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OPINIÓN/ Segunda vuelta

Escribe: César Campos R.

 

Igual que en las jornadas electorales precedentes, estamos obligados a escoger entre candidatos de muy escasa representatividad. Fujimori obtuvo 17,18 % y Sánchez, 12,03 %

Hoy ingresaremos oficialmente a la segunda ronda electoral para definir, entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez, la Presidencia de la República 2026-2031 —periodo siempre amenazado con recortarse por la vía de la vacancia—, al proclamarse los resultados por parte del Jurado Nacional de Elecciones.

Esto pese a las graves irregularidades detectadas en la primera vuelta y las legítimas protestas de un sector de la población que siente arrebatado el libre ejercicio de su voto, sea mediante la secuela de actos corruptos a cargo de funcionarios de la Oficina Nacional de Procesos Electorales o mediante un fraude. Fraude que no ha llegado a probarse con el rigor suficiente de acuerdo con el marco normativo.

La magra diferencia de 22 210 sufragios a favor de Sánchez sobre Rafael López Aliaga deja una enorme duda histórica en torno a la validez de las denuncias de este último y ensombrece, de todas maneras, la senda de los comicios. Pero, como lo dijo el caudillo Nicolás de Piérola, dos veces presidente del Perú, somos el país de “las desconcertadas gentes” y de los hechos consumados.

Y ya era un hecho consumado que habría ballotage cuando López Aliaga persistió en exhibir su mal temperamento y ánimo belicoso contra todo aquel que osara levantar un modesto dedo discrepante de sus ideas o dichos, algo que lo desgració las últimas semanas de campaña.

Imitar a Donald Trump o a Javier Milei en una colectividad mayoritariamente bañada por el agua tibia desde los tiempos virreinales le hizo perder votos. Menos podía otorgarle firmeza a su liderazgo para socializar el reclamo de nuevas elecciones.

Igual que en las jornadas electorales precedentes, estamos obligados a escoger entre candidatos de muy escasa representatividad. Fujimori obtuvo 17,18 % y Sánchez, 12,03 %.

Consecuencia de un sistema político perverso y frágil que algunos venimos denunciando hace más de una década y que va deteriorándose aún más. Salga quien salga elegido, no recibirá la banda presidencial como depositario de la enorme confianza nativa o de un gran entusiasmo patriótico. Ganarse ambas expresiones será difícil, pero no imposible.

Para ello, cómo no, es urgente dilucidar las agendas de los aspirantes. Aunque Sánchez intenta banalizar la importancia de los debates —si es que son varios— llevando el tema a la definición del lugar o lugares donde deberían realizarse, lo serio y prioritario es precisar la temática.

Primero, saber qué se ofrece para combatir la inseguridad ciudadana y las fuentes financieras de la criminalidad organizada, especialmente la minería ilegal. Segundo, cómo afrontar la crisis energética mundial y la de la empresa estatal Petroperú. Tercero, las acciones inmediatas para mitigar los impactos del Fenómeno del Niño global. Cuarto, la reducción de la pobreza y la participación de más peruanos en las economías productivas.

Quinto, rediseñar el modelo descentralizador, responsable del fracaso redistributivo y de los altos índices de corrupción. Hay 14 exgobernadores procesados y 10 presos, entre ellos el ícono delincuencial Martín Vizcarra.

Parafraseando al siniestro César Borgia, lo que no hicimos en el almuerzo lo haremos en la cena. Solo quedan tres semanas de campaña.

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