La encíclica de León XIV abre la posibilidad de humanizar la revolución tecnológica antes de que sea demasiado tarde
La encíclica de León XIV publicada el lunes pasado marca una nueva etapa histórica en que la defensa de la dignidad humana ya no se libra solo en el terreno político o económico, sino también en el territorio invisible de los datos, los algoritmos y la inteligencia artificial. El desarrollo tecnológico ha sido presentado como promesa de progreso. Pero detrás de esa fascinación se consolida un nuevo poder global capaz de influir sobre la información, las emociones, las decisiones y hasta la percepción de la realidad.
Un poder silencioso, invisible y universal. La encíclica introduce un hecho nuevo y trascendental: la máxima autoridad espiritual de millones que integran la Iglesia Católica advierte sobre los riesgos de la tecnología separada de los valores humanos. No rechaza la ciencia ni la innovación, trata de impedir que el ser humano sea subordinado a sistemas que reducen la libertad, la conciencia y la dignidad al cálculo algorítmico. El mensaje es esencial para el mundo y en especial para los jóvenes.
El poder tecnológico trabaja sobre las mentes. Como señalaba Manuel Castells, el poder se construye en la mente de las personas. Pero también en la mente se construye la resistencia. La conciencia no es espontánea. Nace del conocimiento. Y cuando las nuevas generaciones comprenden cómo operan los mecanismos invisibles de manipulación, segmentación y captura de la subjetividad, surge una nueva defensa de la libertad humana.
La encíclica de León XIV abre la posibilidad de humanizar la revolución tecnológica antes de que sea demasiado tarde. El Papa introduce una legitimidad distinta: la defensa espiritual de la dignidad humana frente a la captura tecnológica de la conciencia. Y allí la inteligencia artificial y los datos son centrales. Los datos son hoy la materia prima del poder y hay mucho que hacer y decir sobre ellos. Seguiremos.