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OPINIÓN/ Perú Acción y la democracia en Venezuela

Escribe:  Francisco Diez-Canseco Távara (*)

 

Cuando la corrupción y la ineficiencia destruyen la confianza ciudadana, el riesgo no es solo la alternancia política, sino la desaparición de la democracia misma.

El mentor del tirano Nicolás Maduro fue Hugo Chávez, quien no llegó al poder mediante un golpe de Estado, sino aprovechando plenamente las garantías de la democracia venezolana. Ganó elecciones libres, utilizó la legalidad vigente y se presentó como redentor frente a un sistema político corroído. Esa es la mayor lección histórica que Venezuela ofrece hoy al Perú: la democracia también puede ser utilizada como instrumento para su propia demolición.

El caldo de cultivo fue evidente. Durante décadas, Acción Democrática y COPEI, los dos grandes partidos que compartieron el poder en Venezuela, cayeron en una combinación letal de corrupción, ineficiencia, clientelismo y divorcio con la ciudadanía. No supieron reformarse ni corregir sus excesos. Perdieron autoridad moral. Cuando la política se vacía de ética y resultados, queda abierta la puerta al aventurero.

Chávez supo explotar ese hartazgo social. Utilizó el descrédito del sistema para presentarse como antisistema, aunque su verdadero proyecto no era fortalecer la democracia, sino concentrar el poder. Con el cuento del llamado socialismo del siglo XXI ofreció justicia social, moralización y soberanía popular. En la práctica, ese discurso sirvió para justificar el desmontaje progresivo de los contrapesos democráticos y la sumisión de las instituciones.

La Asamblea Constituyente fue el punto de quiebre. Convocada en nombre del pueblo, se convirtió en un instrumento de captura del Estado. Desde allí se debilitó al Congreso, se subordinó al Poder Judicial y se eliminó toda fiscalización real. Todo se hizo invocando la voluntad popular y respetando, en apariencia, la legalidad vigente. La democracia fue vaciada desde dentro.

La experiencia venezolana demuestra que el autoritarismo moderno no siempre llega con tanques, sino con votos, aplausos y discursos redentores. Cuando la corrupción y la ineficiencia destruyen la confianza ciudadana, el riesgo no es solo la alternancia política, sino la desaparición de la democracia misma.

El Perú enfrenta hoy una situación peligrosa. La corrupción estructural, la incapacidad del Estado y el deterioro de la representación política han generado un profundo desencanto ciudadano. Ese escenario es terreno fértil para soluciones falsas y proyectos de poder sin límites ni controles institucionales.

La misión de Perú Acción es precisamente rescatar nuestra democracia: combatir la corrupción, enfrentar la ineficiencia del Estado y devolverle a la política ética, institucionalidad y sentido de servicio. No para destruir el sistema, sino para reconstruirlo y fortalecerlo, mediante la Revolución Pacífica.



(*) Presidente de Perú Acción / Presidente del Consejo por la Paz



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