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OPINIÓN/ El Qhapaq Ñan ferroviario del siglo XXI: El tren transandino

Escribe:  Carlos Jaico

 

El “Qhapaq Ñan ferroviario” es una reivindicación histórica y social para una Sierra que es nuestra columna vertebral, y que conectará política, económica y socialmente al Perú.

 

Durante siglos, la sierra peruana de la Cordillera de los Andes ha permanecido marginada del desarrollo económico y social que ha beneficiado a la costa y a los centros urbanos del país. Esta exclusión histórica no es casualidad, sino producto de una geografía difícil y de decisiones estructurales del Estado que concentraron la inversión pública en unas pocas regiones, dejando relegadas a las comunidades altoandinas. El resultado ha sido pobreza persistente, migración rural-urbana y falta de oportunidades para movilizar las riquezas naturales que la sierra posee: agricultura, minería, turismo y capitales productivos que, por falta de infraestructura de transporte, no encuentran acceso eficiente a los mercados nacionales e internacionales.

Los estudiosos de la historia social peruana han documentado cómo estas desigualdades tienen raíces profundas. El historiador Peter F. Klarén, en su obra Nación y sociedad en la historia del Perú, subraya el carácter fragmentado del Estado peruano y la persistencia de una periferia excluida que, pese a su riqueza cultural y productiva, quedó al margen de las inversiones y políticas estatales dominantes durante largos periodos de la historia republicana. Según Klarén, la sierra fue tratada como una zona semifeudal en oposición a la costa más urbana y capitalista, lo que profundizó divisiones sociales y económicos que perduran hasta hoy.

En este contexto nace la propuesta del “Qhapaq Ñan ferroviario”: un gran corredor transandino con trenes ultramodernos que conectaría Juliaca, Cusco, Abancay, Ayacucho, Huancavelica, Huancayo, La Oroya, Cerro de Pasco, Huánuco, Huaraz, Huamachuco, Cajamarca y Piura.

Este tren no sería solo un medio de transporte, sino un instrumento para reorganizar el desarrollo regional, permitir la movilización de productos agrícolas hacia puertos y centros de consumo, facilitar la exportación de minerales, atraer turistas a las zonas altoandinas y abrir rutas para la inversión de capitales.

Proyectos ferroviarios ya existentes, como el Ferrocarril Central Andino, han demostrado la viabilidad técnica de los trenes en la sierra pese a las complejidades orográficas, con su red de túneles y viaductos que supera los 4 700 m de altitud en el túnel de Galera. Sin embargo, estos sistemas han sido fragmentados y orientados a sectores específicos (por ejemplo, turismo en modesta escala o carga minera), y nunca integrados en un gran eje que conecte transversal y longitudinalmente toda la sierra.

Desde una perspectiva social y productiva, el tren transandino es un medio de transporte ecológico y permitiría reducir los costos de transporte —uno de los factores que mantiene a las economías andinas en desventaja— y estimular encadenamientos productivos locales. Además, su prolongación internacional hacia Ecuador, Colombia y Venezuela al norte, y Brasil, Chile y Argentina al sur, posicionaría al Perú como un nodo logístico clave en Sudamérica, fortaleciendo la integración regional.

Hoy más que nunca, ante los desafíos del desarrollo sostenible, el “Qhapaq Ñan ferroviario” es una reivindicación histórica y social para una Sierra que es nuestra columna vertebral, y que conectará política, económica y socialmente al Perú.

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