifas según su voluntad.
Tump dice palabras mayores, alucinantes, disparatadas, en circunstancias que proyecta debilidad ante el sátrapa Vladimir Putin, a quien alaba sin tapujos, al mismo tiempo que maltrata al presidente demócrata ucraniano, Valodomir Zelenski, que resiste heroicamente los devastadores ataques militares rusos.
Después de secuestrar a Maduro, el republicano no ha vuelto a referirse a ese suceso, pero si mencionó la palabra «petróleo» en 27 oportunidades y ni una vez el término «democracia».
Tampoco lo escuchamos abogar por la libertad de presos políticos, que suman 775 y no reclama nuevas elecciones, pese a conocer que Maduro perdió los comicios del 2024 ante el embajador Edmundo González, hoy en el exilio.
Sin embargo, se proclama «presidente interino de Venezuela» y ha vendido 500 millones de barriles de petróleo de ese país, autorizado por la presidenta Delcy Rodríguez, su nueva aliada y socia.
Trump tiene un rumbo errático, zigzagueante, sin brújula, con marchas, contramarchas y asombrosos volteretazos, proyectando un cuadro psicótico altamente peligroso en la medida que gobierna la nación más poderosa del mundo. La egolatría domina sus acciones. También la perversidad, demostrada al escribir una nota agraviante debajo de la fotografía de su antecesor: «el somnoliento Joe Biden es el peor presidente de la historia de los Estados Unidos. Tras llegar al poder, en una elección fraudulenta, fue responsable de una serie de desastres sin precedentes que llevaron a nuestro país al borde de la destrucción», dice el texto.
Ahora intimida a María Corina Machado, MCM, con quien se reunió en la Casa Blanca a puerta cerrada, en un encuentro casi clandestino que el diario español «El País» resumió señalando que «la lideresa opositora accedió a recinto al mediodía, sola, vestida de blanco y por una puerta lateral, pocas horas después de que Trump afirmara que la jerarca chavista, Delcy Rodríguez, era una persona estupenda; una mujer fantástica». Agregando que: «Estados Unidos trabaja muy bien con ella desde que tomó el mando de Venezuela», pero soslayando que esa dama es parte de la mafiosa maquinaria chavista, responsable de numerosos asesinatos y encarcelamientos de ciudadanos
Trump tampoco perdona que entregaran el Nobel de la Paz a MCM, quien, temerosa de su furia vesánica, le obsequió la presea en una reprochable demostración de sumisión o debilidad política rechazada por el Instituto Noruego que publicó un comunicado manifestando que el premio «no puede revocarse, compartirse ni transferirse».
Pero el presidente sigue enardecido, golpeado en su psicótica vanidad, que lo lleva a decir que MCM es «una mujer muy amable, pero no tiene el respeto ni el apoyo de su gente».
No considera, desde luego, que en las elecciones primarias de la plataforma unitaria, realizadas el 2023, MCM consiguió 92.35% de votos y que una reciente encuesta de la empresa Megaanálisis consigna que si hoy fueran las elecciones presidenciales obtendría 78% de respaldo.
Ante ello los líderes del viejo continente han denunciado la conducta autoritaria de Trump y el presidente francés, Emmanuel Macrón, manifestó que «no aceptarán pasivamente la ley del más fuerte», agregando que «preferimos el respeto a los matones y preferimos el estado derecho a la brutalidad», duras palabras, a las cuales Trump ha replicado amenazando con imponer un arancel de 200% a los vinos y champán de Francia.
Sólo ha transcurrido un año de su mandato y Trump ha cambiado, para mal, la geopolítica mundial. rompiendo la histórica Alianza del Atlántico y cometiendo otros estropicios, como reprimir a los inmigrantes o llamar «estúpido» al respetado primer ministro de Gran Bretaña, Keir Starmen, por cumplir un acuerdo suscrito con Washington en 2024 para devolver el archipiélago Chagos al territorio insular de la República de Mauricio en el Océano Indico.
Ante ello, Thomas Friedman, en su columna del New York Tlmes, dijo que «Trump no comparte los valores de todos los demás presidentes desde la Segunda Guerra Mundial, en lo que respecta a cuál debería ser el papel de los Estados Unidos en el mundo», añadiendo que «tiene un sistema de valores completamente deformado, que no está anclado en ninguno de nuestros documentos fundacionales, sino que simplemente favorece a cualquier líder que sea fuerte, sin importar lo que haga con esa fuerza; a cualquier líder que sea rico y, por lo tanto, pueda enriquecerlo sin importar lo que haga con ese dinero, o como lo haya conseguido; y a cualquier líder que lo adule, sin importar cuán obviamente falsa sea esa adulación».