¿Quién puede, sin mentir, defender la “reforma política” de Fernando Tuesta y su banda de woke pandino?
Supongo que a nadie le cabe duda del enorme fracaso de la “reforma política” del desafinado dueto Vizcarra-Tuesta. Nos dijeron que, con ella, iban a limpiar la corrupción, y ahora la corrupción galopa a todo nivel. Nos dijeron que, con ella, los partidos se iban a fortalecer y depurar, y ahora tenemos más de cuarenta partidos (muchos familiares, otros tantos con dueño propio y, espero que menos, a cargo de auténticas bandas criminales). Nos dijeron que, con ella, la calidad de los políticos mejoraría y ahora tenemos a pájaros fruteros inundando los tres niveles de gobierno.
¿Quién puede, sin mentir, defender la “reforma política” de Fernando Tuesta y su banda de woke pandino? ¿No sería mejor, digo, que reconozcan que la “evacuaron”, que se disculpen y que dejen la política a otros que buen criterio tengan?
Vanas esperanzas. La huevera no es caviar aunque sea más rica.
Olvidemos a Tuesta por un largo rato y hagamos propuestas.
Los peruanos nos agotamos del período presidencial-congresal de cinco años. Llegamos con respirador. Entonces reduzcámoslo a cuatro años. ¿Y si un presidente sale bueno, señor? Pues entonces aceptemos una (una no más) posible reelección.
Los congresistas se aprovechan de su posición para medrar y negociar. Entonces renovemos por mitades el Congreso a medio término. Así se irán los congresistas (diputados o senadores) más corruptos y quedarán los menos malos (no seamos optimistas). Si aparecieran nuevos “niños” sabrán que serán expectorados pronto y que sus posibilidades negociadoras disminuirán, así como aumentarán las de habitar la cárcel a la brevedad.
Nos molesta la inmunidad relativa de las altas autoridades. Procedamos a eliminarla y a cambiarla por el “juicio de residencia”. Por ejemplo, presidentes, ministros, congresistas y jueces y fiscales supremos deben permanecer en el país digamos dos años, una vez concluida su función para ser debidamente investigados y eventualmente sancionados, a cargo de un sistema especializado, autónomo y célere en el Poder Judicial y el Ministerio Público. Si a lis dos años no se les prueba nada, abur y buena suerte. Si se encuentra algo, se puede ampliar el plazo por dos años más. Nadie puede ni debe ser objeto de persecución eterna. Eso no es justicia, eso es la Inquisición.
Como esto quizá alguna otra cosa, pero tenemos que poner orden y recordar que el pescado se pudre por la cabeza. Y por la cabeza tenemos que comenzar. Lo demás viene por su cuenta.