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OPINIÓN/ Jorge Ruiz de Somocurcio: Reconocimiento a su candidatura a la alcaldía de Barranco

Escribe: Luis Benavente

Director de Vox Populi Empresarial

«Las elecciones municipales no deberían decidirse por quién hace más ruido, sino por quién demuestra mayor capacidad para gobernar.»

En la política peruana nos hemos acostumbrado a evaluar a los candidatos por su popularidad, por su capacidad de aparecer en los medios o por el volumen de sus promesas. Muy pocas veces nos detenemos a observar con atención su trayectoria profesional, su calidad personal y, sobre todo, la seriedad de sus propuestas.

Por eso considero importante reconocer la candidatura del arquitecto Jorge Ruiz de Somocurcio a la alcaldía de Barranco. Se trata de una postulación que reúne experiencia, conocimiento de la ciudad, capacidad profesional y una visión clara sobre el futuro del distrito.

Conozco las cualidades personales y profesionales de Jorge. Es un hombre con una sólida formación, una amplia experiencia y una genuina preocupación por Lima y por la manera en que se desarrollan sus distritos. Además de sus credenciales como arquitecto y urbanista, posee una importante calidad humana, capacidad para escuchar y disposición para dialogar.

Estas características son especialmente necesarias en la gestión municipal. Un alcalde no debe ser solamente una persona que administra recursos o ejecuta obras. Debe ser alguien que entienda la ciudad, que sepa hacia dónde conducirla y que tenga la capacidad de articular a los vecinos, los especialistas, los empresarios y las instituciones alrededor de una visión compartida.

Barranco necesita precisamente eso.

El distrito posee una identidad incomparable. Su patrimonio arquitectónico, su historia, su cultura, su actividad artística, su gastronomía y su cercanía con el mar lo convierten en uno de los espacios más valiosos de Lima. Sin embargo, también enfrenta problemas que se han ido acumulando durante muchos años.

La inseguridad, la congestión vehicular, la presión inmobiliaria, la contaminación sonora, la pérdida de espacios públicos y el deterioro de algunas construcciones patrimoniales afectan directamente la calidad de vida de los vecinos. A ello se suma la difícil convivencia entre la actividad residencial, el turismo, el entretenimiento nocturno y el desarrollo comercial.

No se trata de impedir que Barranco crezca. Tampoco de rechazar la inversión privada o convertir al distrito en una pieza de museo. El verdadero reto consiste en lograr que el crecimiento se produzca con orden, equilibrio y respeto por la identidad barranquina.

Ese es uno de los principales méritos del plan de gobierno presentado por Jorge Ruiz de Somocurcio para el periodo 2027-2030. El documento no se limita a ofrecer obras aisladas ni soluciones de corto plazo. Plantea una visión integral del distrito y reconoce que Barranco necesita una hoja de ruta que vaya más allá de una sola gestión municipal.

La propuesta central es la elaboración de un Plan Urbano Distrital con una perspectiva de diez años, construido con la participación de los vecinos, las autoridades metropolitanas, los especialistas y los actores privados. Este instrumento permitiría ordenar el crecimiento, regular adecuadamente el desarrollo inmobiliario, proteger el patrimonio y planificar la movilidad y los espacios públicos.

Esta es una propuesta especialmente importante porque muchos de los problemas de Barranco tienen un origen común: la ausencia de planificación. Cuando no existe una visión de ciudad, cada proyecto se aprueba de manera aislada, las decisiones responden a la coyuntura y las soluciones terminan siendo improvisadas.

Un distrito no puede desarrollarse de esa manera.

El plan presta especial atención a la protección del patrimonio. Barranco es uno de los espacios de mayor valor histórico y arquitectónico del país, pero durante los últimos años ha estado sometido a una creciente presión inmobiliaria. La propuesta plantea identificar los inmuebles en riesgo, proteger el núcleo histórico y establecer reglas que permitan compatibilizar la actividad residencial con el turismo y el comercio.

Este punto refleja una visión equilibrada. No se propone detener la inversión, sino encauzarla. El desarrollo inmobiliario puede contribuir positivamente al distrito, pero debe ir acompañado de infraestructura, servicios, áreas verdes y respeto por el entorno urbano.

Otro tema central es la movilidad. Barranco funciona como una zona de paso entre diversos sectores de Lima y soporta un flujo vehicular que supera ampliamente su reducida extensión territorial. El plan propone formular un sistema integral de movilidad, priorizar al peatón, ordenar los estacionamientos y revisar el recorrido del Metropolitano, manteniendo alternativas de transporte público para los vecinos.

En materia de seguridad ciudadana, se plantea incrementar el patrullaje integrado entre la Policía Nacional y el Serenazgo, modernizar las cámaras de videovigilancia, recuperar parques e impulsar una mayor participación de las juntas vecinales. También se fijan metas concretas, como aumentar la capacidad operativa del Serenazgo y reducir la inseguridad.

El documento incorpora, además, propuestas dirigidas a los jóvenes. La creación de la Casa de la Juventud, los programas de capacitación, los convenios con universidades e institutos, el apoyo al emprendimiento y la recuperación de espacios deportivos muestran una preocupación por ampliar las oportunidades y fortalecer la participación juvenil.

También es acertado que el plan vincule la cultura con el desarrollo económico. Barranco puede consolidarse como la capital cultural de Lima, pero para ello necesita conservar su patrimonio, apoyar a sus artistas, promover circuitos turísticos y llevar las actividades culturales a todos los sectores del distrito, no solamente a sus espacios más conocidos.

En el campo económico, destaca la propuesta de apoyar a los mercados y a los emprendedores barranquinos mediante capacitación, digitalización y ferias que les permitan aprovechar el importante flujo de visitantes que recibe el distrito.

Finalmente, el plan plantea una gestión municipal basada en la transparencia, la meritocracia, la rendición de cuentas y la participación ciudadana. Se propone que las contrataciones sean realizadas mediante concursos o procesos competitivos y que los vecinos participen de manera periódica en mesas de trabajo y espacios de evaluación de la gestión.

Las propuestas tendrán que convertirse en decisiones, presupuestos, obras y resultados. La alta calidad del plan permite reconocer que existe conocimiento del distrito, capacidad técnica y una visión definida.

En una elección municipal, los ciudadanos deben comparar trayectorias, equipos y propuestas. No basta con escoger al candidato más conocido o al que realiza la campaña más visible. Debemos preguntarnos quién está realmente preparado para gobernar, quién comprende los problemas y quién puede conducir al distrito hacia un futuro mejor.

Desde esa perspectiva, la candidatura de Jorge Ruiz de Somocurcio merece ser reconocida. Su trayectoria como arquitecto, su experiencia profesional, su calidad humana y la seriedad de su plan de gobierno representan una oportunidad para que Barranco recupere el orden, proteja su identidad y avance hacia un desarrollo urbano sostenible.

Barranco necesita una autoridad que no solamente administre el presente, sino que sea capaz de pensar y construir su futuro.

La candidatura de Jorge Ruiz de Somocurcio habla de la importancia de recuperar el valor de las elecciones municipales, y de elegir autoridades por mérito y capacidad.

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