Después de Irán tienen que venir necesaria y consecuentemente Cuba y Nicaragua que no nos aportan nada y que son dos satrapías comunistas ajenas a nuestros valores. Ese es el hueso que hay que lanzarle a los americanos que se irán felices moviendo la cola.
En mi último artículo para el diario Expreso «Perú rompe con Irán» afirmo que nuestro país hizo bien en romper relaciones diplomáticas con un Estado terrorista. Evidentemente este ha sido un guiño, como lo fue en su momento la ruptura de relaciones diplomáticas con Corea del Norte, al Gran Hegemón de nuestro continente y del mundo: los Estados Unidos de América. Esta postura de la presidente que dirige la política exterior y de su canciller que la aplica ha sido criticada desde la izquierda, lo que no es ninguna novedad, pero también desde la derecha, alegando que ese no es nuestro problema.
El argumento más sólido para esta ruptura ha venido paradójicamente de una feroz crítica de Augusto Álvarez Rodrich que advierte que si mañana Irán pone una bomba en el Perú, la responsabilidad caerá sobre Keiko Fujimori y Carlos Espá. Lo dicho por Álvarez Rodrich no hace más que afirmar el argumento central de la ruptura de relaciones con Irán, un Estado que conduce su política exterior a bombazos arteros, es decir un Estado terrorista. Pero sigamos con la política exterior del Perú.
Este último miércoles puso pie en nuestro país Marco Rubio, secretario de Estado de los Estados Unidos en una gira por LATAM. Rubio viene con la misión política específica de contener la penetración china en el sub continente del que Perú forma parte, es decir por cuestiones geopolíticas. Al Perú llega tarde. China, el Estado comunista de capitalismo de Estado es desde hace 10 años el principal socio comercial de nuestro país, muy por delante de los Estados Unidos.
China ha invertido en muchos rubros como la minería e infraestructura de la que el Perú carece, siendo la joya de la corona el megapuerto de Chancay, un hub para el comercio de China y el Perú para toda sudamérica. Estados Unidos considera que ese megapuerto es una amenaza potencial para sus intereses y su seguridad nacional, o al menos para su zona de influencia (sí, existen zonas de influencia). Pero los hechos son los hechos. El Perú a estas alturas no puede deshacerse de los chinos porque sería un suicidio para nuestra economía, sobre todo porque no hay quién los reemplace.
Rubio viene con una oferte grandilocuente bajo el brazo: El escudo para las Américas. Básicamente se trata de un ambicioso plan de seguridad contra la criminalidad organizada y el terrorismo internacional que hoy son el flagelo número uno de varias de nuestras sociedades, ni qué se diga el Perú. EE.UU ofrece inteligencia y recursos tecnológicos de primera mano además de la cooperación invalorable del FBI para terminar con estas bandas transnacionales.
Es, sin duda, una gran oferta que el Perú necesita y a la que acaba de adherirse, así como ser «socio observador de la OTAN» (un organismo que está en franca decadencia, paradójicamente gracias a EE.UU). Pero la oferta de Rubio no puede ser intercambiable por expectorar a los chinos y todas sus inversiones en nuestro país con una década liderando las mismas. Máxime si Rubio no trae el reemplazo.
En un artículo publicado en El Comercio (sí, todavía existe), el secretario de Estado critica el proceder de hacer negocio de los chinos, turbio y hasta gangsteril. No le falta razón en muchas cosas. A cambio propone una cartera de empresas privadas norteamericanas transparentes para invertir en el Perú. ¿Cuáles son esas empresas? Nadie sabe. A buen entendedor pocas palabras. Pero lo cierto lo concreto y lo real es que no podemos pelearnos ni desafiar a EE.UU, porque no estamos en condiciones para hacerlo.
Un país que tiene el poder de extraer de su bunker al sátrapa Nicolás Maduro y liquidar a toda su guardia pretoriana cubana para llevarlo como un delincuente ante una corte de NYC por narcotráfico, y luego someter al bombástico régimen comunista venezolano sin mover ni una sola pieza llevándose todo su petróleo es una realidad. Un régimen que es capaz de enviar al Séptimo Cielo al líder fanático de Irán y a toda su familia en un ataque quirúrgico al otro lado del planeta es otra realidad que no se puede ocultar.
Entre comunistas, caviares y derechistas idiotas (y algunos «principistas de Torre Tagle») se ha formado una coalición espontánea que apela a la «soberanía de los Estados» y en especial a la nuestra. Se habla de «dignidad nacional». Todo esto sería apenas atendible si existiera algún atisbo de derecho internacional.
Pero yo parto de la premisa de que el derecho internacional descansa en paz. Prima hoy la ley de los hegemónes. Y déjenme decirles una cosa bien clara sobre la «soberanía». En el mundo sólo tienen soberanía 9 países: Estados Unidos, Rusia, China, Corea del Norte, India, Pakistán, Francia, Reino Unido (a medias) e Israel. ¿Y saben por qué? Porque tienen el «arma de la paz» de El planeta de los simios, es decir lo que Nixon llamaba the Big One, Little Boy o Fat man: la bomba. Todos los demás Estados tienen la soberanía y la dignidad nacional en tinta sobre papel en sus constituciones y nada más.
Así que comunistas, caviares y derechistas idiotas mejor cállense la boca y piensen antes de hablar. Rusia, uno de los hegemónes, apenas puede con Ucrania en una guerra más prolongada que la Primera Guerra Mundial. China, otra de los hegemónes, no se atreve con «la provincia rebelde» garantizada su seguridad por EE.UU. ¿Cuándo han visto una flota rusa defender a su exaliada Venezuela? ¿Y alguien cree que si China no puede con Taiwán va a defender sus inversiones y su puerto de Chancay en el Perú? Los interesados en defender ese puerto y esas inversiones somos nosotros con inteligencia. Escudo de la Américas, bienvenido lo necesitamos. Pero China no se toca.
Qué podemos dar a cambio de que no nos afecte en nada y satisfaga a los EE,UU.? Cuba y Nicaragua, dos Estados comunistas que Rubio odia, sobre todo Cuba. Y digo sobre todo Cuba porque es la hidra de donde provienen los intentos cada vez menores de desestabilizar a los regímenes latinoamericanos con sus servicios de inteligencia G2. ¿O ya se olvidaron del «Gallo Zamora» desde la embajada cubana en el Perú? ¿Y quién financia a Vladimir Cerrón, su fuga y su partido? ¿Y a esos grupúsculos de la izquierda peruana?
Pues bien, ha llegado la hora de ser consecuentes para proteger nuestros intereses que de eso se trata la diplomacia de Estado. Después de Irán tienen que venir necesaria y consecuentemente Cuba y Nicaragua que no nos aportan nada y que son dos satrapías comunistas ajenas a nuestros valores. Ese es el hueso que hay que lanzarle a los americanos que se irán felices moviendo la cola. Y a los chinos hay que ponerles reglas claras y drásticas. Total ellos nos necesitan y a miles de kilómetros de distancia no nos pueden hacer nada. Estados Unidos está a ocho horas en avión comercial del Perú. ¿Capisci?