resulta inaceptable que se pretenda presionar a la mandataria mediante listas ministeriales apócrifas, filtradas presumiblemente por los propios interesados o por terceros con intenciones poco claras
Aquietadas las aguas luego de la esperada proclamación, por parte del Jurado Nacional de Elecciones, de Keiko Fujimori como la primera presidenta elegida por voto popular en la historia de nuestro país, ya comienzan a moverse las fichas de cara a la asunción del cargo de Fujimori este 28 de julio.
Por lo pronto, el candidato perdedor en segunda vuelta, Roberto Sánchez, quien se resiste tozudamente a reconocer oficialmente los resultados electorales, no ha tenido mejor idea que anunciar una suerte de frente de izquierda con el actual senador electo y excandidato presidencial Alfonso López Chau —séptimo lugar en la primera vuelta— y con el también excandidato Ricardo Belmont —quinto lugar en la primera vuelta—. Alianza precaria, habida cuenta de que Sánchez no fue elegido diputado tras obtener una votación irrisoria en la contienda congresal, y Belmont tan solo se presentó a la elección presidencial.
Por su parte, el progresista de centroizquierda Jorge Nieto —cuarto en la primera vuelta—, a quien muchos ven como un fiel de la balanza entre la derecha oficialista y la izquierda opositora, anunció que no iba a asumir puesto alguno en el gobierno de Fuerza Popular. Extraño deslinde cuando, hasta el momento, nadie lo había invitado a nada.
De otro lado, lamentamos la equivocada decisión del líder conservador de derecha Rafael López Aliaga —tercero en la primera vuelta— de insistir en no juramentar como senador, cargo para el cual fue elegido y que tiene carácter irrenunciable, para intentar postular como teniente alcalde de Lima. Como se sabe, al no haber reelección inmediata, López Aliaga intenta regresar a la municipalidad de una manera incorrecta, como segundo de a bordo. Esto ocurre a pesar de que, hace un tiempo, renunció a la alcaldía capitalina precisamente para postular a la presidencia y al Senado.
Consideramos objetable la práctica de no respetar la voluntad ciudadana. Esto se evidencia al no asumir un cargo de elección popular, recurrir a una reelección encubierta o postular a varios cargos a la vez. Dichas conductas, presentes en candidatos de diversos municipios distritales, buscan sacarle la vuelta a la ley y terminan por precarizar una institucionalidad ya de por sí mellada.
Finalmente, estimamos acertada la decisión de la presidenta electa, Keiko Fujimori, de ratificar a Julio Velarde al frente del Banco Central de Reserva, cargo que ejerce con gran éxito desde hace dos décadas. Esta medida representa una señal alentadora para neutralizar cualquier intento de desestabilización económica ad portas del nuevo gobierno.
En este escenario, queda esperar el anuncio del próximo presidente del Consejo de Ministros y de los integrantes del primer gabinete. Confiamos en que sea un equipo sensato, político y profesional que devuelva la estabilidad al país. Por último, resulta inaceptable que se pretenda presionar a la mandataria mediante listas ministeriales apócrifas, filtradas presumiblemente por los propios interesados o por terceros con intenciones poco claras