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OPINIÓN/ Aviación Peruana: entre el olvido y el espejismo de Chinchero

Escribe: Alexandre Ridoutt Agnoli

 

El temor a convocar a los principales actores es quizá el reflejo más evidente de la falta de transparencia en torno a Chinchero.

Culminó septiembre, mes conmemorativo de la aviación nacional, y la imagen que recibió el país de parte de sus autoridades no fue la que esperaba la comunidad aeronáutica.

Las instituciones llamadas a representar la memoria y la proyección de nuestra aviación olvidaron rendirle honores al pionero y héroe Jorge Chávez Dartnell.

Ni el 110° aniversario del Aeroclub del Perú, ni el Festival Aerodeportivo en el aeródromo de Libmandi, ni la ceremonia en honor a Jorge Chávez en Jesús María contaron con la presencia de la máxima autoridad del sector: el director de la DGAC. Prefirió priorizar su recargada agenda, dejando a la aviación civil sin representación oficial en sus fechas más simbólicas. ¿Fue indiferencia, falta de liderazgo o, peor aún, temor de enfrentar a una comunidad aeronáutica que cada vez confía menos en quienes dicen dirigirla?

Mientras tanto, el Ministro de Transportes y Comunicaciones ha encontrado suficientes energías para cuestionar, con razón técnica o simple oposición política, cada obra o iniciativa de transporte que impulsa la Municipalidad Metropolitana de Lima. Pero cuando se trata del proyecto de infraestructura aeronáutica más polémico de las últimas décadas el aeropuerto de Chinchero, la autoridad, ya sea por mala asesoría o por simple falta de coherencia, persiste en un silencio preocupante. Los meses pasan y las obras avanzan sin que se hagan públicos los Estudios de Seguridad Operacional (ESO), requisito básico para asegurar que un aeropuerto funcione en condiciones seguras y sostenibles.

Paralelamente el gobierno y sus ministros se jactan de haber participado en InPerú 2025, feria internacional para promocionar inversiones en el país, presentando a Chinchero como la joya de la corona. Sin embargo, hasta hoy no existen estudios que aseguren su operación ni su rentabilidad sin que el Estado tenga que subvencionar las operaciones, o que la futura concesión termine en el CIADI por vicios contractuales y omisiones operacionales derivados de cláusulas mal diseñadas. Lo más revelador es que ningún operador nacional ni internacional ha manifestado ni hecho público su intención de operar rutas de corto, mediano o largo alcance hacia dicho aeropuerto.

El temor a convocar a los principales actores es quizá el reflejo más evidente de la falta de transparencia en torno a Chinchero.

Frente a este panorama, lo que corresponde no solo es un pronunciamiento claro y responsable de las instituciones que deberían velar por la seguridad, transparencia y viabilidad del proyecto el MTC, la DGAC, CORPAC, ProInversión y la Contraloría General de la República, sino también la convocatoria a una mesa de trabajo con operadores aéreos, centros de estudios aeronáuticos, asociaciones y sindicatos de pilotos, representantes de la comunidad aeronáutica y medios de comunicación.

Septiembre, mes de la aviación nacional, hubiera sido la ocasión perfecta para hacerlo, pero la oportunidad pasó de largo, como si la voz de los principales actores del sector no mereciera ser escuchada.

El silencio de todas estas instancias alimenta la sospecha de que se sigue invirtiendo a ciegas millones de dólares en un aeropuerto que, de resultar inoperable, pasará a la historia no como un motor de desarrollo sino como un monumento al despropósito.

De no corregirse el rumbo, Chinchero corre el riesgo de convertirse no en el hub aéreo que el sur andino necesita, sino en el mercado artesanal más grande del país, con instalaciones modernas que nunca verán despegar vuelos regulares.

En el mejor de los casos, podría terminar convertido en el autódromo más alto del mundo, promocionando un Gran Prix “Premio del Inca” en lugar de cumplir su verdadera función aeroportuaria.

Ese podría ser el destino final de un proyecto presentado como la gran promesa de desarrollo, pero que hoy se sostiene más en discursos que en certezas técnicas y operacionales. Nació con la ambición de conectar al Cusco con el mundo, pero ha terminado atrapado en la incertidumbre, la opacidad y la desconfianza.

Hoy inicia octubre, el mes morado, un tiempo de fe y meditación para el pueblo peruano. Que el Señor de los Milagros nos ilumine en 2026 para elegir autoridades capaces de dirigir con responsabilidad los destinos del país durante los próximos cinco años, y que no volvamos a repetir la historia de las últimas dos décadas, cuando la indiferencia y el odio nos llevaron a votar con resultados que hoy lamentamos.

Esa misma falta de visión se ha reflejado en la aviación peruana, que no merece olvido ni espejismos: merece memoria, respeto y decisiones responsables.

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