El país está harto de palabrería vacua y de promesas falsas.
Estamos a un paso del cambio de gobierno y tenemos al frente diversas tareas breves, pero importantes, antes de que éste se produzca. Si les parece, vamos a enumerarlas:
1. Definición de la gracia para Castillo
En realidad esto es más bien una faena que una labor. El presidente Balcázar ha dado suficiente muestra de que tiene una misión: liberar al golpista Castillo a como dé lugar. No sabemos de dónde deriva su compromiso pero no hay duda de que lo tiene. Primero intentó el indulto y fracasó en su burdo montaje; luego vino la gracia presidencial y también desbarró. Es probable que lo hubiera hecho a pesar de todo si no hubiera enfrentado la férrea oposición de su ministro de Justicia, Luis Enrique Jiménez Borra, auténtico héroe de la democracia.
No existe asidero legal para otorgar beneficio alguno a quien quebró el orden constitucional el 7 de diciembre de 2022, violando flagrantemente el artículo 45° de la Constitución y activando la obligatoria desobediencia ciudadana que garantiza su artículo 46°.
Cierto es que Balcázar puede hacerlo “al caballazo” hasta el 27 de julio, pero expondría a la ignominia y a la ruina legal el fin de su mandato.
2. Elección de las Mesas Directivas del Congreso
Jorge Nieto, de cuya capacidad y habilidad ahora dudo, pretendió hacerse de la Presidencia de la Cámara Baja en alianza con Juntos por el Perú, Ahora Nación y Obras, con el discurso de que el Congreso debe ser conducido por la oposición como condición sine qua non de democracia. El argumento es necio y el intento también, huele a oportunismo y a aprovechamiento. A hoy parece que nadie le hace caso.
Lo más probable es que ambas Mesas Directivas estén a cargo de la alianza Fuerza Popular-Renovación Popular y que cuenten con la presencia de algunos miembros de la llamada oposición.
3. Designación del Gabinete
Va claro que el Consejo de Ministros juramentará tras el discurso presidencial de la nueva gobernante. Ello no obsta que su composición sea pública lo antes posible. Dos razones abonan a favor de anticipar esta información. Una, la necesidad de dar confianza a la ciudadanía. Dos, tener claro el rumbo del gobierno. Con tanta inestabilidad previa, es bueno algo de predecibilidad.
4. Discurso presidencial
Finalmente el discurso presidencial es crucial, tanto en forma como en contenido. En forma debe ser breve, ejecutivo con floritura mínima. En contenido debe estar presidido por una visión de país clara, alcanzable e integradora. Luego estrategias, objetivos, resultados esperados y acciones. Todo con indicadores y metas que acrediten su viabilidad. El país está harto de palabrería vacua y de promesas falsas.