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OPINIÓN/ El gran ausente: el Director de la DGAC no asistió al 110° aniversario del Aeroclub del Perú

Escribe: Alexandre Ridoutt Agnoli

 

 

De cara al 2026, la comunidad aeronáutica confía en que el país pueda contar con una DGAC renovada, independiente y dirigida por profesionales comprometidos con el desarrollo de la aviación nacional

El Aeroclub del Perú celebró el día de ayer 4 de setiembre su 110° aniversario, un hito en la historia de la aviación civil nacional. Sin embargo, la conmemoración estuvo marcada por una ausencia notoria: el Director de la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC), quien días antes había declinado la invitación alegando “agenda comprometida”.

La decisión generó decepción en la directiva del Aeroclub y en la comunidad aeronáutica, que esperaba la presencia de la máxima autoridad del sector en un acto de alto valor simbólico. La lectura más extendida es que no se trató de un problema de agenda, sino de una señal de distancia y evasión frente a los cuestionamientos que pesan sobre su gestión.

Críticas acumuladas

La ausencia del Director no es un episodio aislado. Forma parte de un contexto de desconfianza acumulada hacia la DGAC, donde especialistas y profesionales del sector han señalado reiteradamente:

  • La omisión o demora en la publicación de los Estudios de Seguridad Operacional (ESO) para el aeropuerto de Chinchero.

  • La falta de liderazgo técnico y la presunta subordinación a intereses políticos y comerciales de concesionarios y operadores.

  • Las respuestas evasivas e inconsistentes frente a solicitudes de información amparadas en la Ley de Transparencia, así como ante denuncias y advertencias de la comunidad aeronáutica.

  • La postergación indefinida de la construcción de la nueva Escuela de Aviación Civil, un proyecto largamente anunciado y fundamental para la formación de pilotos, técnicos, despachadores y personal aeronáutico.

La metáfora de una ausencia

Analistas consideran que el rechazo a la invitación del Aeroclub tiene un valor simbólico: representa a una autoridad ausente, más preocupada en evitar el escrutinio que en liderar y responder con solvencia técnica.

Una autoridad aeronáutica sólida, señalan, no teme a los cuestionamientos: comparece, expone con datos y defiende sus decisiones con estudios serios y equipos competentes. Lo contrario el silencio, la ausencia o la evasión solo alimenta la percepción de debilidad institucional y de un regulador subordinado a presiones políticas o comerciales.

Más allá de la ceremonia

El 110° aniversario del Aeroclub del Perú era una oportunidad para reafirmar la historia y el compromiso con el futuro de la aviación civil nacional. La ausencia del Director de la DGAC no solo fue una falta de cortesía institucional: para muchos, fue la confirmación de que la autoridad reguladora atraviesa una crisis de liderazgo y legitimidad.

Resulta llamativo que el Director sí haya tenido la disposición de presentarse ante la Comisión de Transportes del Congreso, donde sabía que por desconocimiento e ignorancia en materia aeronáutica no enfrentaría preguntas incómodas. Sin embargo, evitó al Aeroclub, un escenario netamente técnico, donde especialistas y profesionales con experiencia real habrían podido confrontar sus omisiones y exigir explicaciones de fondo.

La aviación peruana enfrenta retos urgentes, desde la seguridad operacional en Chinchero hasta la formación de nuevos profesionales, que no admiten evasivas. En este contexto, lo que se espera de la máxima autoridad no es silencio ni excusas, sino presencia, transparencia y compromiso con el país.

Una esperanza pendiente

Pese a todo, la esperanza no se ha perdido. De cara al 2026, la comunidad aeronáutica confía en que el país pueda contar con una DGAC renovada, independiente y dirigida por profesionales comprometidos con el desarrollo de la aviación nacional; una autoridad que actúe con solvencia técnica y visión de futuro, lejos de presiones políticas o intereses subalternos. Ese es el rumbo que merece la aviación del Perú, y por el que vale la pena seguir luchando.

Lima, 5 de setiembre de 2025

 

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