Exportar más es una buena noticia. Convertir esas exportaciones en un país desarrollado constituye la verdadera tarea.
Durante décadas, el Perú ha sido descrito como un país poseedor de enormes riquezas naturales, pero incapaz de transformarlas plenamente en desarrollo, industrialización y bienestar colectivo. Esa contradicción continúa vigente. Sin embargo, las cifras registradas durante los primeros meses de 2026 muestran que el país se encuentra ante una oportunidad económica excepcional: sus exportaciones crecen a una velocidad pocas veces observada y alcanzan niveles que habrían resultado impensables apenas algunos años atrás.
Entre enero y mayo de 2026, las exportaciones peruanas de bienes alcanzaron los 45 128 millones de dólares, cifra que representa un crecimiento del 37 % frente al mismo periodo del año anterior. Este resultado permitió que las ventas peruanas al exterior acumularan 25 meses de crecimiento ininterrumpido, confirmando que no se trata solamente de una recuperación momentánea, sino de una tendencia sostenida que se extiende por más de dos años.
El crecimiento de 2026 no apareció de manera repentina. Durante 2025, las exportaciones peruanas ya habían alcanzado un récord histórico de 90 082 millones de dólares, un 21 % más que en 2024. Fue el quinto año consecutivo en el que el país superó su propia marca exportadora. De acuerdo con el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo, el Perú se convirtió entonces en el tercer mayor exportador de Sudamérica y en el cuarto de América Latina.
Estas cifras revelan una transformación de gran magnitud. El Perú ha dejado de ser una economía exportadora relativamente pequeña para convertirse progresivamente en un actor relevante del comercio internacional. China, Estados Unidos y la Unión Europea continúan siendo sus principales mercados, pero también han adquirido creciente importancia países como India, Canadá y Suiza.
Durante los primeros cinco meses de 2026, las exportaciones a China llegaron a 17 390 millones de dólares, con un crecimiento de 44,3 %. Los envíos a Estados Unidos ascendieron a 4 275 millones y los dirigidos a la Unión Europea sumaron 3 957 millones.El crecimiento más sorprendente correspondió a India, cuyas compras al Perú alcanzaron los 4 798 millones de dólares, un incremento de 257,6 %.
La minería, el gran motor del crecimiento
La principal explicación del extraordinario resultado exportador se encuentra en la minería. Entre enero y mayo de 2026, las exportaciones mineras, metálicas y no metálicas, ascendieron a 33 393 millones de dólares, creciendo 53,1 %. Es decir, aproximadamente tres cuartas partes del valor exportado por el país durante ese periodo estuvieron vinculadas directa o indirectamente a la extracción de minerales.
El cobre generó exportaciones por 15 515 millones de dólares, un crecimiento de 48,2 %, mientras que las ventas de oro alcanzaron los 11 776 millones, aumentando 65,1 %. También crecieron considerablemente el plomo, el zinc y los concentrados de plata.
Este desempeño responde a una combinación favorable de mayores volúmenes exportados y mejores precios internacionales. El mundo atraviesa una profunda transformación energética, tecnológica y geopolítica. La electrificación del transporte, las energías renovables, las redes eléctricas, los centros de datos, la inteligencia artificial y el almacenamiento de energía demandan cantidades crecientes de cobre, plata y otros minerales.
El Perú, poseedor de importantes reservas geológicas, se encuentra en una posición privilegiada. Pero esa ventaja no garantiza por sí misma el desarrollo.
La historia demuestra que un país puede exportar enormes volúmenes de materias primas y continuar arrastrando pobreza, desigualdad territorial, precariedad institucional y baja productividad.
Por ello, el crecimiento de las exportaciones mineras debe ser recibido con optimismo, pero no con complacencia.
La agroexportación confirma su consolidación
Aunque la minería concentra la mayor parte del valor exportado, el crecimiento de la agroexportación representa posiblemente la transformación productiva más importante ocurrida en el Perú durante las últimas décadas.
Entre enero y mayo de 2026, las exportaciones agropecuarias alcanzaron los 4 732 millones de dólares, con un crecimiento de 5,3 %. Dentro de este sector, las exportaciones de frutas sumaron 2 720 millones y aumentaron 16,1 %. Destacaron los arándanos, las uvas, las paltas, el café, la quinua y los colorantes naturales.
Estos resultados demuestran que el Perú no está condenado a exportar exclusivamente minerales.
La combinación de diversidad climática, irrigación, tecnología agrícola, inversión privada, acuerdos comerciales y acceso a los mercados internacionales ha convertido a varias regiones de la costa y de los valles interandinos en plataformas agroexportadoras de importancia mundial.
Sin embargo, el modelo también enfrenta limitaciones. La agricultura exportadora requiere grandes cantidades de agua, infraestructura logística eficiente, seguridad jurídica, estabilidad sanitaria y una adecuada planificación territorial. El cambio climático, la reducción de los glaciares y la mayor frecuencia de sequías e inundaciones obligan a desarrollar una política nacional de almacenamiento, infiltración y aprovechamiento sostenible del agua.
El crecimiento agroexportador del futuro dependerá menos de ampliar indiscriminadamente las áreas cultivadas y más de aumentar la productividad, utilizar eficientemente el agua y desarrollar productos con mayor valor agregado.
Las regiones comienzan a participar de una riqueza antes centralizada
Uno de los aspectos más relevantes del crecimiento exportador es la participación de las regiones. Entre enero y mayo de 2026, las exportaciones procedentes del interior del país alcanzaron cerca de 38 977 millones de dólares, equivalentes al 86,6 % del total nacional. Crecieron 40,6 % respecto del mismo periodo de 2025, y 19 regiones incrementaron sus ventas al exterior.
Arequipa exportó 4 961 millones de dólares; Puno, 4 537 millones; Ica, 4 283 millones; Áncash, 4 254 millones; y La Libertad, 3 255 millones. También destacaron Junín, Moquegua, Apurímac, Cajamarca y Huánuco.
Estas cifras muestran un Perú productivo que muchas veces permanece oculto bajo la confrontación política, la inseguridad y el pesimismo cotidiano. En numerosas regiones existen empresas, trabajadores, agricultores, mineros, transportistas y emprendedores que producen para los mercados más exigentes del mundo.
Pero también aparece una contradicción difícil de ignorar: muchas de las regiones que generan la mayor riqueza exportadora siguen presentando carreteras deficientes, hospitales incompletos, escuelas precarias, falta de agua potable, informalidad y altos niveles de pobreza.
Exportar más no significa automáticamente vivir mejor. Para que la riqueza exportadora se convierta en desarrollo, se necesita un Estado capaz de invertir bien, ejecutar proyectos con eficiencia, reducir la corrupción y transformar los ingresos fiscales en servicios públicos de calidad.
Chancay y la nueva geografía del comercio peruano
El crecimiento de las exportaciones coincide con la transformación de la infraestructura logística del país. El puerto del Callao continúa siendo la principal salida marítima, mientras que Matarani cumple una función fundamental para el sur peruano. A ellos se ha sumado el Terminal Portuario de Chancay, cuyas exportaciones llegaron a 322 millones de dólares entre enero y mayo de 2026, creciendo 181,8 %.
Chancay puede reducir tiempos de navegación hacia Asia, facilitar el comercio con China y convertir al Perú en un centro logístico del Pacífico sudamericano. Sin embargo, el verdadero valor del puerto dependerá de su conexión con carreteras, ferrocarriles, parques industriales, centros de almacenamiento y corredores productivos.
Un gran puerto que se limite a embarcar minerales y productos primarios reproducirá el modelo histórico de extracción y exportación. En cambio, un puerto conectado con industrias, plantas de transformación, servicios logísticos y cadenas regionales de producción puede modificar la estructura económica del país.
El desafío consiste en evitar que Chancay sea solamente una puerta por la que salga la riqueza peruana y convertirlo en una plataforma por la que ingresen tecnología, inversión, conocimiento y nuevas capacidades industriales.
El riesgo de confundir precios elevados con una transformación estructural
El crecimiento del 37 % es extraordinario, pero debe interpretarse correctamente. Una parte importante del aumento proviene de la elevación de los precios del cobre y del oro. Esto significa que el valor exportado puede crecer aun cuando la producción física no aumente en la misma proporción.
Los precios internacionales de los minerales son cíclicos. Pueden elevarse durante algunos años y luego disminuir como consecuencia de una desaceleración mundial, cambios tecnológicos, nuevas fuentes de abastecimiento o tensiones comerciales.
Por esa razón, el Perú no debe construir su futuro suponiendo que los actuales precios se mantendrán indefinidamente. Los ingresos extraordinarios deben utilizarse para mejorar infraestructura, educación, innovación, investigación científica, disponibilidad de agua y capacidad productiva.
El peor error sería gastar toda la bonanza como si fuera permanente. El mejor camino consiste en utilizarla para preparar al país para el momento en que los precios internacionales dejen de ser tan favorables.
Exportar más, pero también exportar mejor
El Perú necesita continuar incrementando sus exportaciones, pero debe proponerse simultáneamente cambiar su composición. No es lo mismo exportar mineral concentrado que cobre refinado, componentes eléctricos, conductores, maquinaria o productos tecnológicos. Tampoco es igual exportar fruta fresca que alimentos procesados, ingredientes especializados, productos farmacéuticos naturales o marcas peruanas posicionadas internacionalmente.
El número de empresas exportadoras llegó a 7 325 durante los primeros cinco meses de 2026, y el 65 % eran micro, pequeñas y medianas empresas. Este dato es importante porque revela que el comercio exterior no pertenece únicamente a las grandes corporaciones.
Sin embargo, muchas empresas pequeñas exportan montos reducidos, enfrentan elevados costos logísticos y tienen dificultades para mantener una presencia permanente en el exterior.
El Estado debe facilitar su acceso al financiamiento, certificaciones sanitarias, inteligencia comercial, comercio electrónico, tecnología y servicios logísticos. El objetivo no debe limitarse a aumentar el número de exportadores, sino lograr que más empresas sobrevivan, crezcan y se consoliden en los mercados internacionales.
Una oportunidad histórica
El Perú atraviesa uno de los mejores momentos de su historia exportadora. Las cifras de 2025 y de los primeros meses de 2026 demuestran que existe una economía productiva capaz de crecer incluso en medio de la inestabilidad política y de las deficiencias institucionales.
Pero el éxito exportador no debe medirse solamente por la cantidad de dólares que ingresan al país. Debe evaluarse también por su capacidad para generar empleo formal, reducir la pobreza, diversificar la producción, elevar la productividad y mejorar la calidad de vida de las regiones que producen esa riqueza.
El país dispone hoy de minerales estratégicos, una agroindustria competitiva, recursos pesqueros, biodiversidad, tratados comerciales, nuevos puertos y una ubicación privilegiada frente al océano Pacífico. Pocas naciones poseen simultáneamente tantas ventajas.
La pregunta decisiva ya no es si el Perú puede exportar más. Las cifras demuestran que puede hacerlo. La verdadera pregunta es si será capaz de transformar este ciclo extraordinario en industrialización, conocimiento, infraestructura y bienestar duradero.
El Perú ha conocido otras épocas de abundancia: la plata, el guano, el caucho, la harina de pescado, el petróleo y distintas bonanzas mineras. En muchos casos, la riqueza salió del territorio sin modificar suficientemente la vida de sus habitantes.
Esta vez debería ser diferente.
El crecimiento exportador de 2026 puede ser recordado en el futuro como el comienzo de una transformación económica profunda o simplemente como otra oportunidad perdida. La diferencia dependerá de las decisiones que adoptemos ahora: ahorrar e invertir con responsabilidad, desarrollar industrias, mejorar la infraestructura, fortalecer las regiones y convertir nuestros recursos naturales en capacidades permanentes.
Exportar más es una buena noticia. Convertir esas exportaciones en un país desarrollado constituye la verdadera tarea.