en la segunda vuelta, el ganador obtendrá más del 50% de las preferencias, lo que le dará no solo legalidad, sino también la legitimidad necesaria.
Lo señalamos hace varias semanas: “todo está consumado”. Por las razones expuestas en su momento y sin negar las graves irregularidades en el proceso electoral, el tiempo nos dio la razón.
Hoy tenemos que enfrentar la realidad: en tres semanas el país decidirá su futuro entre dos candidatos con poco arraigo popular. Por un lado, Keiko Fujimori, con algo más del 17%; por otro, Roberto Sánchez, con el 12% de los votos válidos.
Sin embargo, en la segunda vuelta, el ganador obtendrá más del 50% de las preferencias, lo que le dará no solo legalidad, sino también la legitimidad necesaria.
Ninguno de los candidatos tendrá mayoría en el Congreso, por lo que requerirán negociar, pactar y consensuar para construir estabilidad y gobernabilidad política. Los números se inclinan a favor de Fuerza Popular para alcanzar dicho objetivo, lo cual es un factor importante a su favor.
Fuerza Popular es un partido sólido, estructurado, disciplinado y con experiencia. A diferencia de Juntos por el Perú, que es todo lo contrario: una amalgama de gentes con un solo factor en común, su ideología de izquierda. Este es otro factor a favor de KF.
Por último, y lo más importante, un gobierno de FP genera “expectativas” de estabilidad económica, seguridad jurídica, alta inversión privada y, en consecuencia, crecimiento económico, más y mejores empleos dignos, y mayor recaudación tributaria para obras y servicios públicos.
A diferencia de las “certezas” que produce Roberto Sánchez y sus planteamientos de izquierda, que en todas las épocas y países del mundo solo han dejado pobreza, como en Bolivia, Venezuela, Cuba, la ex Unión Soviética y un largo etcétera.
En tres semanas veremos si los electores, mayoritariamente, actuaron con el cerebro o lo hicieron con el hígado.